A alguien le faltaba un café bien apretao. Impertinencia XXVIII

A alguien le faltaba un café bien apretao. Impertinencia XXVIII

Esto que cuento me recordó a lo de aquella mañana de domingo en la que decidí no ser enemigo de nadie en esto de la política, y eso sí, rival de todos aquellos que no fueran de los míos. ¡Ah! Y a aceptar invitaciones de cerveza de quien fuese.

Fue en una mañana de domingo de hace algo menos de dos años, de esas de invierno lorquino inexistente, de las que sales a lorquinear abrigado y a la media hora te sobran hasta los pololos. Aconteció que decidí anclar en la ventana de Niki en la Plaza de España a cervecear en formato “pónmela como si fuera de boda que ayer no salí”. Acompañado de la sonrisa sospechosa de Niki, de la luz y buen rollo de Nuria (la mejor camarera de Lorca) pero sobre todo de Cristina, un alma libre que ha decidido hacérmelo más llevadero. Y ahí, mirando hacia los andamios de San Patricio y escuchando a Cristina hablar sobre las inscripciones que ya se adivinaban en el lateral de la fachada de la colegial surgió de la mesa de enfrente una especie de visión onírica que se dirigía hacia la ventana que ocupábamos y que habíamos hecho nuestra. Sí, era una concejala del equipo de gobierno de Lorca acompañada de un joven concejal también del equipo de gobierno y que iban a pagar sus consumiciones.

La señora pidió su cuenta y añadió que también le cobraran lo mío y acto seguido: -Para que veas, Martín, que aunque seamos enemigos, yo te puedo invitar. Me dio un ataque de frío, pero debía responder a esta afrenta con algún desdén que estuviera a la altura, así que con retranca ferrolana le dije que aceptaba de buen grado la invitación (¡qué demonios, eso siempre se acepta!) pero que yo no me consideraba enemigo de ella ni de nadie, a lo mejor y como mucho y por formar parte de un partido político diferente al suyo, me podría considerar un rival o adversario, pero que eso de enemigo nada de nada. Ella, que ya se iba sin responder se dio la vuelta a cierta distancia y con una sonrisa pícara me espetó a lo lejos que yo ya sabía a lo que me refería. Me di la vuelta sobre mi taburete y seguí con mi cerveza que me había salido por la patilla pero sobre todo con una lección aprendida. Seguro estoy que si esto lo lee dicha concejala se va a reír recordando lo de aquella mañana de domingo. Además, es muy posible que lo lea porque tengo entendido que estos textos suelen ser de interés en el departamento de prensa del ayto. (un saludo, Pablo). También estoy seguro de que no me equivoqué al decir lo que dije ya que si en esto de la política no somos capaces de distinguir entre rivales y enemigos lo más probable es que nos acabemos haciendo sangre los unos contra los otros en lugar de centrarnos en lo verdaderamente importante: ser útiles a la gente ya sea gobernando o haciendo oposición.

Ayer, día del patrón, murió Rita Barberá. Esta señora fue prácticamente lo opuesto tanto en ideología como en su praxis a todo aquello en lo que pienso y creo que debe ser un buen político. Los políticos que tratan de caer bien a todo el mundo y que dicen a todo que sí y que son capaces de hacer un puente en un pueblo sin río a condición de traer el río si ganan las elecciones no son sinceros, y de eso en este país ya vamos sobrados. No obstante ayer la coalición de partidos Unidos Podemos se equivocó al no asistir al minuto de silencio por la muerte de esta señora. Y no es que se equivocara por el hecho en sí, que al fin y al cabo se trataba de una muestra de respeto ante el hecho de una muerte, si no por las consecuencias de después.

No midieron bien las consecuencias. Es sabido que esta señora había sido arrancada de su partido cual mala hierba en un bancal. La señora con el carnet del PP nº3 y fundadora había sido arrojada por un retrete de Génova 13 por un asunto de blanqueo de capitales y financiación ilegal y relegada a la bancada del grupo Mixto en el Senado, vamos, que políticamente ya pintaba menos que un servidor en un festival de folclore, y claro, eso dejaba en una posición incómoda al resto de sus ex compañeros de partido ante los micrófonos en un día como el de ayer. Y ahí está el fallo de Unidos Podemos, que deciden ausentarse en el minuto de silencio y ya el foco informativo cambia radicalmente y tal ojo de Saurom enfoca con toda la rabia a la melena de Pablo Iglesias o a los hoyuelos de mi jefe Alberto Garzón. Y el resultado, pues claro y previsible. Hoy todos los periódicos se hacen eco. Hubiera sido mucho más práctico y respetuoso quedarse ahí, como la gente de Compromís o ERC pero…mala decisión. Tal vez era muy temprano, la noticia de la muerte de Rita Barberá era de calado y a alguien le faltaba un café bien apretao para estar más lúcido. Fijaos si es así que por la tarde en la sesión del Senado, el grupo de Unidos Podemos sí asistió al minuto de silencio.

Esto que cuento me recordó a lo de aquella mañana de domingo en la que decidí no ser enemigo de nadie en esto de la política, y eso sí, rival de todos aquellos que no fueran de los míos. ¡Ah! Y a aceptar invitaciones de cerveza de quien fuese. Total, no son bolsos de Vuiton o trajes hechos a medida. Una birra te la bebes y no dejas pruebas a no ser que cojas el coche, y yo soy de los de ir andando, poco a poco, a todas partes.

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