Gallego, en el tránsito a la modernidad

Gallego, en el tránsito a la modernidad

Pero sepan que aún le quedó tiempo para ejercer de cancerbero con el Águilas CF, hasta llegar al cénit de su carrera balompédica con el fichaje por Los Sénecas, conjunto donde era más fácil resolver una ecuación de segundo grado o explicar la fenomenología de Husserl que ganar un partido.

Esta mañana de otoño de 1967 quizá encuentren, paseando por el patio del Instituto, a una pareja de buenos mozos, jóvenes y bien plantados, antes nunca vistos. Pues sepan que son profesores que conversan con sus alumnos no se sabe si de fútbol o de disciplinas más serias, con llana naturalidad, como si de iguales se tratara. Y si preguntan, les dirán que ambos han venido a encargarse, como interinos, de las clases de Ciencias Naturales, con el beneplácito de sus nuevos discípulos, hasta ahora sometidos a los gestos ceñudos y a las distancias que la edad y el viejo talante imponen.

Centrémonos en uno de ellos, el de la carrera de Filosofía cursada en la Universidad Pontificia de Salamanca, que vean cómo le ha servido para ser nombrado profesor de Inglés, y al año siguiente de Francés, pero dando clase de las dichas Ciencias, de Lengua, Francés y algún curso de Trabajos manuales.

Si lo siguen con atención, verán cómo mantiene curiosos y atentos a sus alumnos en clase, cómo se interesa por los asuntos del Centro, cómo colabora con el tremendo Jefe de Estudios y cómo poco a poco se va ganando la confianza de tirios y troyanos en el Claustro.

Pero al margen del trabajo, asistan ahora a los ensayos y a la brillante representación de Los Pelópidas, de Jorge Llopis, y vean la expectación y el éxito con que fueron premiados los corifeos y las coriguapas dirigidos por él. Y véanlo luego, en 1969, como mantenedor de unos memorables Juegos Florales, pronunciando el florido discurso que merecía la ocasión y luego abriendo el baile de gala en el casino con la guapa señorita reina del evento.

Tomen nota de cómo, ya profesor agregado, tras dos años en Alcalá de Guadaira y uno en Águilas, regresa y se estrena en 1973 como Jefe de Estudios, de la mano de la Directora María Guirado, otro de los hallazgos de la cosecha del 67. Y será cosa de ver cómo alumnos y profesores apreciarán en su guarda cuidadosa una conjunción del mandato imperioso, que despeja zaguanes y pasillos, deshace corrillos y tertulias y repone el silencio en las aulas, y del talante receptivo del que dialoga y resuelve conflictos, de manera que en él se ahorman y no se oponen tradición y modernidad, autoridad y participación, en una transición armónica hacia el futuro.

El profesor Gallego en su despacho de Jefe de Estudios (Archivo J. A. Gallego).

Vean cómo el tándem directivo organiza con temple y buena mano el recién bautizado Instituto Femenino, privado de sus mejores piezas con el desdoblamiento, organizan actos culturales de todo tipo y planifican itinerarios y actividades para las excursiones, a las que la una y el otro se apuntarán los primeros.

Pero no se pierdan su actuación estelar en representaciones teatrales memorables. Pongamos que hablo, por ejemplo, de Una clase y demás, obra en que, en un ejercicio de magia, el mundo se volvía al revés, y los profesores se convertían en alumnos respondones y alborotadores, para asombro y jolgorio de los discípulos verdaderos, que vieron superado con creces el espíritu subversivo y carnavalero de sus farsas de Santo Tomás. Y no diremos nada de su papel de cazador burlado en Farsa y justicia del Corregidor, representación con que el elenco de profesores sorprendió a todos en otro Santo Tomás.

El profesor, con Encarna Herrera y otros actores, en Farsa y justicia del Corregidor (Archivo J. A. Gallego).

Pero sepan que aún le quedó tiempo para ejercer de cancerbero con el Águilas CF, hasta llegar al cénit de su carrera balompédica con el fichaje por Los Sénecas, conjunto donde era más fácil resolver una ecuación de segundo grado o explicar la fenomenología de Husserl que ganar un partido.

Su brillante labor en el Femenino acabó en 1979: si ustedes son sus amigos, quizá encuentren en su vieja cartera una tarjeta que dice ”JOSÉ A. GALLEGO LÓPEZ, Catedrático chusquero”, que les dará cuenta de su ascenso por méritos propios. Ello le obligará trasladarse a Águilas, y luego al Masculino. Aunque pronto su carrera política, que le llevaría a la Alcaldía y al Senado, convertido en un lorquino ilustrado e ilustre, interrumpió su trayectoria docente, que los profesores y alumnos que tuvimos la suerte de conocerlo siempre recordaremos.

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