EL ESTADIO DE LA QUÍMICA

EL ESTADIO DE LA QUÍMICA

Germán repasó mentalmente la vez en que se quitó un dolor lumbar haciendo unos ejercicios abdominales especiales; o cuando atajó una gripe con dos copazos y a la cama a sudarla

En la cama de la habitación 503 del Hospital Puerta de Hierro, con medio cuerpo escayolado y varios tornillos en la cabeza del fémur derecho, Germán llegó a la conclusión de que había que pasar a un nuevo estadio.

Todo empezó cuando los análisis rutinarios en el trabajo marcaron con claridad 256 miligramos en la relación HDL/LDL. Que tienes colesterol, Germán, le aclaró el médico mientras escribía las pastillas que debía tomarse a diario. No será para tanto, pensó él. Esto del colesterol es una exageración de los médicos, que quieren curarse en salud. Además, yo las cosas me las he tratado siempre de forma natural, nada de química.

Germán repasó mentalmente la vez en que se quitó un dolor lumbar haciendo unos ejercicios abdominales especiales; o cuando atajó una gripe con dos copazos y a la cama a sudarla; o cuando a base de kiwis en el desayuno había conseguido evitar un resfriado en el que había caído todo kiski a su alrededor.

Así que Germán, haciendo uso de los amplios conocimientos de Medicina que había adquirido en Económicas, decidió que el colesterol ese lo bajaba él con cuatro carreras por el bosque.

Se pegó tal paliza de correr que al día siguiente tenía agujetas hasta en los ojos. Las mismas que le hicieron dar un mal paso en las escaleras y bajar rodando hasta la planta de abajo.

Puede que deba solucionar algunas cosas con algo de química a partir de ahora, sí.

Es hora de la pastilla.

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