¡Dani, procede! Impertinencia XXXI

¡Dani, procede! Impertinencia XXXI

El Daycar es de esos bares con poso, que se notan sufridos y en los que el tiempo no ha hecho cambiar azulejos por gresite, ni vasos de tubo por copas de balón. Los carajillos llevan un dedo de brandy y los gintonics son en vaso de tuvo y por cada tónica tienes dos recargas.

El Daycar cierra, muchachos. Lo que en los últimos tiempos era algo que no tenía fecha, y por el tema de las ultimas lluvias y que estructuralmente está afectado desde el terremoto. Y claro…a ver quién se pone de acuerdo en temas de pasta tratándose de patrimonio, así que ruina para todos y a cerrar el chiringuito.

Hablar del Daycar es hablar de Dani. Un hostelero de los de barra, de los de toda la vida, cuadriculado en sus hábitos y siempre con la sonrisa puesta aunque se esté desangrando por dentro, y que a mi me recuerda a mi abuelo Martín cuando reinaba en la barra del bar que tuvo con el mismo nombre, ese, el de las empanadillas con ajo y ensaladilla rusa.

El Daycar es de esos bares con poso, que se notan sufridos y en los que el tiempo no ha hecho cambiar azulejos por gresite, ni vasos de tubo por copas de balón. Los carajillos llevan un dedo de brandy y los gintonics son en vaso de tuvo y por cada tónica tienes dos recargas. Si quieres comer algo olvidate de foié con nueces y sirope de Pedro Ximenez, pues Daní amablemente te sirve unas banderillas o una empenadilla. Tampoco le pidas música, pues Dani con una sonrisa amplia lo mismo te envía a que les des las quejas a Cadena Dial y eso sí, tiene siempre escondidas para estas fechas de Navidad dos cintas de casete, una con villancicos tradicionales y otra con los de La Jarapa.

La verdad es que apenas llevo un año siendo asiduo entre su clientela. Ha llegado un momento en que todos los colegas o se me han casado (unos cuantos) o se han ido a buscar oportunidades a otros lugares más prósperos y bueno, tocaba cervecear en la intimidad y clandestinidad, y conocí a Dani por haberle servido unos cuantos menús en el restaurante en el que curraba y un día le dije: -¡Dani, procede! Y desde entonces las cervezas que me tomo en vaso sidrero me sientan genial, porque Dani las pone como nadie, se está bien en su garito y además su clientela es de los más rara que hay (en el mejor sentido de la palabra, la gente normal debería estar prohibida). Allí tienes desde gente del arte como Manolo, del diseño gráfico como el Maquetero Loco, y sus inseparables Andrés y Alejandro, gente del comercio cercano, el gran Antonio y su vecina de barra Raquel, Diego… .

¿Y los temas de conversación? Pues desde los archivos del barrio, pasando por la actualidad local y fútbol, En temas de política es cuando siempre le digo a Dani: -Oye, yo aquí beber, oir y callar. Y el se ríe como diciendo: -Mira Martín, no me la líes. Pero que va, lo que me ha demostrado este tiempo su clientela es respeto profundo a mis ideas e incluso se interesan por mi punto de vista de las cosas y eso es lo que más me hace pensar en el buen grupo de gente que son.

El lunes de esta semana entré a decirle a Dani que procediera y ya mi amigo el Maquetero Loco me alertó de la situación de inminencia de cierre. Así que cuando Dani procedió le dije que si mañana (hoy jueves) nos toca el número jugado del Daycar en la lotería de Navidad que no se preocupara, que ya me encargaría yo de traer un pico y destrozar el Daycar para celebrarlo.

A lo mejor, mientras lees esto me estoy dirigiendo a la calle Pio XII con un pico en la mano.

Joder, ¡cómo lo voy a echar de menos!.

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1 Comment

  • manuel sánchez molina
    24 diciembre, 2016, 11:09

    raros y variopintos , aunque pà raro el propio Dani.
    joder, ¡como lo vamos a echar de menos!

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