Café 63: Un café de relato y realidad


Los reyes vivían en grandes castillos, con grandes fortunas y gente alrededor que lo hacían todo mientras ellos se limitaban simplemente a dormir, comer y acostarse con quien les diera la gana.

Juan Bermudez
@juanbermudez_

Café Digital 18 abril, 2018


Hace siglos la gente no tenía si quiera conocimiento de qué había en el mundo. No era como ahora, donde todo el mundo está interconectado y sabe qué hay y quién hay en cada momento en cada parte del mundo.

Un pequeño joven iba cada mañana en busca de comida para alimentarse. Vivía lejos, en el bosque, en una pequeña cabaña hecha con paja y madera. Cuando llovía, el agua no conseguía entrar gracias a un sistema que había ingeniado.

Los reyes vivían en grandes castillos, con grandes fortunas y gente alrededor que lo hacían todo mientras ellos se limitaban simplemente a dormir, comer y acostarse con quien les diera la gana. Pero aquel joven sabía que tarde o temprano todo cambiaría y que algún día, aunque siguiera habiendo reyes, no vivirían como en su momento.

Que la gente que luchaba día a día, en algún momento de su historia, obtendrían su recompensa y serían más felices.
Pero ahora, mientras portaba un arco en su mano derecha, no conseguía entender como un trozo de madera algo flexible y una cuerda bien tensada, disparaba y conseguía aniquilar a otra especie animal, aunque su piel fuera robusta y dura. Pero no se lo pensó dos veces. Disparó la fecha y entró de lleno en el cuello de uno de los animales que más abundaban por entonces. Se había convertido en un experto cazador y comida no le faltaba.

Vivía solo, alejado de la gente. Aunque aún no sabía leer, era un dotado intelecto a la hora de hablar. Había compartido un montón de experiencias con gente de todo tipo. Por supuesto, no había conseguido viajar por ningún lado, nunca había salido de su zona de confort. No porque no quisiera, sino porque no podía. No tenía nada de dinero, y solo comía lo que podía cazar.

La guardia real había ido en varias ocasiones a por él, pero siempre con el mismo resultado. Se escondía entre los árboles, entre las montañas, y nadie era capaz de encontrarlo si él no quería. Se encontraba bien a pesar de vivir solo, y cuando compartía experiencias con otras personas, a menudo las añoraba. Siempre buscaba a alguien para contar sus alocadas aventuras.

Cargó a sus hombros el animal muerto y salió sigilosamente hacia su casa. Entró y dejó el cadáver en el suelo. Caminó hacia un cuchillo muy afilado que había dejado horas antes sobre su mesa, pero para su sorpresa, ya no estaba. Se giró, y vio el cuchillo. Empuñado en una mano. De una mujer que no dejaba de mirarlo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 

meme-lelpicoesquina

meme-aquiencorresponda

meme-hablandobajito2

meme-todoquedaencasa

meme-laimpertinenciaconstatnte

meme-tecnolorca

meme-hayqueseguir

meme-lapalabraembrujoazahar

meme-unaciudadmuchasrealidades

meme-pokerdebastos

meme-porelarticulo33

meme-lapielquequieres

meme-reflexionescontigo

meme-cafe-digital-con-juan-bermudez

 

Phelan