22. Piedras silenciosas. El Mercado de Trajano


El Mercado de Trajano es un lugar que pasa desapercibido diariamente. En esta ciudad cualquier esquina basta como excusa para justificar un viaje y una mirada atenta

Pepe Pérez-Muelas Alcázar
@Josemariapma

Al sol de Roma 8 junio, 2016


Aquí antes se vendía pescado, aún fresco de las riberas del Tíber. Aquí antes, la fruta, fragancia de las fronteras del imperio,  se esparcía sobre carretas de madera. Aquí, en el otro extremo, el ganado llegaba exhausto al matadero. Los esclavos portaban en literas a las matronas romanas, que desde lo alto, elegían las piezas de cerámica para decorar sus palacios. Aquí se movía la vida, desde primera hora de la mañana hasta cuando el sol se cubría, y los restos de suciedad y los alimentos podridos se tiraban al otro lado del muro, hacia la Subura.
Aquí antes todo era bullicio, olores, pasos que iban y venían, mendigos a la carrera y desfilados elegantes de los caballos anunciando la llegada de un senador. Ahora es un remanso de paz. Un lugar donde descansan las piedras a la sombra, y donde se ven, solo a lo lejos, los restos de una humanidad que fue grande y que aún respira bajo la tierra.

Arco de Trajano y el Mausoleo a Vittorio Emanuele II

Arco de Trajano y el Mausoleo a Vittorio Emanuele II

Uno no entiende exactamente cuál es el significado exacto de las palabra ruinas. Probablemente, para la mayoría de los turistas, no sean más que un espacio anárquico en el que un día el hombre se creyó inmortal. Después vienen unas fotos. Un par de filtros y los comentarios inertes de los admiradores. El resto es silencio. Sin embargo, el viajero se introduce de lleno en los caminos (antes eran calzadas), se detiene en las piedras e intenta descifrar las inscripciones. Se sienta (busca la sombra) y contempla en silencio un mundo que renace ante sus pies. Escucha las conversaciones de los milenios caídos. Intenta reconstruir la vida a través de la tranquilidad y la serenidad que dan esas piedras anónimas.

El Mercado de Trajano es un lugar que pasa desapercibido diariamente. En esta ciudad cualquier esquina basta como excusa para justificar un viaje y una mirada atenta, pero a un lado de los Foros Imperiales, con la vista imponente del Coliseo al fondo, y con el Altar de la Patria escalando en un extremo (máquina de escribir entre papiros imperiales), queda casi en el abandono la curiosidad que pueda sentir el viajero sobre este edificio de aspecto terroso.

Los Foros Imperiales

Los Foros Imperiales

En realidad, el museo que recupera este espacio está construido con la gracia y la estética de no romper ni por un instante la solidez de los siglos. Se accede a través de una calle menor, una encrucijada de vías que prometen edificios más vistosos e iglesias barrocas. Cuando el viajero se decide a entrar, encuentra las salas vacías y frescas, con restos de esculturas y bustos de los diferentes emperadores que hicieron morada en dicho mercado. Uno va de sala en sala conociendo la estancia de Julio César, los desvelos de Octavio Augusto, la pasividad de Nerva, hasta encontrar la fruta casi equinoccial que traían los funcionarios de Trajano en lo que sería el mercado más grande de Roma.

Ahora, estudiantes pasean tranquilamente sin apenas visitantes. De los que aún se atreven a entrar, son pocos los que saben que están caminando por la vía Biberática, antigua calle romana que presidía los mercados y famosa por sus tabernas (las mejores de una ciudad que hace dos mil años ya contaba con más de un millón de ciudadanos). Nosotros observamos sus trazas, cómo la vía se va introduciendo entre los arcos, curvando el edificio poco a poco, como si fuese una serpiente dormida.

Columna Trajana

Columna Trajana

En un extremo del complejo de los mercados de Trajano, la Torre delle Milizie domina toda la ciudad desde lo alto. Construcción medieval, la leyenda insiste en vestir a Nerón con una toga morada recitando los versos de la Eneida mientras la ciudad se consumía por las llamas. Hoy en día la torre parece el fósil de un pasado perdido y que se resiste a morir. Vista desde cualquier punto de la urbe, siempre queda al margen de cualquier perspectiva artística, y el viajero apenas la percibe. La nombra, la hace suya, solo cuando la tiene encima y no puede escapar de ella.

La Historia es paradójica, y a veces impredecible. Trajano dejó el mundo soleado y tranquilo de las provincias hispanas por la muchedumbre y el mundo de los palacios en Roma. Hoy, si existe un mundo dentro de la ciudad donde poder apartarse y disfrutar del silencio, es gracias al emperador cuyo nombre portaban las calles más transitadas de la ciudad.  Ahora la gente apenas susurra por miedo a romper la bella monotonía de las piedras silenciosas.

Foto principal: Mercado central de Trajano

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