1. San Giovanni Partisano


Italia es un país de grandes sueños y de realidades crueles. Cuna y sostenimiento del fascismo en los años veinte, esta nación nunca ha dejado de mirar atrás, en sus años más oscuros

Pepe Pérez-Muelas Alcázar
@Josemariapma

Al sol de Roma 10 mayo, 2016


Por la Porta del Popolo entran los peregrinos cuando llegan a Roma. En otros tiempos, cuando la fe no era cambiada por un teléfono móvil, el mundo venía a pie, atravesaba los restos de la muralla Aureliana y se paraba frente a las iglesias gemelas de Borromini, bajo el obelisco. Leían entonces que estaban en la Piazza del Popolo. Sabían que ya estaban en Roma.

Nosotros llegamos a la ciudad por la Porta San Giovanni, salida obligatoria hacia el sur, donde los viajeros de un tiempo atrás se dejaban llevar hacia la tierra de los volcanes. Este final de trayecto es para nosotros un comienzo. En un año santo como este, el Papa Francisco no cesa en su empeño de invitar a la humanidad a llenar sus templos. Las puertas de las iglesias se abren de par en par, los órganos vuelven a sonar a siglos pasados. Largas y serpenteantes colas asolan el asfalto romano. La salvación es también paciencia. Pero nosotros, de momento, no queremos ser salvados aún, y nos conformamos con descubrir poco a poco los rincones inesperados de la urbe.

Monja ante la Puerta Santa de San Giovanni in Laterano

Monja ante la Puerta Santa de San Giovanni in Laterano

Italia es un país de grandes sueños y de realidades crueles. Cuna y sostenimiento del fascismo en los años veinte, esta nación nunca ha dejado de mirar atrás, en sus años más oscuros, y continuamente vive bajo el peligro de escuchar de nuevo viejas doctrinas que solo llevaron a la barbarie. Hasta hace apenas unos años, el alcalde de Roma, Gianni Alemanno, exministro de agricultura con Berlusconi, no titubea en afirmar que en su juventud le habían seducido las ideas fascistas. Este hombre ganó unas elecciones en esta bendita ciudad. Sin embargo, el contraste es lo que la hace inigualable. El Partido Comunista Italiano obtuvo en torno al treinta por ciento de los votos en elecciones legislativas desde los años cuarenta, tras la guerra, hasta finales de los setenta. Todo cabe en estas calles.

Crucero de San Giovanni in Laterano

Crucero de San Giovanni in Laterano

Entre política y polvo, San Giovanni in Laterano se deja ver al pasar las murallas. Catedral de Roma, y una de las cuatro basílicas mayores, es un claro ejemplo de que en Roma nunca se termina nada, y que solo el tiempo quita y añade formas a los edificios construidos. Pensada como iglesia paleocristiana, fue consagrada en el siglo IV, sobre la colina de Celio, una de las siete de la primitiva ciudad. La leyenda cuenta que Constantino, antes de la batalla de Ponte Milvio, soñó con una frase latina: “In hoc signo vinces” (Con este símbolo vencerás). El emperador romano, que ya coqueteaba con el cristianismo, pintó en los escudos de sus soldados una cruz. La batalla, huelga decir, se ganó, y Constantino donó los terrenos para hacer la basílica más grande de su tiempo. Así han pasado los años, una docena de arquitectos, más de cinco estilos artísticos diferentes y cerca de dieciséis siglos, para conformar una iglesia paleocristiana, con forma de basílica romana, con puertas laterales medievales y con fachada barroca.

Fachada de San Giovanni in Laterano

Fachada de San Giovanni in Laterano

El viajero puede confundirse con facilidad ante tanto sincretismo. Si se llega a Roma el primero de Mayo por San Giovanni, la confusión puede ser grotesca. Paco y yo nos miramos atónitos. Eran los primeros pasos que dábamos por la ciudad. Apenas unos metros para soltar las piernas y teníamos delante una multitud reunida en la plaza.

La fiesta del trabajador en Roma se celebra como si fuese Navidad, pero en un sentido laico. En esta ciudad de extremos, no existen las medianas formas: todo se hace por el servicio de la grandiosidad, y lo bello es terriblemente bello, y lo feo es asombrosamente feo. Los sindicatos de izquierdas organizan un concierto con marcadas connotaciones políticas. El primero de Mayo en San Giovanni, los romanos cantan La Internacional, beben cerveza y reclaman mayor igualdad salarial. En un tiempo fue así. Ahora la decadencia de los ideales hace que está celebración sea parada obligatoria para jóvenes de institutos que apenas logran llenar la plaza.

Abside de San Giovanni in Laterano

Abside de San Giovanni in Laterano

Nos metimos en medio de la vorágine. Los grupos se iban sucediendo. Cantaban tres canciones, daban un discurso político y sacaban a relucir una bandera para llenar de aplausos la plaza. Parejas se besaban al margen del ritmo, y unos paquistaníes vendían cervezas y camisetas del Che a bajo precio. Un hombre vestido de cardenal subió al escenario. La gente comenzó a reír y a silbar. Nos dimos cuenta que aquel falso cardenal llevaba zapatos de tacón, como una modelo de alta costura. La gente aplaudió apasionada, a la vez que las campanas de San Giovanni daban las diez de la noche.

Pocos minutos después la plaza se quedó vacía. Solo se escuchaban botellas rotas por el suelo. Solo se veía el espectro a oscuras de una de las basílicas más antigua del Cristianismo. A la altura del cielo, más o menos donde vivimos, a eso de la medianoche, llegamos a casa. El día había sido largo, y era solo el primero. Salimos a la terraza antes de dormir para respirar la noche romana. Buscamos la silueta de San Giovanni entre la niebla nocturna y los mosquitos. A esas horas, todos los edificios cambian de posición y se mueven con sigilo.

Foto principal: Cúpula lateral de San Giovanni in Laterano

 

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