Dioses a todo color

Redaccion
@elsoldelorca

Uno de sus grandes logros fue concebir la escultura antigua como unas esculturas sin policromía, con el color original del material con que se realizó (mármol y bronce principalmente).


Síndrome de Stendhal 12 enero, 2018


La creencia generalizada es que la escultura antigua es blanca, sin policromía. Esto ocurrió a partir del siglo XVI, cuando ocurrió un afortunadísimo hallazgo, la aparición de la magna escultura de El Laoconte, obra helenística (último período del arte griego antiguo). Esta escultura hizo su reaparición en el momento más adecuado, cuando los artistas redescubrían el arte producido en la antigua Roma. Esta obra, pese a ser griega, influyó sobremanera en la escultura que se hizo en aquel momento y en los siguientes siglos, llegando aún hoy día.

Uno de sus grandes logros fue concebir la escultura antigua como unas esculturas sin policromía, con el color original del material con que se realizó (mármol y bronce principalmente). Igual pasaba con los grandes templos, blancos como la nieve. Artistas posteriores interiorizaron esta creencia: Miguel Ángel, Bernini, etc. Todos ellos realizaron esculturas sin policromar. Caso a parte es España, lugar donde jamás se perdió la costumbre de policromar la escultura, siendo su mayor exponente la escultura procesional, es decir, aquella cuya intencionalidad era la de conmover al creyente, para lo que se valían de mayor realismo posible, siendo de este modo imprescindible pintar las mismas.

En el caso de la arquitectura, lo habitual no era construir un templo y dejarlo tal cual sino que se policromaban. Las bóvedas de las catedrales solían estar policromadas representando la Bóveda Celeste (“Capilla Sixtina de la Catedral de Valencia o la misma San Patricio de Lorca), los muros también lo estaban. Cuando no había dinero para construir un retablo, este se pintaba sobre el muro para simular uno (trampantojos de la Capilla del Rosario de Lorca). En la Edad Media también se pintaban las portadas o elementos varios (Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago). Italia es otro gran ejemplo: Giotto.

Pero esto no ocurría exclusivamente en edificios de carácter religioso sino que la arquitectura y arte privado también estaban ricamente policromados: la Casa de los Guevara (Lorca), fachada de la Madraza de Granada, etc. No obstante, un gran enemigo de la conservación del color en edificios son las restauraciones realizadas en el siglo XIX y que se actualizan en Lorca, donde campan a sus anchas en algunas de las últimas restauraciones realizadas, y lo que es peor, en otras que se pretenden hacer, queriendo recuperar así otros modos de actuación en las restauraciones claramente superadas hace más de 100 años, esto son los falsos históricos (restauración estilística), consistente en volver a construir o reintegrar volúmenes inexistentes en la pieza original motivado por algo ajeno a cualquier criterio profesional vinculado a la Historia del Arte, sin siquiera basarse en un simple argumento válido, menos aún en una sólida documentación que la justifique.

Ahora bien, ¿quiénes se equivocaron, los artistas españoles o extranjeros? Actualmente se sabe que las esculturas antiguas estaban policromadas. Diversas pruebas así lo atestiguan, por lo que hemos de cambiar nuestra idea de escultura y arquitectura clásica blanca por una escultura y una arquitectura decorada con brillantísimos colores (rojo, azul, verde, etc.). Los dioses antiguos parecían mortales, no sólo por sus mundanas costumbres y andanzas sino también por su riquísimo color.

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