ERRADICAR EL ACOSO ESCOLAR ES POSIBLE


Niños que presentan una sintomatología alarmante, precisamente porque desde que comienzan a ser acosados hasta que llegan a la consulta, pueden haber pasado años. Niños a los que, a veces, me cuesta mucho ayudar.

Amor García Mula

Hablando Bajito 15 octubre, 2016


La brutal agresión en el patio de un colegio a una niña de ocho años que acabó en el hospital con múltiples lesiones ha hecho aflorar un grave problema presente en los centros educativos. La violencia, física y psíquica, en el seno de los colegios es una realidad, e intentar ignorarla, ocultarla o minimizarla no es la solución. Solo asumiendo que los menores son objeto de vejaciones y palizas por parte de sus propios compañeros será posible poner freno a un fenómeno que debería escandalizar a todos, empezando por padres y profesores. Y me pregunto “cuántos casos de acoso escolar se estarán dando ahora mismo que ni sepamos?? Esos que son sutiles, que no se ven…..”

Miriam, Pepe, Carlos, Aaron, Cristina, Fátima, Sergio, Mohamed, Guille, Rocío, Luna, Salva, David, Luis….. Estos son algunos de los nombres de niños que han llegado pidiendo ayuda profesional para superar los estragos del acoso escolar. Niños que presentan una sintomatología alarmante, precisamente porque desde que comienzan a ser acosados hasta que llegan a la consulta, pueden haber pasado años. Niños a los que, a veces, me cuesta mucho ayudar.

Años de no entender qué les pasaba, de no saber si lo tenían que decir, de decirlo y de decirlo mal, años de escuchar de los adultos “es cosa de niños”, años de normalizar situaciones devastadoras para ellos, años de encontrarse ante adultos “responsables” muy irresponsables que piensan que los problemas se resuelven solos.

Nuestro vicio nacional no es la envidia, sino la procrastinación, el dejar las cosas para mañana. Todo se nos vuelve crónico, hasta que llega el día en el que somos adultos infelices y agrios que no hacemos nada para que nuestros niños no acaben igual.

Los problemas que se dan en el contexto educativo -incluido el ‘bullying‘- pueden arreglarse, pero hay que enfrentarlos. Los centros educativos tienen protocolos de actuación en caso de incendio que se revisan cada poquito, y SUPUESTAMENTE también protocolos para prevenir la violencia. PREVENIR, he dicho bien. SUPUESTAMENTE, he dicho bien. Porque cuando se suele detectar un caso de acoso escolar, o se le da la atención que merece, siempre es demasiado tarde, y en estos casos SÍ cuentan con un protocolo de actuación que a veces se pone en práctica y a veces no.

Cuando estos casos los detectan las familias, es muy, muy tarde, ya que los cambios en los niños aparecen en muchos ámbitos y estos son una manifestación de que algo va ocurriendo desde hace mucho, mucho tiempo. Los centros educativos son los que deben iniciar el proceso, pero no pueden hacerlo solos. Este doloroso tema ejemplifica claramente los problemas de la educación española, ya que el BOE no es un aula, y a pesar de que los educadores tengan la intención de implantar las cosas maravillosas que nos proponen, no tienen los recursos casi nunca. Y encima, tenemos la poca humildad de no copiar cosas que funcionan en otros países como Finlandia. Copiamos, copiamos y copiamos, pero desechamos lo que realmente nos vendría bien como padres y educadores. ¿Por qué? Pues ni idea.

Este país que os pongo muchas veces de ejemplo, tiene unas tasas de acoso escolar muy muy bajitas. En los casos de acoso hay tres protagonistas: la víctima, el acosador y los espectadores. Es evidente que nos centramos generalmente en intervenir sobre el acosado, pero si pensamos en la prevención, deberemos centrarnos en el mayor número de implicados; y ahí tenemos a los ESPECTADORES, que son sobre quienes incide el programa KIVA. Con esta iniciativa, Finlandia está logrando frenar el acoso escolar y el ciberbullying en sus aulas. Implantado ya en el 90% de los colegios de educación básica su éxito ha resultado arrollador.

Así se sigue en el programa:
Los estudiantes reciben una veintena de clases a los 7, 10 y 13 años para reconocer las distintas formas de acoso y mejorar la convivencia. Hay diez lecciones y trabajos que se realizan durante todo el curso académico sobre el respeto a los demás, la empatía… Cuentan con material de apoyo: manuales para el profesor, videojuegos, un entono virtual, reuniones y charlas con los padres. Se añade un “buzón virtual” porque muchos niños víctimas o espectadores no cuentan el caso. En cada colegio hay un equipo KiVa, formado por tres adultos que se ponen a trabajar en cuanto tienen conocimiento de un caso de acoso escolar o ciberbullying en el centro.

Detectar comportamientos que pueden derivar en acoso es una obligación de la que la comunidad escolar no puede abdicar. Su deber no es ocultarlos o intentar que no trasciendan, sino todo lo contrario: ponerlos en conocimiento de las familias, la policía y la Fiscalía.
Tampoco los padres pueden desentenderse y endosarles a los profesores toda la responsabilidad. La educación ha de ser una tarea compartida y el proceso de aprendizaje y de socialización de los niños se debe conjugar en dos ámbitos irrenunciables: el hogar y la escuela.

Protejámoslos por favor. Son nuestra responsabilidad, y eso, no es cosa de niños.

Gracias por seguir conmigo.
Amor García Mula.

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