EL DIOS DE LAS PEQUEÑAS COSAS


Una puesta de sol con aquellas personas que quieres, la noticia esperanzadora de una vida nueva que surge con la pujanza de un nuevo día, el disfrute de tomar algo fresco mientras la feroz cotidianidad se para por un momento, la contemplación de unos niños jugando y riendo en un parque

Francisco José Motos
@FJMotos

A quien corresponda 3 julio, 2018


En pleno calor estival y cuando todo parece que se estanca por las vacaciones ya en curso para algunos y aproximándose para muchos otros, recibo un encargo o sugerencia muy especial; de mi querida editora de ‘EL SOL DE LORCA’, Ana Patricia Martínez, y no es otro que intentar significar las pequeñas cosas, los momentos que parecen menores y que son la sal de la vida. Esa médula que parece, a veces diminuta, y que nos hace lo que somos.

Tengo que decir que me encanta el encargo, ya que yo soy, al igual que ella misma, un gran defensor de valorar esos momentos que son fugaces, irrepetibles y que nos llenan de vida si sabemos apreciarlos en lo que valen.

Estamos tan embebidos de cosas que nos parecen importantísimas, hechos que se nos antojan transcendentales: y tenemos uno muy reciente: el que la selección de fútbol de España haya sido apeada del Mundial constituye una categoría en si misma. Eso sí que nos parece una gran tragedia. Una noticia de orden mayor y de importancia transcendental.

¡Pero qué equivocados que estamos! Y si no que se lo cuenten a tantas personas que a duras penas pueden sobrevivir día a día. Por temas de salud, económicos, laborales, emocionales, de desarraigo o de tantas otras cosas.

Pues bien, ahora que nos dirigimos a los días de veraneo sin remisión me gustaría compartir con todos vosotros que existe un Dios de las pequeñas cosas en el interior de todos nosotros al que ahogamos en un mar de preocupaciones extrañas o propias, y que pugna porque lo dejemos ayudar en el disfrute de este viaje único, maravilloso e irrepetible que es la Vida.

Una puesta de sol con aquellas personas que quieres, la noticia esperanzadora de una vida nueva que surge con la pujanza de un nuevo día, el disfrute de tomar algo fresco mientras la feroz cotidianidad se para por un momento, la contemplación de unos niños jugando y riendo en un parque. O la intimidad insustituible que se puede dar entre un grupo de amigos que no se han visto hace tiempo y que se encuentran para recordar que un día fueron felices.

Ese Dios de las pequeñas cosas siempre está esperando que podamos pararnos un momento, y fijarnos más en lo que nos hace sentir bien, en lo que nos une, en el disfrute de la plena contemplación de lo hermoso de la vida. Depende de nosotros, en gran medida, que nos haga llegar su plenitud enriquecedora, su tiempo de cosecha, y que eso nos permita seguir adelante intentando ser mejores personas al tiempo que disfrutamos de la vida.

Feramur 2018

Una respuesta a “EL DIOS DE LAS PEQUEÑAS COSAS”

  1. Carmen Martínez Mateos dice:

    Totalmente de acuerdo con tu artículo, pero creo que somos muchas más las perdonas que pena.os así qie ‘las otras”, sólo que “hacemos menos ruido”. !Gracias Motos!

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