El guardián entre el centeno

José Quiñonero Hernández

Una nariz recta y bien formada, boca ancha y un tanto agobiada por una barbilla algo prominente, una frente lisa y desembarazada y un pelo escaso, pero terso y húmedo, aplastado con gomina hasta el cogote.


Primer Instituto 18 marzo, 2019


1946. Miren el movimiento pausado y firme, ras, ras, de esos zapatos marrones de cara redonda, de piel castellana con ribetes, ojalillos y pespuntes, mil veces lustrados y repulidos, que en otros mostrarían los pliegues y erosiones de la edad. 1949. Vean el pantalón gris, de franela, recién lavado y planchado, sin asomo de bocha ni arruga alguna. 1953. Tomen nota de la chaqueta color beige, recta e impoluta, perfectamente ajustada a la percha y adornada con un plegado y florido pañuelo de bolsillo; y del chaleco tostado, de punto. 1955. Posen sus ojos en la flamante camisa blanca, con el cuello adornado de una corbata roja o un pañuelo cuidadosamente ajustado.

1958. Añadan una nariz recta y bien formada, boca ancha y un tanto agobiada por una barbilla algo prominente, una frente lisa y desembarazada y un pelo escaso, pero terso y húmedo, aplastado con gomina hasta el cogote, donde se ondula un tanto descuidado. 1961. Redúzcanlo todo a unos ojos inquisidores, que ilustran un ceño grave y adusto, en medio del hall, atentos a la puerta cristalera y a la escalera por donde entran y luego suben presurosos, por no decir encogidos y asustados, los retrasados de siempre: los profesores – “¿Ha mirado usted la hora?” y alumnos –“Pollo, ¿dónde va? Se equivoca de escalera”.

D. Alfonso García, Jefe de Estudios durante dos décadas, en una imagen de 1946 (Menchón-Archivo Instituto).

1963. Si son de mi mismo sexo, suban conmigo la escalera de la izquierda; si no, la de la derecha, que todo aquí tiene su porqué y su orden. 1964. Escuchen desde aquí el rumor de la marea de los que, entre los empujones, atropellos y atascos, cambian de clase -”Pollo, usted, que es el más alto, recoja ese papel del suelo”-, y la algarabía de los que se arraciman en las puertas de las aulas celebrando la ausencia del profesor retrasado. 1966. Oigan cómo, plas, plas, en un visto y no visto, un sonoro toque de palmas escuchado a lo lejos convierte el pasillo, como por ensalmo, en un lugar desierto y proceloso, por donde nadie transita, adonde nadie se asoma.

1968. Abran con sigilo la puerta del aula, chist, si se atreven, y respiren el espeso silencio, solo interrumpido por la voz entrecortada del que, llamado al estrado –“Por favor, abróchese la chaqueta”-, con temblor de manos y baile de piernas, teme caer de la tarima al abismo, mientras recita el vocabulario o traduce un texto de Bernanos con entrecortada salmodia.

1969. Durante el recreo, asómense a la cantina, donde el alma se sosiega y el cuerpo se repone mientras se devoran bollos y bocadillos. Aunque algunos zagalones, alardeando de hombría, piden un copa de coñac, sin percatarse de que al unísono suena una voz enérgica y solemne –“Gregorio, se lo tengo dicho, no sirva alcohol a los chicos”-, y entonces un silencio inapelable se adueña de todos.

S/f. Ahí lo tienen en primera fila en la inauguración del curso, contemplando, complacido y benévolo, cómo los bachilleres sobresalientes recogen el diploma de sus honores. O paseando el patio entre distraído y ojo avizor. O, en compañía de otros, marchando de recogida a mediodía por la Corredera, con alguna estación en el Toky-Alay, el Maier o el Rolman, que no todo va ser guarda cuidadosa y disciplina.
2019. Si ustedes estuvieron allí y vieron y oyeron, como yo, algo de todo esto que cuento, seguro que saben, sin equívoco alguno, de quién hablo.

12 respuestas a “El guardián entre el centeno”

  1. Fernando Martínez Serrano dice:

    A mí no me dió clase porque yo era de Inglés.De todas formas, creo que dejó su impronta en el Ibañez como Jefe de Estudios más que como profesor;por eso el título del artículo es un acierto de los de Pepe.
    D.Alfonso nos parecía a los alumnos una figura seria, distante,autoritaria.Con el tiempo fuímos sabiendo que tenía sus debilidades,una amplia inquietud cultural y convicciones democráticas más firmes de lo que permitían los tiempos.
    Tal vez por eso hizo un buen tandem con D.Francisco.
    Figura singular la de D.Alfonso

  2. Josefa Ayala Manzanares dice:

    Yo también temblaba al verlo, en el pasillo o en el aula Sin embargo, fue él quien convenció a mi padre para que continuara mis estudios, y más tarde, cuando fuí a pedir plaza como interina, convenció al director para que me la concediera . Tengo un magnífico recuerdo de Don Alfonso( malgré tout)

  3. Celia Martínez dice:

    A mí me causaba verdadero pánico su mirada cristalina, fría. Un día me hizo recoger las cáscaras de pipas que algún descuidado » pollo» había echado en el vestíbulo del Instituto. Lo hice sin rechistar , claro , y me volví al aula a toda prisa y sin ir al aseo que era a donde me dirigía antes del fatídico encuentro.

  4. Pilar Quiñonero dice:

    Era mi profesor de francés y su presencia en clase con su aspecto y sus formas tan autoritarias, era para echarse a temblar…y así transcurría cada hora de francés, temiendo que te llamara a su mesa porque allí ya las piernas casi no te sostenían.

  5. Obdulia Guirao dice:

    Yo no estuve allí, pero parece que veo y oigo y respiro esa tensión en el ambiente Tales la semblanza que haces. Menudo tipo… No me atrevo a decir más…

  6. Salvador Ruiz Cotes dice:

    Yo no lo conocí pero en esa época el ambiente en cualquier Instituto de Enseñanza Media era similar: el jefe de Estudios era una figura que inspiraba un respetuoso temor. El Instituto era un lugar en el que había que pasar 7 años para poder aspirar a «ser algo en la vida», supongo que porque la mayoría de los iletrados no eran «nadie», o mejor, unos «don Nadie».
    Fue una época que dio muchos personajes similares. No la añoro en ese sentido pero tampoco la considero negativa: era lo que había en la España viril y católica que vivía cara al sol.
    Un abrazo fuerte a Fernando y a Obdulia

  7. Antonio José Mula Gómez dice:

    El título de JD Salinger resulta apropiado para definir al protector, al que guardaba, el centeno juvenil de nuestro Instituto; no obstante, D. Alfonso distaba mucho del desnortado Holden Caulfield.
    Conocí a D. Alfonso y fue lo que el maestro Quiñonero describe, en su actitud, en su vestimenta, en sus frases y en su papel de educador serio, con las formas y con el fondo. Hoy sería impensable un personaje de estos, aunque buena falta nos hace.
    D. Alfonso, D. Antonio Hernández y D. Francisco Ros. ¡Vaya trío de ases!

  8. Francisca Lopez Jiménez dice:

    Fue, una persona, nefasta en mi vida. …
    Totalmente, duro e inflexible, Totalmente cautivado por mi hermano mayor, solo veía defectos en mi persona, disfrutaba poniéndome en ridículo, ya de , que respondipequeña, sentía gran afición por la lectura, un día me pregunto sobre Napoleón, le respondí perfectamente, para una niña de 12 años, le fastidio, me pregunto: que batalla fue el fin de su carrera y como una niña pequLa dije… Guatero.. la exalaccion aquí soltó, resonó en toda la clase, diciendo con tono despreciativo NO SEA VD. ESNOB.. Ni siquiera Asia yo que significaba
    Podría seguir durante una hora . bueno que descanse en paz.
    Cuando al cabo de los años, un queridisimo amigo, le contó mis andanzas, por diversos países, buscándole la vida.. La clase de gente que conocía. .. Solo dijo.. No lo parecía
    No tengo ningún buen recuerdo, gracias d D. Luisa Garcia Mulero, que le contó el problema a mi madre, se me hizo mas fácil la vida, me consola y animaba. Gracias. a ella, por inculcar el amor al Arte, su ella mi vida habria sido otra
    Del ese señor no quiero hablar mas
    Que descanse en Paz y basta
    Paquita
    Ñ

  9. Josefa Ayala Manzanares dice:

    Yo también temblaba cuando me lo encontraba , en el aula o en el pasillo.Sin embargo, su ayuda fue cambió mi vida. Convenció a mi padre para que continuará estudiando , y cuando fui a pedir plaza como profesora interina, convenció al Director para que me contratara.
    Tuve la suerte de encontrarlo en mi camino.

  10. Nicolás Maurandi Guillén dice:

    Esta semana, en esa entrañable galería de personajes de nuestro Instituto de los años sesenta, le toca el turno a la señera figura de don Alfonso, otro gran personaje de aquel centro.
    Se ha recordado la gran eficacia con la que ejercía su función directiva de Jefe de Estudios, a lo que contribuía mucho su estatura y prestancia física, y esa rotunda y solemne voz con la que daba sus órdenes.
    Yo quiero recordar cómo desarrollaba su función pedagógica en la específica tarea de profesor de Francés que realizaba, y cuál ha sido la huella que en mí dejó.
    El aprendizaje, según era habitual en la enseñanza de idiomas de la época, lo circunscribía a la lectura y la traducción. Mas por esa vía aspiraba a transmitirnos algo más: la afición a la lectura y la curiosidad por la realidad. Su técnica consistía en obligarnos a leer durante el curso un buen número de libros, que se alternaba con la lectura también de prensa francesa (París Match y Le Fígaro). Todo lo cual nos reportó, en lo que se refiere a ese idioma, un extenso vocabulario que a mí me ha permitido leerlo y entenderlo sin ninguna dificultad cuando he tenido la necesidad de utilizar sus textos.
    Pero la lectura de esa prensa también la aprovechaba para transmitirnos que la realidad de las cosas era más amplia que la sociedad que directamente percibíamos. Cuento sobre este particular dos anécdotas que presencie en mi curso.
    Una vez fue la noticia que se publicaba sobre el Mercado Común Europeo, que aprovechó para hablarnos del ideario de los seis países que entonces lo formaban (y, de esa manera, marcar diferencias con el lugar donde vivíamos).
    Otra vez fue la referencia a Hitler que aparecía en el periódico francés. Nos preguntó si sabíamos quien había sido; uno de nosotros contestó que fue un oficial alemán; y él, muy rápido, respondió que no era ni una cosa ni otra, pues tan sólo había sido un cabo austriaco. Con lo cual, en tan solo dos palabras, liquidó la posible iconografía de ese sujeto y lo colocó en el lugar de un simple fantoche.

  11. Rosa Soriano Bayonas dice:

    No puedo decir nada negativo de D.Alfonso; al contrario, como alumna suya de nocturno durante cuatro cursos, su trato fue muy cortés, todo un caballero y jamás ocurrió nada en mis clases que no fuese una esmerada educación y cordialidad. Podríamos decir que en el nocturno ya éramos mayores, pero con 14, 15, 16 y 17 años tampoco creo que tanto.

  12. A. Belén Ruiz dice:

    Desconocedora de este profesor (todavía no había nacido), me resulta curioso y enriquecedor leer los sentimientos contrarios que levantó en sus alumnos. Partiendo de «unos ojos inquisidores», cosa que achaco más a las formas de la época y que quizá hoy en día se echen en falta en muchos institutos, parece que también tenía su lado positivo. Y es que, como regla general, cualquier profesor amante de su profesión, crea llantos y/o pasiones.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

meme-primer-instituto

meme-lelpicoesquina

meme-aquiencorresponda

meme-hablandobajito2

meme-todoquedaencasa

meme-laimpertinenciaconstatnte

meme-tecnolorca

meme-hayqueseguir

meme-lapalabraembrujoazahar

meme-unaciudadmuchasrealidades

meme-pokerdebastos

meme-porelarticulo33

meme-lapielquequieres

meme-reflexionescontigo

meme-cafe-digital-con-juan-bermudez

 

Tú publicidad aquí