EL RICO POBRE

EL RICO POBRE

Pero cuando llegó ese día, mientras firmaba la compra del barco, un frío interior le estremeció. Dedicado a cumplir sus expectativas, no había podido cultivar otras facetas de su vida.

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Había sido criado en una familia pobre, pero pobre de solemnidad, de las que un par de días a la semana se veía forzada a comer todos alrededor de una olla de aceite reutilizado, sumergiendo un mendrugo de pan para después echárselo a la boca y engullirlo en silencio, con la mirada perdida en los caballitos de mar dibujados en el hule de la mesa.

Sin embargo, Jonás, con sus 13 añazos ya, no parecía decaido por la tremenda necesidad que atravesaba toda la familia. No se sentía pobre. Sus sueños le mantenían despierto y –de alguna manera– satisfecho. Se imaginaba en el futuro gobernando a toda pastilla un barco deportivo, con un montón de amigos cuyas sonrisas perfectas anunciaban fiesta abordo, probablemente esa misma noche. Jonás trabajó incansablemente durante su vida para conseguir algún día ser el capitán de un barco así, en una situación así, con gente así.

Pero cuando llegó ese día, mientras firmaba la compra del barco, un frío interior le estremeció. Dedicado a cumplir sus expectativas, no había podido cultivar otras facetas de su vida. Los amigos a los que pensaba invitar eran simplemente conocidos de una empresa de mierda, en la que tenía un trabajo de mierda. Eso sí, muy bien pagado.

Firmó con la atención puesta en imágenes de su pasado. Repasó la escena en la que todos comían pan con aceite de la olla, cuando a pesar de las penurias, su sueños le hacían sentir rico. Ahora ya no le quedaban sueños.

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  • Emilia
    28 mayo, 2016, 0:25

    Cuando los sueños son poco ambiciosos se acaban, como le ocurrió a Jonás. Los verdaderos sueños son abismos.

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