Café 44: Un café nocturno


Comenzó siendo una charla de paso, casi por pasar el tiempo, y acabó siendo algo más que palabras. Cada uno aprendimos cosas nuevas, dejándonos oír, dejándonos hablar...

Redaccion
@elsoldelorca

Café Digital 21 septiembre, 2017


A menudo la gente suele confiar más en aquellas personas que, por un motivo u otro, conocen desde hace tiempo. Pero yo siempre he pensado que quizás, las mejores conversaciones y los secretos mejor guardados, siempre salen a la luz con esas personas que, o bien hemos conocido hoy, o bien llevan poco tiempo con nosotros.

Y es que nadie podrá jamás negarme dicha afirmación. No porque yo sea un sabio, ni nada por el estilo. Sino porque lo he vivido en mis carnes, y creo que esa experiencia jamás podrá ser cambiada. Siempre hemos de intentar recordar aquellos que nos ha hecho ser lo que somos y, la experiencia en su justa medida, es un buen aliciente para ello.

Era una noche normal, diría que incluso hacía algo de frío a pesar del verano. Nos disponíamos a recogernos cada uno en un sitio cuando de pronto, casi sin pensarlo del todo, comenzamos a charlar de lo que creemos que hacemos aquí. De nuestra vida, de nuestros secretos, de aquello que sentimos.

Comenzó siendo una charla de paso, casi por pasar el tiempo, y acabó siendo algo más que palabras. Cada uno aprendimos cosas nuevas, dejándonos oír, dejándonos hablar… y es que sabemos hablar, pero pocos saben escuchar. Aprendimos que quizá nuestros antepasados tengan mucho que ver con nuestro ser de hoy en día, desnudamos nuestros miedos, nuestros temores, incluso nuestras más férreas y oscuras opiniones que rara vez sacamos de nuestro interior. Y lo mejor de todo es que nos entendíamos.

Comenzamos a media noche, y no fue hasta las tres cuando decidimos dar por zanjado nuestra batalla. Hubiera sido interesante grabarlo, para poder examinarlo más tarde, pero creo que, si algo o alguien hubiera participado, ya no sería lo mismo. Cuando las personas tienen una cámara delante, o algo escrito que decir a voz alta, el mensaje ya no es el mismo. Y creo que es una de las mayores reflexiones que podemos tener todos nosotros. El mensaje que sale de nosotros, el que dicta, no nuestra mente con antelación, sino nuestro corazón en el presente, tiene una fuerza insuperable.

Después decidimos volver cada uno a lo suyo. Sin duda alguna, prometimos hacerlo, y yo me fui a la cama con una gran pasión sobre lo hablado. Tanto que hoy lo comparto contigo, tanto que aprendí a escuchar, porque aprender se aprende haciendo, pero también viendo y escuchando. No deberíamos olvidarlo, sobre todo lo último…

¡Buena semana!

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