Café 48: Un café de pensamientos


Es gratificante pensar que, por suerte, somos una especie capaz de entender el tiempo, o al menos, convivir con él de forma racional. Hay otros animales, o incluso vegetales, que no saben nada del tiempo.

Juan Bermudez
@juanbermudez_

Café Digital 18 octubre, 2017


Bienaventurados los que cada noche sueñan en la cama. ¿Cómo te va? Llevamos ya cuarenta y ocho cafés, cuarenta y ocho días juntándonos una vez a la semana y la verdad es que es una gran oportunidad para aprender. El otro día, la mente comenzó a evadirse del mundo real que conocemos y me di cuenta de lo poco que valoramos el tiempo.

Si tienes la oportunidad y tienes un reloj de pulsera o cualquier otro que no sea el móvil, arrímatelo a la oreja suavemente. Mantén en silencio tu entorno, no hables y solo escucha. Tic, tac, tic, tac. Es increíble, ¿verdad? Para mí sí lo es, y más aún cuando piensas que ese tiempo se está esfumando, tic, tac, se acabó. La verdad es que tampoco es un agobio pensar que el tiempo va más rápido que nosotros. O, al menos, para mí, no lo es. Quiero decir, lamentablemente perdemos mucho más tiempo del que deberíamos, escuchando a gente que no nos aporta nada, haciendo cosas que simplemente no queremos hacer, o incluso yendo a la universidad.

Pero es gratificante pensar que, por suerte, somos una especie capaz de entender el tiempo, o al menos, convivir con él de forma racional. Hay otros animales, o incluso vegetales, que no saben nada del tiempo. Simplemente están ahí y hacen su vida lo mejor que pueden. Pero nosotros tenemos esa habilidad de, aunque a veces perdamos el tiempo, otras muchas también lo aprovechamos.

Pero todo depende del punto de mira, de la perspectiva. Hay gente negativa que solo piensa que el tiempo lo está malgastando tontamente, y quizá tenga razón, pero a mí me gusta pensar más de la otra forma, es un tiempo en el que puedo aprender. Incluso aprender a decidir que aquello con lo que pierdo tiempo tengo que echarle menos horas.

Uno aprende a valorar mejor esas cosas cuando se da cuenta de quién es y cuál es su objetivo en la vida que le ha tocado vivir. Pero por desgracia hay gente que nunca llega a saberlo, y otros que lo saben, pero lo malinterpretan. El mal es un pensamiento arraigado en nuestra mente, que es muy difícil destripar.

Pero si de vez en cuando nos paramos un minuto, solo un minuto, cogiéramos aire y escucháramos el sonido del tiempo, quizá tomáramos mejores decisiones. Nos queda tanto por aprender… tanto por hacer… tanto por oír… tic, tac, tic, tac… Buena semana y sonreír, que mañana quizá sea nuestro último día en este planeta llamado mundo.

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