DEMASIADOS PREMIOS O CASTIGOS. DEMASIADAS CARITAS SONRIENTES O TRISTES


Hay que reforzar aquello que nuestros hijos hacen bien y el esfuerzo que ponen en ello. Está claro que hay que hacerles un reproche cuando de forma consciente hacen cosas que no deberían. Pero de ahí, a estar todo el día con ello, va un abismo.

Amor García Mula

Hablando Bajito 14 enero, 2017


Ayer presencié cómo una mamá celebraba por todo lo alto que su hijo había hecho pis en el váter. Le faltó tirar serpentina… “Muy bien, muy bien¡¡ Eres un superhéroe¡¡ Cuando venga la abuela se lo vamos a decir¡¡¡ Muy bien¡¡¡ Oeoeoeoeeeeeeeee”
Vamos a ir por partes, mamás, papás y adultos responsables…
Está claro que hay que reforzar aquello que nuestros hijos hacen bien y el esfuerzo que ponen en ello. Está claro que hay que hacerles un reproche cuando de forma consciente hacen cosas que no deberían. Pero de ahí, a estar todo el día con ello, va un abismo. Y, sinceramente, el toparme con escenas como las que os he relatado en el primer párrafo, cada vez es más habitual. Me acuerdo del famoso programa de la Super Nanny y me echo a temblar.
No podemos estar etiquetando a nuestros hijos por cada paso que dan ya sea con caritas verdes o rojas, sonrientes o tristes. No podemos estar todo el rato haciendo valoraciones porque conseguimos, al final, cosas que no me gustan mucho para ellos como psicóloga infantil.
Los niños se convertirán en dependientes de nuestra aprobación, les transmitiremos que tienen que buscar el halago por todo lo que hacen, nos inmiscuimos en su desarrollo evolutivo normal, les interrumpimos en la tarea que hacen porque encima somos impacientes y queremos que hagan todo lo que viene escrito en los manuales. Además, no les dejamos que ellos solos aprendan las consecuencias de lo que hacen bien o mal. En definitiva, somos muy pesados y de tan bien que lo queremos hacer, lo hacemos fatal.
Por otro lado, nuestros hijos normalizan rápidamente el premio o el castigo. Y cuando digo rápidamente, digo rápidamente. O no?
Imaginad una situación: un niño comienza a hacer una construcción de bloques. Saca las piezas de la bolsa, “genial, cariño. Muy bien¡¡¡¡”, las clasifica por colores “fenomenal¡¡ muy bien cielo¡¡¡”, construye una torre “qué listo es mi niño, mmmmuy bien¡¡¡¡¡¡¡ Yuhu¡¡¡¡¡”.
Somos mmmuy pesados, la verdad. A los niños no hay que premiarlos por todo lo que hacen bien, al igual que no hay que castigarlos por todo lo que no hacen bien (según nosotros, claro).

El halago que usamos con nuestros niños, es un premio verbal. Pero cuántas veces hemos dicho aquello de “Si recoges el cuarto, nos vamos luego al parque” “Si acabas los deberes rápido te dejo la tablet”. Muchísimas. Y qué estamos haciendo por encima de todo? Estamos CHANTAJEANDO, enseñando que sin premio no hay esfuerzo, estamos incentivando que nos pidan algo a cambio por cada cosa que hagan.

¿Y qué hacer con el Muy bien?
Pues lo sustituimos por una sonrisa o por un silencio que les permita seguir avanzando. Podemos explicarles que nos estamos dando cuenta de lo que están consiguiendo, podemos preguntarles cómo se sienten con lo logrado. Les podemos dar las gracias, podemos hacer que reflexionen acerca de sus esfuerzos o logros, podemos hablar de ello con los niños…. En definitiva, hay muchas formas.
Y qué hacemos si no usamos el premio o el castigo? Empecemos porque experimenten las consecuencias naturales de sus actos. Si, por ejemplo, tardan mucho en vestirse para llegar a algún lugar, cuando lleguéis, mostrarles qué ha pasado por llegar tarde y lo distinto que habría sido de haber estado antes. O si una tarde no quieren hacer deberes, dejadlos que sea el profesor quien les recrimine. También podemos valorar el esfuerzo que emplean en hacer alguna cosa en vez de esperar al resultado. No tenemos demasiada paciencia en educar a nuestros pequeños, y entonces recurrimos a los chantajes “Si recoges, nos vamos”, “Si estudias, juegas”……………. Y van aprendiendo que todo tiene un precio, y que ese precio irá aumentando conforme vayan aumentando su esfuerzo.
¿Por qué nos cuesta tanto dejarles que se equivoquen y poco a poco vayan aprendiendo? Porque no tenemos tiempo, y al querer que todo lo hagan bien desde el principio, los agobiamos hasta el punto de que abandonan, precisamente porque les frustra no poder cumplir las expectativas que les marcamos.
¿Nos hemos parado a pensar si lo que hacen es propio de la edad que tienen? ¿Realmente el niño se está portando mal? Escuchad: si estamos con el hacha de guerra levantada desde el principio, finalmente, terminarán haciéndose inmunes a todo. Si constantemente están presionados con puntos, caras sonrientes o fichas de colores, aprenderán mal, si aprenden algo.
En fin, mamás, papás y adultos responsables, que el decir muy bien, está muy bien, pero decirlo mucho o cuando no se debe, está muy mal. Enseñar es infinitamente más amplio que los puntos verdes, las caras sonrientes y los huevos kínder.
Feliz todo, y gracias por seguir conmigo.
Amor García Mula. Psicóloga infantil, juvenil y de familia.
Hospital Virgen del Alcázar. Lorca

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