El partido del siglo

El partido del siglo

El partido fue muy competido, con ciertos brotes de dureza que enyesaron la pierna de algún profesor; pero este olvidadizo cronista ni siquiera guarda memoria del resultado, que, por conjeturas más o menos verosímiles, pudo ser de dos a cero a favor de los docentes, o de empate a dos, más o menos.

Mírenlos. Ahí están viendo pasar el tiempo en la inmovilidad de una foto ajada y de tonos desvaídos. No es la alineación de un equipo profesional de fútbol; ni siquiera unos aficionados veteranos que juegan en un torneo local. Se han juntado para participar en un evento antes nunca imaginado ni visto: son los profesores del Instituto J. Ibáñez Martín, que van a enfrentarse a un equipo formado por sus discípulos más avezados en este deporte, todos jóvenes y deseosos, si no de venganza, de reivindicar por una vez su supremacía, aunque sea solo en las artes de la pelota.

Están en el campo de fútbol enmarcado por la pista de atletismo, teniendo como fondo la capilla y el ala derecha del Instituto. Es mediodía de una jornada soleada y agradable, quizá de finales de invierno. Los protagonistas van uniformados en cuanto a las camisetas, que deben de haber adquirido para la ocasión, pero no en el calzado, en el que predominan las zapatillas de lona, salvo en el caso de algunos privilegiados, como el portero o el delantero centro, que alardean de botas; y se atisban notables diferencias de color y de patrón en los calzones, que van desde el gris al negro, y del recortejano hasta los pantalones largos de franela que se les adivinan a los clérigos. Sin que deje de sorprender el delicado ramo de flores que luce el posible capitán, obsequio nada adecuado por entonces para la reciedumbre y la virilidad de unos atletas.

De pie: Clemente, Cano, Balanza, Cerdá, Agustín, Ariza. Agachados: Collado, Hernández, Jiménez, Martorell, X, Alcántara (referee). (Archivo Instituto.)

Lo demás, el tiempo lo ha difuminado, sin que quede ningún testimonio escrito de tal gesta; solo confusos y contradictorios rumores orales que apenas aciertan a identificar, entre mil dudas, a parte de los protagonistas. Entre la duda y el olvido, nadie sabe fijar la fecha del encuentro, que debió de celebrarse entre 1965 y 1967; no se explica la foto sin público hecha por la mañana, cuando otros dicen que el encuentro tuvo lugar por la tarde y que asistió una masa de público enfervorizado y gritón, siempre a favor del equipo contrario; del cuya existencia, por cierto, choca que no haya ningún testimonio gráfico. Nadie recuerda que el campo de tierra dura entreverada de grava fue barrido minuciosamente para recoger el chinarro; y no hay cristiano que hable de la polémica socioteológica que suscitó la participación de los curas, que, haciendo gala de modernidad un tanto atrevida, entrenaron con la sotana remangada, pero jugaron el encuentro sin ella.

Solo este humilde cronista recuerda sin duda haber visto, o soñado, el encuentro: vio, o soñó, que el árbitro retratado en la foto, alumno o antiguo alumno, dirigió el encuentro bajo la tutela del Jefe de estudios, D. Alfonso García, vestido con zapatos y traje de calle, que atendía las reclamaciones y quejas de sus compañeros y daba órdenes al referee para que pitara las faltas oportunas, siempre para el mismo lado.

El partido fue muy competido, con ciertos brotes de dureza que enyesaron la pierna de algún profesor; pero este olvidadizo cronista ni siquiera guarda memoria del resultado, que, por conjeturas más o menos verosímiles, pudo ser de dos a cero a favor de los docentes, o de empate a dos, más o menos.

Al día siguiente, seguro que todo volvió a la aburrida normalidad en el aula: pasar lista, cargar de leña la estufa, preguntas orales con programa o sin programa, exámenes sobre esto y aquello, y con alguno, como siempre del equipo contrario, expulsado, con razón o sin ella.

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12 Comments

  • Romualdo Mateos Ramos
    20 mayo, 2019, 20:30

    Te ha faltado solamente aportar los resultados de aquella jornada mediante el » marcador simultáneo «dardo».

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  • Celia
    20 mayo, 2019, 22:20

    ¡ Esa gracia en la narración, que parece que también la haya visto, la haya escuchado o soñado antes! Pequeños momentos que merecen que alguien les haga un homenaje cariñoso y ameno.
    Por cierto: ¡Asombroso lo de los curas en pantalones deportivos!

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  • Mercedes Martínez Gómez
    21 mayo, 2019, 11:48

    Equipo variopinto! Chocante Ricardo Cano portando el ramo de flores como premio a la heroicidad! Debió de ser un encuentro futbolístico memorable pues entonces yo ya estudiaba en Murcia y hasta allí llegaron ecos de tan notorio acontecimiento. Todos los jugadores habían sido profes nuestros excepto los recién llegados Martorell y Ariza.. Este partidazo me trae a la memoria otro similar de principios de los ochenta entre el equipo de Los Sénecas y alumnos, del que tú mismo, Pepe, formaste parte con otros profesores jóvenes. En ese sí llevásteis un uniforme ad hoc…

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  • Jo´se García Murcia
    21 mayo, 2019, 12:37

    Gran Pepe ! Como es natural por mi trabajo en el Instituto, me ha gustado mucho esta entrega.

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  • Antonio José Mula Gómez
    21 mayo, 2019, 17:24

    No lo recuerdo, pero seguro que viví este y otros encuentros entre profesores y alumnos en el aguijarrado campo de nuestro Instituto, cuna de grandes gestas del futbol local, previas al municipal de San José.
    Recuerdo muchos de estos profesores, la mayoría me dieron clase y algunos creo que perecieron en el intento para que superase mi aversión a la educación física del momento (¡Pobre D. José Balanza!); otros como D. Francisco Ariza, se empeñaron en que trazara líneas rectas con el tiralíneas, sin manchar de tinta china el papel. Vano intento. No lo consiguió, ni yo tampoco. Y qué decir de los demás, ni D. Antonio Hernández («polinomio P de x igual…), ni D. Ricardo Cano, que sabía mucha física y química, pero complicado seguirle y más para una mentalidad de letras puras, pudieron llevarme por el camino de las ciencias y, punto y aparte, D. Francisco Jiménez, con la formación del espíritu nacional y el Fuero del Trabajo. De todos guardo gratos recuerdos y de aquel patio, transmudado en estadio, todavía mejores. ¿Qué tiempos aquellos!. Pepe, con tus crónicas, o me estoy quitando años y volviendo a tiempos de primera juventud o me doy cuenta de lo mayores que somos. Lo importante es contarlo. Sigue.

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