El mal compañerismo está de moda

El mal compañerismo está de moda

El buen compañerismo, bajo mi criterio, creo que se está perdiendo. Antaño la gente era más solidaria entre sus semejantes fuesen afines o no en simpatía puesto a que brillaba la norma del ‘hoy por ti, mañana por mí’.

Son reflexiones mías y no tienen porqué ajustarse a la realidad ni el 100% de los casos ni en todas las profesiones que existen. Mi labor en este artículo de opinión es abordar el tema del compañerismo en una profesión tan ‘competitiva’ como es el periodismo.

Desde mis inicios como estudiante, en la facultad se veía que era una idealización del periodismo por parte de los compañeros. Unos veían en esta carrera una opción para enriquecerse por aquello que consumían en televisión y por otro las ‘pajas mentales’, llamémoslo así, que se montaban ellos mismos, otros, sin embargo, elegían la carrera de periodismo para posponer su ingreso al mercado laboral.

El mal compañerismo tiene su inicio en la propia universidad, sobre todo a la hora de ceder o pedir apuntes, la sinceridad y la gratitud para responder a quien ejecutaba esa acción brillaban por su ausencia, ahí es donde se puede comprobar la falta de ética y de moral que tienen algunos compañeros entre sus semejantes. “No tengo apuntes sobre ese tema”, “mi letra no la entenderás” o “los necesito para estudiar” eran las excusas más absurdas que los estudiantes daban en el momento en el que les pedías ‘esa panacea estudiantil’ que servía para tener un alto porcentaje de posibilidades para aprobar las asignaturas y por ende la carrera. Eso sí, los había que aún utilizando esas frases contigo luego con una voz dulce y mirada de corderito degollado te pedían los apuntes y se esperaban que tu respuesta a su petición fuese afirmativa cuando ellos mismos de manera indirecta no te los daban. Sin olvidar los casos en los que ofrecías tus papeles llenos de apuntes de las horas pasadas en clase y ni tan siquiera eras pagado con un “gracias por dármelos”. Si la sinceridad y la honestidad no se tienen desde la propia facultad, pienso que es muy difícil que se dé una vez entres en el mercado laboral ya siendo periodista de profesión.

Los inicios son duros, son muy pocos los compañeros que te tienden la mano cuando te inicias en esto del periodismo. Cuando eres becario, eres el tonto útil al que utilizan para hacer lo que los trabajadores ‘fijos’ no quieren realizar y en la mayoría de las ocasiones con remuneración económica “cero patatero”. Una vez que dejas de ser becario y pasas a ‘novato’, el enfrentamiento está con las ‘vacas sagradas’ de tu mismo trabajo, los veteranos. Unos te menosprecian por ‘pipiolo’, otros porque pueden ver en ti un posible rival que pueda quitarles el puesto a medio largo plazo porque tienes algo que a ellos les falta: carisma, ilusión y desparpajo. Pero no sólo las ‘guerras’ pueden ser internas con los mismos compañeros de un mismo medio de comunicación, sino que también se pueden tener contra otros periodistas que no son de tu mismo lugar de trabajo, aunque compartáis la misma profesión.

El buen compañerismo, bajo mi criterio, creo que se está perdiendo. Antaño la gente era más solidaria entre sus semejantes fuesen afines o no en simpatía puesto a que brillaba la norma del ‘hoy por ti, mañana por mí’. Hoy, sin embargo, el ego y la avaricia de éxito son lo que más dañan al periodista y son tantas las personas dispuestas a pisar a compañeros que con tal de llegar lejos en la profesión están dispuestos a dejar ‘cadáveres en su camino’ traicionando, soltando mentiras y creando rumores dañinos con tal de obtener mayores probabilidades a la hora de ascender a ese puesto de trabajo, respecto a otros compañeros y eso sin tener en cuenta a los que venden sus principios a cambio de un jugoso cheque con muchos ceros. Siempre he dicho que el ‘bueno’ por sí solo más tarde o más temprano brillará y triunfará porque el que tiene luz propia jamás tendrá la necesidad de pisotear a los demás, tan solo el ‘mediocre’ es el que acabará ejerciendo esas acciones despiadadas por su complejo de inferioridad ante los demás.

Sólo justificaría el ataque a un ‘compañero’ cuando éste falte a la verdad y claro, los periodistas de hoy en día no se deben a la verdad, sino que lo hacen a los medios que les pagan, por lo que como bien digo, es el único motivo por el que sería partidario de tener ‘una guerra dialéctica’ con un compañero. Eso sí, las guerras, de frente y sin tapujos de ningún tipo y si luego tienen mal concepto de ti, allá ellos, al fin y al cabo, nunca se cae bien a todo el mundo en nuestra vida personal, pues en la profesional, lo mismo multiplicado por mil.

Para terminar, solo me resta por decir que, cuando nos encontremos ante un buen compañero lo que debemos hacer es ser agradecido y por ende valorar sus buenos actos, puesto que lo más normal es encontrar alimañas en esta profesión y no fieles escuderos o compañeros que te tiendan la mano de manera desinteresada.

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