CAMBIAR: una elección o una obligación

Trinidad Herrero

Por mucho que decidamos no movernos del lugar conocido o no cambiar la forma de actuar acostumbrada, lo que llamamos “nuestra zona de confort”, mucho me temo que nos guste o no, es inevitable, porque la vida cambia, los acontecimientos nos toman por sorpresa y nos obligan a enfrentar nuevos retos.


Todo queda en Casa 30 enero, 2017


Hay personas que dicen que a cierta edad no se puede cambiar, que cada uno es como es. Al preguntarme si esto de cambiar es una elección o una obligación, podría decir con total seguridad que es una elección, pero no me atrevería a aseverar que sea una obligación, aunque me parece inteligente optar por lo primero.
Por mucho que decidamos no movernos del lugar conocido o no cambiar la forma de actuar acostumbrada, lo que llamamos “nuestra zona de confort”, mucho me temo que nos guste o no, es inevitable, porque la vida cambia, los acontecimientos nos toman por sorpresa y nos obligan a enfrentar nuevos retos. La existencia tiene la habilidad de desafiarnos constantemente provocando en nosotros momentos de desequilibrio ante lo desconocido.
Cuando estamos en una disposición personal de cambio, si la vida nos sorprende con giros radicales, tenemos la ocasión de comprobar nuestro nivel de adaptación y ver tales circunstancias como una posibilidad de transformación, como la oportunidad de renovarnos o de sacar de nuestro interior habilidades mágicas que desconocíamos tener, como el mago que saca un conejo de la chistera ante nuestro asombro.
Por el contrario, si nos resistimos, cuando los cambios lleguen nos quebraremos sin saber dónde poner los pies porque el suelo se abrirá ante nosotros sin piedad y, no importa si lo deseamos o no, la vida no pregunta, solo actúa haciendo añicos nuestra férrea resistencia. Cuando más obstinada es nuestra actitud en aferrarnos a lo conocido, más despiadada puede parecernos. Y no es despiadada, solo es vida. Cambiante, incierta y a veces efímera.
Está demostrado científicamente que hacer cosas diferentes, resolver dificultades cotidianas buscando nuevos caminos de solución, leer y aprender diariamente, atrevernos a encarar nuevos desafíos, tener sueños que nos impulsen a actuar en direcciones impensables hasta el momento, nos hace más inteligentes. Y cuando esto sucede, entre otras cosas, empezamos a rodearnos de personas que nos aportan y a las que aportamos algo positivo, eludiendo a aquéllos que están enfocados en lo negativo. Síntoma, éste, de inteligencia y soberanía personal.
Estos son tiempos de grandes cambios, la crisis es tanto de valores como económica y parece no tener fin, ya no tenemos la esperanza de que las cosas vuelvan a ser lo que eran porque sabemos que no ocurrirá. Y si reflexionamos sobre ello, sin miedo, quizás lleguemos a la conclusión de que además de no ser posible tampoco es deseable. La existencia nos está exigiendo cambiar, pero esto es una elección individual porque sólo se puede sumar a lo colectivo desde un cambio radical y completo de lo propio, no de lo ajeno. No esperes que cambie tu entorno, cambia tú y tu entorno será diferente.
Esta es tu oportunidad de convertirte en el alquimista de tu propia vida. Ábrete a experimentar la vida desde otros ángulos diferentes, la razón por sí sola ya no sirve, ahora, el ritmo lo marca el corazón. Permite que tu pensamiento se adapte a los nuevos cambios sin resistencia, encontrando tu propio equilibrio. Conviértete en un ser maleable y dúctil. Conviértete en oro.

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