El espíritu de Syd Barret. La Impertinencia Consecuente XXXIV

El espíritu de Syd Barret.  La Impertinencia Consecuente XXXIV

Estaba yo en el balcón del Ayuntamiento, y debajo, en la Plaza de España se estaba celebrando una especie de juicio, como si fuera un pleno.

Me desperté sudoroso y con la boca más seca que un risco del Sahara. Había tenido uno de esos sueños que rallaban el surrealismo y al mismo tiempo tan real que parecía que lo estaba viviendo. Incluso creo que hablé en el sueño, y pegué patadas,  o tal vez maldecí, no lo sé…el caso es que nadie vino a despertarme por lo que creo que tampoco hice excesivo ruido.

Era fin de año y como siempre eso de las campanadas y las uvas lo deseché. Me resulta contradictorio eso de empezar el año con la boca llena de uvas y sobre todo haciendo la misma estupidez que unas cuantas decenas de millones de españoles  atragantados y con la comisura de los labios bordeando líquido y sonriendo de forma artificial. Así que ya entrado unos minutos el nuevo año apuré mi Guinness y bailé como en “Alicia en el país de las maravillas” Gracias a uno de esos programas de televisión en los que de forma milagrosa uno consigue reconciliarse con la humanidad y comprende lo importante que es el trabajo de los documentalistas de archivo en televisión tratándose de programas de música.

-”Bailemos y que nos juzguen de locos, ¿usted conoce cuerdos felices?”

Así que celebré, desde un punto de vista psicodélico y analgésico por mi maldito dolor de garganta y unas décima de fiebre, pero hubo un momento en que el espíritu de Syd Barret me hizo recular y dormir, y en un “See Emily Play” lo soñé. Fue un despertar de año nuevo como una revelación y como tal os lo he de contar, ya que creo que el dios de los indios navajos o lo que sea que se apoderó de mi durante esa noche me obligó en cierto modo a revelaros dicho sueño, pero os aseguro que lo soñé.

Estaba yo en el balcón del Ayuntamiento, y debajo, en la Plaza de España se estaba celebrando una especie de juicio, como si fuera un pleno. De un lado estaban los representantes públicos elegidos por el pueblo, en el centro unos cuantos con pinta de locos que parecía que hacían de jueces, y en el fondo los siete u ocho oligarcas propietarios de las casas en ruinas del casco histórico.

En mi sueño, y desde mi posición en lo alto del balcón del edificio del Ayuntamiento no conseguía entender muy bien que se decían, pero parecía que andaban muy enfurecidos, y los oligarcas parecían avergonzados, pero cuando parecía que los locos del centro iban ya a dictar un veredicto una mano tocó mi espalda.

Era mujer y tenía una cara normal, como las que siempre se olvidan al rato, pero llevaba a alguien a su lado con una cámara réflex y parecía de los que por obligación hay que tomar en serio.

Cuando me dijo que ya me podía ir despertando y que nada iba a cambiar ya sabía que era de esos “periodistas” al servicio del que manda, ¿y quién es o son los qué mandan?

Me desperté y vi que ya era día uno del nuevo año, y me puse a escribir esto.

¡Feliz año nuevo, ya que lo de feliz Lorca nueva…pues no!    

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