9. Zineb. Mujer, musulmana y emprendedora


Tiene una sonrisa permanente en la cara, le gusta teñirse el pelo aunque use hiyab, este verano se fue a la playa y a la piscina en burkini, y es un ejemplo de emprendedora que acaba de abrir su propio negocio.

Rocio Periago
@rocioperiago

Una ciudad 25 diciembre, 2016


Zineb

Tiene una sonrisa permanente en la cara, le gusta teñirse el pelo aunque use hiyab, este verano se fue a la playa y a la piscina en burkini, y es un ejemplo de emprendedora que acaba de abrir su propio negocio. Aunque sigue siendo minoritario, representa un perfil de mujer que viene a romper los prejuicios existentes respecto a la mujer marroquí y musulmana.

Zineb nació en Casablanca (Marruecos), y vino a España “para estudiar, después de haber hecho mi bachiller”, como cuenta ella. Repite del tirón la fecha de su llegada a España, el 25 de agosto de 2006. Unos meses en Almería y enseguida vino a Lorca a vivir con su madre, a la vez que intentaba estudiar. Primero informática y posteriormente un curso para aprender a reparar teléfonos móviles. Trabajaba de lo que hubiera, pero sobre todo en un locutorio “no me gusta el campo, es muy duro”, reconoce.

Zineb en el mostrador de su tienda.

Hace unas semanas abrió su propio negocio Multiservicios Zineb, una tienda en el Barrio de San Cristóbal donde, como ella misma cuenta se pueden encontrar diferentes servicios: “arreglo teléfonos, ordenadores, se envía dinero, se habla por teléfono…un poco de todo”.

Vive con su madre, que se tira temporadas en Marruecos y temporadas en España. Antes trabajaba en el campo, pero desde hace 5 años Zineb no la deja trabajar, dice que el campo es una vida muy dura para ella. Cuando puede la acompaña a Marruecos en las celebraciones importantes del calendario musulmán: La Fiesta del Cordero, el final del Ramadán,…
En el año 2008 tuvo un accidente que le dejó de baja dos años en casa, tiempo que aprovechó para estudiar. Le gustan los números, la tecnología, la informática… por ello, en cuanto el médico le dio el alta para poder trabajar, decidió que montaría su propio negocio.

En la actualidad se fomenta mucho el emprendimiento como alternativa económica, aunque al igual que muchos pequeños empresarios no ha recibido ninguna ayuda o apoyo económico. A pesar de ello, afirma tajante “yo no quiero trabajar para alguien, no quiero jefes”.
Le gusta la vida en Lorca, pero reconoce que es muy diferente a vivir en Casablanca, una ciudad de más de 3 millones de habitantes, y que echa de menos la sensación de libertad que ofrecen las grandes ciudades. “Para mí esto es como vivir en el campo. Me encanta la zona de la Virgen de las Huertas, antes vivía ahí.” Fue allí donde le pillaron los terremotos del 11 de mayo de 2011, justo un día después de su cumpleaños. Estaba preparando té, y cuando empezó a temblar la casa, se cayó parte del edificio.
“Estaba sola en casa, ¡qué miedo! –dice recordando los seísmos– Vi a mis vecinos bajando por una pared…tengo una vecina española, una señora mayor que va en silla de ruedas. Los hijos viven fuera, y a veces va una enfermera a ayudarla. Con el terremoto fuimos corriendo a su casa para poder sacarla”. Aunque ahora no vive ahí, pasa con frecuencia por la zona para saludar a los vecinos, con los que guarda buena relación.

Zineb ejerciendo de tía con los hijos de una amiga.

“Después de 10 años tendría que hablarlo casi perfecto. Tengo que hablar con la gente, no tengo vergüenza,” reconoce. Escuchando como entona el mea culpa por no hablar mejor castellano, más que vergüenza da la sensación de pereza, que a veces se produce por falta de espacios para relacionarse con españoles.

Cuenta orgullosa que tiene diferentes amigos en la ciudad, que son como parte de su familia. Sobre todo una amiga –como una hermana, insiste– con dos niños pequeños, Yasmin y Josef, que siente como sus sobrinos. Generosa, siempre tiene una mano disponible para ayudar a quien se lo pide, aunque reconoce que sus amigos la llaman tonta por estar siempre preocupándose por la gente.

En un acto de apoyo al pueblo sirio realizado en Lorca.

Inquieta y con una mentalidad abierta, tiene claro que no necesita una figura masculina a su lado para realizarse. “Hay una cosa que digo mucho. Yo no necesito un hombre para ayudarme, si viene, pues bien, pero si no, no me hace falta”, afirma rotunda. A sus 32 años, tiene una visión crítica del matrimonio, sobre todo al ver a amigas mucho más jóvenes que ellas casadas y ya con varios niños. No quiere a cualquiera en su vida; cuenta entre risas que un amigo le dice que esa persona “ha perdido la dirección o viene con una tortuga”, pero que ella no tiene prisa. “Quiero alguien que haga mi vida feliz, no para molestarme”.

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