7. Aldo Moro entre dos mañanas de 1978


Italia vivía los años de plomo, desde finales de los sesenta hasta inicios de los ochenta. Se sucedían los atentados a diestro y siniestro. Los italianos se levantaban cada día con la voz solemne del locutor de radio anunciando una nueva explosión.

Pepe Pérez-Muelas Alcázar
@Josemariapma

Al sol de Roma 18 mayo, 2016


Dos mañana separadas por casi dos meses en el tiempo conmocionaron Roma, pasmaron Italia. El 16 de Marzo de 1978 debía ser una jornada histórica para la política italiana. Tras meses y meses de penosas conversaciones y trabajados acuerdos, el Partido Comunista Italiano (PCI) y la Democracia Cristiana (DC) habían llegado a un consenso de estado para salvar Italia de la crisis económica, afrontar el terrorismo unido y progresar hacia un estado moderno, de la mano con la Unión Europea. Debía presentarse el nuevo gobierno de Giulio Andreotti (DC), con la ayuda del PCI. A aquello se le llamó Compromiso Histórico (Compromesso storico), y dio su último aliento esa mañana en Via Fani, en el Monte Mario.

Italia vivía los años de plomo, desde finales de los sesenta hasta inicios de los ochenta. Se sucedían los atentados a diestro y siniestro. Los italianos se levantaban cada día con la voz solemne del locutor de radio anunciando una nueva explosión. Las Brigadas Rojas (Brigatte Rosse), grupo de extrema izquierda, pasó de portar pancartas en las calles de Turín y Milán en aquel Mayo del 68, a guardar en el bolsillo una Nagan de fabricación checoslovaca. En el otro lado de la colina, grupos de extrema derecha, como Nuclei Armati Rivoluzionari, hacían saltar por los aires estaciones de trenes, como sucedió en Bolonia en 1980, dejando 85 muertos.

El cuerpo de Aldo Moro en via Caetani

El cuerpo de Aldo Moro en via Caetani

En la primera mañana del 16 de Marzo de 1978, a las nueve de la mañana, un Fiat 128 bloquea el tráfico, a la altura de Via Fani. Del coche se bajan varias personas encapuchadas, y empiezan a disparar sobre el coche en el que iba Aldo Moro y su escolta. En las fotos que debían salir en todos los periódicos del mundo del día siguiente se podían ver cinco cuerpos tirados sobre el asfalto, unos con sábanas blancas, teñidas de sangre, y otros aún por identificar. Todos los escoltas del político italiano habían muerto en el ataque. Uno de ellos apenas tenía 25 años. De Aldo Moro no se sabía nada. Había desaparecido.

Pocas horas después, las Brigadas Rojas asumen la paternidad del atentado, y amenazan con llevar a cabo un “juicio proletario” y el posterior ajusticiamiento del político si no se liberan presos brigadistas. La posición del Estado es firme. Con terroristas no se negocia. En este punto empiezan a ser publicadas las cartas que Aldo Moro escribe a su familia, a compañeros políticos, a periódicos, incluso al Papa; unas cartas de las que muchos dudan, al ser escritas bajo la gravedad de la situación.

Secuestro y asesinato de los cinco escoltas de Aldo Moro. Via Fani

Secuestro y asesinato de los cinco escoltas de Aldo Moro. Via Fani

Durante los 55 días que duró el secuestro, no quedó espacio en Roma sin registrar. Se levantó la tierra, se abrieron todas las estancias, incluso un grupo de políticos participó en una sesión espiritual para hallar el enclave donde Aldo Moro se estaba convirtiendo en un mártir de la democracia. Los espíritus dieron nombres confusos, que con el paso del tiempo resultaron claves para localizar pisos-franco. La política italiana siempre ha estado a un paso de lo paranormal y a la vez de lo cómico.

Aún hoy sigue siendo un misterio el lugar donde se produjo el cautiverio del político. No se ha logrado descifrar exactamente el apartamento donde los terroristas ocultaron el símbolo de un estado que temblaba ante el terror organizado. La foto de Aldo Moro, con el rostro acusado por el sueño y el miedo, con los ojos huyendo tímidamente del objetivo fotográfico, sobre la bandera de las Brigadas Rojas, es el retrato de una década de violencia sin sentido y de políticas ambiguas.

Visión de via Caetano

Visión de via Caetano

La otra mañana que conmocionó Roma, pasmó Italia, fue la del 9 de Mayo de 1978. A pocos metros de la entrada del Ghetto, en la via Michelangelo Caetani, un Renault 4 de color rojo se encontraba aparcado en doble fila. Una llamada a las 12:00 alertó a la policía. Al abrir el maletero del coche, encontraron el cadáver de Aldo Moro. Parecía dormir, tras dos meses de secuestro. Llevaba once balas adosadas a sus pulmones.

El poder simbólico de aquel cadáver todavía abruma las calles de Roma. Via Michelangelo Caetani no fue una elección azarosa. A pocos metros de allí, frente a la iglesia del Gesú, se encontraba la sede de la Democracia Cristiana. Aún más cerca, en la via delle Boteghe Oscure, la antigua sede el Partido Comunista Italiano se preparaba para afrontar los momentos más difíciles de su trayectoria política. Entre las dos sedes, el cadáver de Aldo Moro. El Compromesso Storico había fracasado aquella mañana en el maletero de una Renault de color rojo.

Via Caetani

Via Caetani

Tras esos días, Aldo Moro viene considerado un mártir de la democracia italiana. Su nombre aparecerá en plazas, calles, institutos y su retrato colgará de las instituciones. Fue también el principio del fin de las Brigadas Rojas, grupo formado por más dementes que ilusos, y que caerían uno a uno, hasta disolverse. Matar a Moro podía justificarse, en su lucha, como un acto de guerra. Asesinar a cinco policías, trabajadores también, no podía caber en ningún manifiesto ideológico.

Memoria y recuerdo de Aldo Moro, en via Caetani

Memoria y recuerdo de Aldo Moro, en via Caetani

A Moro le sobrevivieron también muchas preguntas y muchas sospechas. El papel de Giulio Andreotti, primer ministro en la época, no deja muy claro el grado de conocimiento que tenía días antes del secuestro. Con Moro muerto, el Partido Comunista Italiano se alejaba del poder. E.E.U.U. respiraba, al saber que enemigos a su causa no tendrían peso político en uno de los países más activos de Europa. La Unión Soviética también se veía favorecida. Un gobierno con Democracia Cristiana alejaba la tutela e influencia sobre su filial italiana. Hay también indicios de que los servicios secretos italianos participaron, de una manera o de otra, en el secuestro. Como todo en esta ciudad, las verdades se conocen a medias, y queda al final un hilo poético y trágico de aquellos días que conmocionaron Italia. Aquellas dos mañanas de las que Roma no ha sabido despertarse aún.

Foto Principal: Aldo Moro, primera foto tomada por sus secuestradores

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