Cataluña a siete días del 1-O


Esto que voy a contar no lo cuento de oídas sino que desde hace muchos años en los que he ido manteniendo una relación más o menos constante con esta comunidad he podido comprobar estos extremos.

Dulce Libertad Sandoval

Por el artículo 33 24 septiembre, 2017


Hace ya muchas semanas que se ha ido agravando la situación de los dirigentes catalanes y un segmento de la población de dicho territorio. Me ha parecido que, como habíamos tratado con anterioridad la situación en Cataluña, no quería reiterar lo ya dicho, pero el fulgor del desafío por algunos «iluminados políticos» me obliga a recordar algunos acontecimientos que sí han ocurrido y que han sido silenciados por estos aludidos representantes públicos.

Esto que voy a contar no lo cuento de oídas sino que desde hace muchos años en los que he ido manteniendo una relación más o menos constante con esta comunidad he podido comprobar estos extremos. En primer lugar me refiero a la situación de absoluto sometimiento a la idea secesionista por parte de la oligarquía política catalana, así como de los medios de comunicación por la misma sostenida. Respecto a esto hace muchos años que en Cataluña no existe ni una mínima libertad de prensa. Allí no se informa de las detenciones por corrupción, ni «casos abiertos» como el Palau, Liceo, 3%… En ningún caso se informa de dichos extremos ni los pormenores de los mismos. Ni sobre los millones investigados de la familia Pujol. Si algún insensato saca a relucir alguna información sobre esto, además de censurarle, se tacha de «maniobras y/o mentiras del Estado opresor». Esto no es en el último mes, sino en los últimos años. Ni uno ni dos ni tres.

En segundo lugar me voy a referir a la manipulación educativa sufrida en los últimos treinta años. Curiosamente pude encontrar buceando en hemerotecas e internet un artículo muy ilustrativo del 22 de diciembre de 1977, publicado por el periódico «El País» y firmado por Alfonso Quita, titulado «El Ministerio de Educación y Ciencia reacio a transferir competencias a la Generalitat». Me resultó curioso no solo encontrar el mencionado artículo, sino encontrar como el mismo explica que la educación era la primera materia y más urgentemente reclamada desde Cataluña y la negativa del Ministerio ya que lo primero que habían hecho las universidades catalanas al recibir su competencia había sido no sacar a concurso las plazas de profesores optando por la contratación directa, saltándose a los más cualificados por personas seleccionadas por su ideario.

Posteriormente, consiguieron dichas transferencias y después se seguiría con el resto de enseñanzas con un matiz que ha costado y está costando caro a toda la sociedad española. Se dejó de educar para pasar a adoctrinar. El adoctrinamiento sufrido por los millones de catalanes les impide no solo conocer una realidad y una verdad histórica sin mancillar, sino que lo que les impide sobre todas las cosas es la emisión de un pensamiento libre. Han sido privados de la capacidad de discernimiento en libertad porque de nada sirve la libre emisión de un pensamiento esclavo. Esto es lo verdaderamente grave y de difícil solución que tenemos encima de la mesa hoy, 24 de septiembre de 2017.

Este adoctrinamiento contiene el adoctrinamiento en el odio al semejante simplemente por razón de nacimiento. Un español por nacimiento es menos que un catalán. Un catalán nacido en Cataluña hijo de un emigrante murciano es catalán pero menos catalán que uno que tiene padre y madre nacidos en Cataluña. No hay más orgullo para un emigrado en los cincuenta que sus nietos ya sean puramente catalanes. Así ya nadie los señalará con el dedo.

Les ha hecho constituir y consolidar un núcleo como tal, ajeno al no catalán, de modo que les han hecho un mundo a su medida catalana, lejano al resto del país y tan distinto de un manchego como de un alemán. Esta senda está siendo seguida por el resto de autonomías si bien con menor maestría y con menos tiempo recorrido con lo que aún no se ven los efectos como en el caso catalán. Esto último debería de hacer que nos detuviéramos a pensar y discutir qué tipo de Estado queremos, porque al final lo que somos es un grupo de mini estados en los que con conseguir diferenciarnos del vecino aunque sea por un tomate nos lleva a hacer «lo que sea». Hay que hacérselo mirar esto también.

La catalanización que han sufrido los nombres, las personas, las familias, las instituciones en la Comunidad Autónoma catalana lo han absorbido todo y a todos. Se han inventado una historia y unas historias que no son reales, y todo ello para adoctrinar esas legiones de peones que utilizan los políticos independentistas para perpetuarse en sus torres blindadas, arengando a las tropas mientras se frotan las manos por debajo sin que estos pobres diablos sepan ni a dónde van, ni por qué, ni por quién van. ¿Quién les dice que lo único que quieren, quienes los mandan, es cobrarles más impuestos, eliminar la separación de poderes y establecer un régimen a mitad de camino entre el nazismo y el chavismo?.

En tercer lugar, no vamos a perder de vista otros aderezos que han condimentado este «potaje», como por ejemplo la LOGSE que lanzó a cantidad de analfabetos a las calles porque había un excesivo y temprano abandono escolar y Europa daba toques para corregir. Con aquello, según los ojos que lo miren, se consiguieron varias cosas. Efectivamente se consiguió mantener a los jóvenes en las aulas hasta los 16 años (puede que como ahora) aunque simplemente fueran a molestar a los compañeros, y sin ningún tipo de aprovechamiento. También se consiguió hacer generaciones más ignorantes, que siempre a los gobernantes les viene bien, y a estos mejor que bien. Además, también se tapó la boca y se cumplió con las exigencias europeas aunque fuera solamente en cuestión de cifras sin que se tradujera en un avance ni mejora social ni elevación de la cualificación de la sociedad joven española.

En cuarto lugar no podemos pasar por alto tampoco que las relaciones entre gobierno autonómico catalán y gobierno central se han basado siempre en exigencias de uno y cesiones de otro. En apoyo en forma de cesiones a cambio de apoyo en presupuesto generales del Estado. Una cosa parecida al refrán de «dame pan y dime tonto» pero a mayores. Como recoge el libro de José Bono sobre su etapa en el gobierno del Presidente Zapatero con respecto al «estatut», esa famosa frase del prologo del «Diario de un ministro- De la tragedia del 11M al desafío independentista catalán». No tiene desperdicio cuando afirma que Artur Mas le dijo al Presidente: «… yo voy quitando lo de nación y tu vete poniendo más dinero..». Eso me parece el climax y la definición del estado de las autonomías hasta hoy en este periodo de democracia.

Podemos hacer un repaso de atropellos que han pasado por alto a lo largo de estas décadas. Como por ejemplo cómo se ha impedido la enseñanza de la lengua en español. De cómo los padres no han podido ver cumplida la orden que, en 1994 ya diera el Tribunal Constitucional, para que los padres pudieran elegir que sus hijos aprendieran en español y catalán. De cómo se ha marginado directamente la lengua española en ese territorio haciendo más analfabetos a sus habitantes y más poderosos a sus gobernantes.

A esto le sumamos el impacto de la obra pública financiada desde el gobierno central y cuyo 3% ha acabado en los bolsillos de muchos convergentes y otros, no me cabe duda, según estamos comprobando con las investigaciones llevadas a cabo por la unidades especificas de Guardia Civil. Posteriormente con los pactos firmados entre Pujol y Aznar no habría hecho falta mucho más, puesto que todo se les concedía. Una ampliación de la recaudación por IRPF e innumerables mejoras fiscales. Pero mientras todo esto ocurría, generaciones de catalanes han ido percibiendo lo que ya hemos expuesto. Han sido alimentadas con odio. Han sido regadas con mentiras, y hoy son arengadas por políticos solamente con dos palmadas.

En este quinto lugar es donde ya podemos ver cómo ha sido utilizado todo el dinero transferido, todas las capacidades cedidas, para crear un monstruo tan grande como indomable. Hoy el problema que tiene Puigdemont no es otro que su propio ideario. Alimentado con rencor y sostenido con ira. El legado del condenado Mas ha sido infinitamente peor de lo que ningún gobierno central había podido llegar a creer, porque nunca pensaron que el adoctrinamiento ideológico había llegado a calar en políticos catalanes. Ahora que ya los tenemos en la puerta ¿cómo vamos a devolver a esas personas que están manifestándose en la calle y rompiendo coches de los agentes de la guardia civil a sus casas?. Dudo mucho que eso se consiga con esa demagogia barata tan manida en estos días denominada «solución política». No puedes impedir que un juez actúe cuando la ley así lo manda porque ya viene reconocido desde el más básico de los principios generales del Derecho «dura lex, sed lex».

Con todos los respetos y con toda la preocupación que produce me gustaría hacer la siguiente reflexión: cuando alguien te quema tu coche ¿acaso piensas que ha tenido una infancia dominada por la marginalidad y el abandono, o simplemente llamas a la policía que investiguen localicen al responsable y lo encausen para que acabe pagando o en la cárcel?.

Un Estado de Derecho implica muchas cosas. Algunas de ellas nos pueden gustar más o menos, pero son insoslayables. El imperio de la ley no admite excepciones. La separación de poderes no admite disensiones. El respeto por el marco normativo no admite discusión. Tenemos un marco legal, y quien lo quiera cambiar que utilice los cauces establecidos para ello que en ningún caso será pasar por encima ni de la ley ni de la democracia. No puede ampararse en modo alguno que el gobierno catalán se queje de no poder discutir en el Congreso de los Diputados su «process» por no disponer de capacidad para ello y con esa premisa impida que en el parlamento catalán se resuelvan las enmiendas presentadas por los diputados autonómicos y utilicen una mayoría inferior a la precisa para la redacción de cualquier ley de menor entidad, y «aprueben» una ley para la separación de un Estado y creación de otro, es completamente disparatado y no cabe en cabeza sana alguna. No caben más eslóganes tampoco en este conflicto.

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