El despojo de los Bachilleres

José Quiñonero Hernández

A sus 16 años, esta mañana de principios de junio del 39, despejada y clara, es para ellos el espejo de un mundo feliz que se les abre con un futuro inacabable.


Primer Instituto 3 diciembre, 2018


En memoria de mi tío Alfonso Hernández y de muchos otros

que sufrieron las arbitrariedades e injusticias del Régimen.

 

 

Asomaos a los recuerdos de familiares y amigos para ver esos cinco zagalones –Juan, Paco, Alfonso, Sebastián y Antonio- que marchan alegres y confiados calle del Álamo arriba, llegando ya a la plaza de España, entre la algarabía del mercado, envueltos en los ecos de pláticas y pregones de vendedores y charlatanes mientras sortean los puestos de calzado y cerámica, de hojalatería y quincalla, de salados y ferretería, de cestería de mimbre o de esparto; o bordean pilas de sacos y banastas de frutas, legumbres y cascaruja y los tenderetes del averío y la recova.

A sus 16 años, esta mañana de principios de junio del 39, despejada y clara, es para ellos el espejo de un mundo feliz que se les abre con un futuro inacabable. Sabed que ahora -apagados los sones de la guerra, aunque no los ecos de sus miserias y crueldades, que aún resuenan en la Plaza de Toros, en las comisarías y en las cárceles, si no en las paretas del cementerio- unos van a matricularse en el último curso del Bachillerato abandonado por su causa, y algún otro a recoger el título que, si Dios quiere, lo llevará a la Universidad.

Si los seguís de cerca, mientras suben la cuesta de San Patricio, ajenos al bullicio, veréis que vuelven la vista tiempo atrás, al viejo recinto de la Purísima, paraíso agridulce de la infancia, y bien oiréis lo que dirán: la monotonía de las clases y el aburrimiento declarado de los estudios vespertinos, las bondades y perrerías de este o aquel profesor, las preferencias científicas de unos y la afición a las letras de los otros, la maravilla de las excursiones hasta la mismísima Cartagena, sin olvidar las trastadas de mayor o menor cuantía con la estufa, las fieras del Gabinete de Ciencias Naturales y los productos del laboratorio.

Alumnos practicando en el laboratorio de Física y Química, hacia 1936 (Foto Menchón-AML).

Recordarán, sobre todo, los recreos y las salidas de clase, que, según denuncias formales, “han convertido la plaza de Simón Mellado en campo de fútbol y de otras diversiones con perjuicio de los cristales y la vida de estos vecinos aún estando dentro de sus viviendas, con destrozos de fachadas, puertas y ventanas de las casas del lugar”. Y, siempre presentes, las penurias y escaseces familiares, que llevan a una dura batalla por mantener la beca y la matrícula gratuita y por ser eximidos del pago de las permanencias. Que en esto, y en otras muchas cosas, no todos somos iguales.

Ya entrados en el Instituto, quizá podáis ver al probo funcionario tras la ventanilla y oír el son entrecortado de su salmodia, entreverada en la lejana memoria del tiempo, que habla de las órdenes y dictados del nuevo Régimen: “Quedarán anulados y sin ningún valor ni efecto cuantos exámenes haya sido verificados bajo la dominación roja”… “Los alumnos pueden convalidar sus estudios mediante las pruebas ordinarias que procedan… en la forma prevenida hasta hora para los alumnos no oficiales”…. “Se declaran nulos los Títulos académicos expedidos por los rojos”… “deberán ser nuevamente expedidos a instancias de los interesados…”.

Ved ahora cómo, aturullados y perplejos, marcharán a sus casas sin poder explicarse la crueldad gratuita de este despojo; y luego se enfrentarán a investigaciones, denuncias, informes y procesos que los señalarán o los llevarán a la comisaría, e incluso más allá. Y nunca solicitarán volver a estudiar los cursos perdidos, ni los títulos que, marcados por “su intachable conducta antifascista” en el “periodo rojo” nunca iban a recuperar sin perder la dignidad; mientras los otros, con el paso del tiempo y su adhesión inquebrantable al Régimen, eran rehabilitados sin más o dispensados de cursar los estudios y títulos arrebatados.

Vosotros los habéis conocido –a Juan, a Sebastián, a Paco, a Alfonso, a Jerónimo-, y visteis cómo, sin explicaros por qué, abandonaron toda esperanza de hacer lo que querían hacer, de decir lo que pensaban y sentían, encerrados en un exilio interior que los apartaba de la vida que iban soñando aquella remota mañana de junio. Un exilio que los acompañó hasta el final, mientras sobrevivían en un mundo que nunca quisieron, condenados a “arrimarse a los buenos” –como predicaba Lázaro de Tormes- pero nunca para ser uno de ellos.

8 respuestas a “El despojo de los Bachilleres”

  1. Ricardo dice:

    Otra magnifica descripción que, ademas, mueve a la solidaridad con los maltratados muchachos. Precioso documento, que tendremos que juntar con los otros. Gracias, Pepe

  2. Jose Alfonso Hernández dice:

    Gracias, Pepe, de todo corazón, en memoria de ellos, y especialmente de tu tío y mi padre, que tanto te aprecio, que tanto te quiso. Un abrazo.

  3. Antònia Pedrol Gomez dice:

    Todos los maestros que no era afines del régimen franquista eran depurados y condenados a exiliarse.
    Una forma de decir que ahora mandan ellos.
    Esa generacion fue suprimida del mapa.
    Una etapa triste y cruel.

  4. José Alfonso Hernández dice:

    Hola, Pepe, es un artículo estupendo y necesario. Un homenaje a esa generación de chavales que fueron condenados al exilio interior y al desgarro emocional. Muchas gracias por escribirlo, y gracias también de parte de mi padre y de tu tío, que sabes que te apreciaba mucho, que te quería. Un abrazo

  5. Antonio José Mula Gómez dice:

    Otra vez el maestro J Quiñonero se mete en los zapatos del cronista y da testimonio del lado oscuro de un tiempo felizmente pasado, que frustró vocaciones y cercenó el porvenir de muchos jóvenes, victimas colaterales de una guerra civil y de sus secuelas de represión y odio. El transcurrir de nuestro Instituto fue el fiel reflejo de un tiempo y de una sociedad que también tuvo momentos brillantes y protagonistas de merecido reconocimiento, como las alumnas y alumnos que el cronista Quiñonero nos presentaba en la anterior entrega de este interesante viaje por las aulas y el paisaje sociasl de nuestro querido Instituto. Algunas y algunos, fueron luego excelentes profesores, que nos dejaron huella a los que hoy ya estamos en la edad tardía.

  6. Pepe Murcia dice:

    Otra maravillosa entrega del profesor Quiñonero, que como siempre, con sutileza, refleja la “perdida de esperanza” que para muchos -los señalados como rojos- supondría el régimen franquista.

  7. Fernando Martínez Serrano dice:

    El infame despojo de los bachilleres fue una parte ínfima del despojo que le hicieron a media España:sus ideas,su cultura e incluso su vida.
    Por eso se entiende perfectamente que haya quienes desean cambiar en nombre de nuestro Instituto ya que el “mamporrero” del despojo académico fue Ibañez Martín.Pero,en fin, ese es otro tema.
    Acertadísimo artículo,Pepe.
    Esperando la próxima entrega.

  8. A. Belén Ruiz dice:

    Gracias por la lección de historia, algo que siempre hay que recordar y tener muy presente para poder mejorar. Querer enterrarla, como cambiando nombres, etc, quizá nos haría olvidar episodios que son necesarios tener en cuenta para poder evitarlos.

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