10. El milagro más absurdo lleva el nombre de María


El tema de los milagros es peligroso y en muchas ocasiones, arbitrario. En Antioquia, provincia de Colombia, una virgen protege a los sicarios del peligro extremo de las balas perdidas y de la policía.

Redaccion
@elsoldelorca

Al sol de Roma 23 mayo, 2016


Que Roma es la ciudad de los milagros no nos descubre nada nuevo. Aquí, cada calle, cada esquina, en los balcones, en sus jardines verdes y colorados, en sus tumbas  donde bostezan los gatos y se derrite la cera de las velas, en todos los rincones donde llega la vista, donde se cuela el agua, donde apenas se respira, se descubre un milagro.

Muchos de ellos son historias grandiosas que han formado nuestra cultura, nuestra forma de vivir. Jesús es hoy el hombre más esculpido gracias a que se le apareció a San Pedro en plena via Appia, cuando este intentaba huir de las espadas y de los leones del Circo Massimo. Santa Helena encontró, en sueños, una cruz sola entre un bosque frondoso. Aquello le sirvió a Roma para sobrevivir bajo el nombre de un único Dios, más exigente que las relajadas divinidades del Olimpo. La cabeza de Santa Cecilia, mártir cristiana decapitada en el siglo II, separada de su cuerpo durante más de trece siglos, se encontró junto a este en 1599, justo para que Maderno pudiera esculpir su figura para la posteridad. En estas fechas que corren, muchos se afanan por buscar entre los escombros algún milagro que haga a Juan Pablo II, antiguo cardenal Woytila, santo eterno.

Escultura de la Virgen María

Escultura de la Virgen María

El tema de los milagros es peligroso y en muchas ocasiones, arbitrario. En Antioquia, provincia de Colombia, una virgen protege a los sicarios del peligro extremo de las balas perdidas y de la policía. La llaman, como no podía ser de otra manera, La virgen de los sicarios. No sabemos si los de parte opuesta de la pistola también cuenta con ayuda celestial para protegerse del plomo. Durante siglos Roma se ha dejado llevar por todo tipo de historias, elevando a los altares a pastores por el simple hecho de encontrar la luz del sol reflejando una medalla de la Virgen o por prevenir, justo a tiempo, una crecida del río. Otros ven un milagro el hecho de que Totti, con 40 años, siga marcando, domingo tras domingo, goles en el Olímpico.

Pero de entre todo el catálogo de milagros romanos, sin duda, uno nos llama la atención por encima de todos. No es porque estéticamente sea bello (y descubrirán que puede ser de los fenómenos más bellos que sucedan en esta ciudad), sino porque a diferencia de los demás, es un milagro tan estéril como inútil. La mañana del 5 de Agosto de 358, el papa Libero se despertó afligido por un sueño extraño. La Virgen venía hasta él y le pedía que construyese una iglesia en su honor. Tras salir a la calle, ya fuera de todo sueño, descubrió que estaba nevando en Roma. Allá donde la nieve cuajó, el papa vio clara la señal celestial. Construyó la iglesia más grande de la época, dedicada al culto de la virgen María. No sabemos si el milagro de nevar en Roma en pleno Agosto puede ser considerado más una maldición. Imaginemos la cantidad de desperfectos que pudo causar la nieve sobre los romanos, preparados todos contra el calor y el olor que exhalaría la ciudad cuando la nieve se convirtiera en fango y en pescado podrido.

Fachada y campanario de Santa Maria la Maggiore

Fachada y campanario de Santa Maria la Maggiore

La construcción de la basílica respondía más bien a una necesidad política. La Iglesia Romana apenas había instaurado la divinidad de la Virgen. María pasaba de ser un personaje secundario al centro de la cristiandad. Lo habían decidido en el Concilio de Éfeso, y Santa María la Mayor sería su primera gran basílica en el mundo conocido, y el lugar señalado sería en lo alto del monte Esquilino, una de las colinas romanas.

Hoy en día, es una de las basílicas mayores de Roma. Situada a medio camino entre Termini y el Coliseo, la parte de atrás es la entrada sentimental hacia Rione Monti. Su fachada principal mira hacia una de las partes más multiculturales de la ciudad, hasta acabar en San Giovanni in Laterano. El templo en sí es una joya del arte paleocristiano, aunque las huellas del Barroco la han revestido de tal forma que solamente en el interior uno es capaz de percibir que la iglesia tiene más siglos de los que aparenta.

En el interior uno entiende que está ante uno de los mayores templos de la cristiandad. Es una iglesia a la que no le falta nada, ni le sobra ningún detalle. Todo está en la perfecta medida del arte romano: exagerado, extravagante, con tintes lúgubres, y sobre todo, con una luz que por momentos ciega al peregrino.

Santa Maria la Maggiore desde via Merulana

Santa Maria la Maggiore desde via Merulana

Pero el afán de la Virgen por hacer milagroso a cada palmo de esta iglesia no cesó con la nevada de Agosto. En un momento indeterminado del tiempo, ya bien entrada la madrugada, una peregrina ciega se había perdido en las inmediaciones del templo. Supongamos que una mujer extranjera en tiempos pasados, a esas horas de la noche por una ciudad santa de día, diablo de noche, no tenía muchas posibilidades de salir bien parada. Girando calles, desorientada, dejándose llevar más por el miedo que por su instinto, escuchó de repente en un requiebro las campanas de Santa Maria la Maggiore. Encontró entonces con facilidad el camino. Se resguardó en el templo y pasó la noche a salvo. A aquella campana se le llama desde entonces la Sperduta, y sonó justo a las dos de la mañana, momentos antes de que los demonios hicieran presencia en las calles romanas.

Durante siglos, Roma y sus cardenales han seguido la tradición de hacer sonar la Sperduta poco pasado las dos de la mañana. En los últimos tiempos, ante la queja de los vecinos, se ha trasladado el sonido milagroso a las nueve de la noche, hora más propicia para los milagros que para los sustos.

Tumba de Gian Lorenzo Bernini

Tumba de Gian Lorenzo Bernini

Piedra sobre piedra, Santa Maria la Maggiore es pura identidad de Roma. Perderse en sus capillas es vislumbrar la historia de una ciudad que se ha construido en torno a sus cruces y sus milagros. Nosotros, más profanos que santos, justo antes de salir de sus puertas, hemos visto que en un rincón apartado, en una losa casi escondida, se encontraba un nombre grabado en el mármol. Gian Lorenzo Bernini. El milagro tal vez sea que este hombre que ha hecho tanto por Roma, no esté enterrado a la altura del altar mayor. Mejor para nosotros que disfrutamos de su tumba en soledad, mientras el ruido de afuera no nos llega, como si fuéramos peregrinos perdidos en mitad de la noche.  

Foto principal: Nave central, paleocristiana, de Santa Maria la Maggiore

Una respuesta a “10. El milagro más absurdo lleva el nombre de María”

  1. Mag dice:

    Muy bueno!!! Estilo impecable y muy bien documentado histórica y artísticamente. Enhorabuena!!!

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