Imagen primera de D. Francisco Ros

José Quiñonero Hernández

Nos conformamos con verle en aquella especie de 'sancta sanctorum' de la dirección, del todo desconocido y remoto, que contemplábamos, sin pararnos, cuando tomábamos el largo pasillo del ala derecha del Instituto, camino del recreo.


Primer Instituto 11 marzo, 2019


A quienes no tuvimos la suerte de conocerlo como profesor, los afortunados que sí decían que con él las matemáticas eran como una fuente que mana y corre, de la que se puede beber y saciarse sin esfuerzo; cosa que a muchos nunca nos había ocurrido con esta materia, que nos parecía árida como las arenas del desierto. Así que nosotros nos conformamos con verle en aquella especie de ‘sancta sanctorum’ de la dirección, del todo desconocido y remoto, que contemplábamos, sin pararnos, cuando tomábamos el largo pasillo del ala derecha del Instituto, camino del recreo.

Aunque en Cuarto curso, para sorpresa nuestra, un día lo vimos entrar en nuestra aula, con un andar despacioso y un tanto solemne y un rostro tranquilo e inexpresivo bajo la rizada peluca ya cana. Era una guardia y, como sustituto del profesor de Física y Química, se vio en la obligación de conocer algún detalle de lo que estábamos estudiando. Y desde el mismo momento en que algún enterado le informó de que estábamos enfrascados en la ley de Boyle-Mariotte, cosa que muchos otros desconocíamos, yo estuve seguro de que el señalado para contrastar la asimilación de dichos conocimientos sería yo, en consonancia con sus propias intenciones, que, desde que entró por la puerta, no eran más que ponerme en situación de lucirme. Y nada más a propósito que esta ley para formular algunas preguntas sobre la relación entre presión y volumen en la cámara de un automóvil, sin dudar ni un momento sobre nuestro conocimiento del enunciado de la fórmula.

A estas cuestiones prácticas, sin duda al alcance de un niño de teta, yo no contestaba nada, o lo hacía con una respuesta inversamente proporcional a la acertada. Seguramente él y yo sufrimos una situación embarazosa a costa de mi ignorancia; aunque él quizá se consolara pensando que yo debía de ser de letras, por inclinación natural o más bien a causa de mi incompetencia, como les ocurrió a otros miembros de mi familia, por él muy conocidos.

Entrega los Diplomas de Honor en el acto inaugural del curso, hacia 1965 (Archivo del autor).

Les diré que también lo veríamos cada año en la solemne ceremonia de inauguración del curso cuando, con la cabeza un tanto inclinada hacia un lado y el rostro benevolente, entregaba los diplomas de honores a los alumnos sobresalientes, ante la mirada complacida de don Alfonso y del claustro de profesores, la atención cortés de las autoridades y jerarquías locales y el discreto aplauso de la audiencia. Y tengan por seguro que aquel año de 1965, tras leer de reojo en el único correspondiente a mi humilde persona que no era de Matemáticas sino de Historia, confirmaría que era lo lógico en cabeza tan poco amueblada para el álgebra y el razonamiento matemático.

Luego, lo seguimos viendo mientras pasaba el tiempo de sus más de veinte años de provechosa docencia y de dirección acertada y prudente, guardados para siempre en la memoria de incontables profesores y alumnos, que admiraron la reposada sabiduría y el buen talante del profesor eminente, mientras acrecentaba el prestigio y la influencia del Instituto que él vio renacer un noviembre remoto de 1944.

10 respuestas a “Imagen primera de D. Francisco Ros”

  1. A. Belén Ruiz Jerez dice:

    Ostras! Qué gracioso! El artículo, me refiero, claro. Aunque la foto bien merece una mención, aunque sea reservada. Al igual que me resulta gracioso que el diploma de Honor sea de Historia y no de Literatura. Hubiera jurado haber oído rumores diciendo que Vd. no sabía nada de historia. Siga, siga contándonos anécdotas, historias y demás.

  2. José Quiñonero Hernández dice:

    A Belén y a los pocos desocupados y sufridos lectores de estas “letrillas” les diré que como el Honor en Historia no se compagina con mi incompetencia esa materia, cuando avancemos en el tiempo solo escribiré de lo que vi, viví y sentí, en primera persona.
    Y ese avance ha comenzado ya con la figura de D. Francisco Ros, quien tanto hizo por mí, y por muchos, y nunca me lo hizo ver ni presumió de ello, como suelen hacer las personas generosas y prudentes. Y luego vendrán don Alfonso, y Carmen Rey, y María Agustina, y María Guirado, y José Antonio Gallego, y…

  3. Mercedes Martínez Gómez dice:

    Siempre recordaré a D. Francisco Ros. No fui alumna suya y en mis años de estudiante era una figura lejana y respetable. Pero a él, como todos los jóvenes de mi generación y anteriores, le debemos nuestro nombramiento como profesores interinos pues entonces los directores de instituto intervenían de modo decisivo en ese asunto. Y de él y de otros profesores aprendimos profesionalidad y rigor. Nos conocía perfectamente , alentaba, y y y para mí fue una ayuda impagable en años muy difíciles . Mi cariño para este profesor que se definía «Humanus sum et nihil humanum a me alienum puto.» La humanidad , inteligencia e ironía les eran consustanciales.

  4. Antonio José Mula Gómez dice:

    Una buena semblanza de quien lo fue todo en nuestro querido Instituto y una autoridad en aquella Lorca adormecida, donde el centro y sus profesores conformaban una ínsula cultural.
    D. Francisco no fue profesor mío, porque al igual que el maestro Quiñonero, yo era de Letras, pero tuve ocasión de conocerle más tarde y escuchar sus historias mil y sus interesantes vivencias académicas y sociales en una España muy desconocida para los más jóvenes. Su larga permanencia en la dirección de nuestro Instituto le hacen ser referencia y, si se me permite, leyenda.

  5. A. Belén Ruiz Jerez dice:

    En respuesta a D. José Quiñonero: siendo tan adicta como soy a la novela histórica, me apena que haya dejado tantos años en el tintero. No obstante, sea en primera persona o a transportándose en el tiempo, lo importante es que nos siga deleitando con más historias y anécdotas. Prolongue el tiempo si es necesario.

  6. Francisco Contreras Pérez dice:

    Que gratos recuerdos me traen este artículo y esa foto. Aprencié en don Francisco no sólo su forma de enfocar las matemáticas- fui alumno suyo en Sexto y Preu-, sino también su fina ironía. Tuve el enorme privilegio de compartir con él, junto con José Luis Aliod, José María González, entre otros, momentos de ocio y tertulia en los que conocí su componente más humana y su gran inteligencia emocional.
    Quiero aprovechar este artículo para recordar también a tres profesoras que junto con don Francisco Ros dejaron en mi profunda huella me refiero a Ana Caicedo y María Agustina, como profesoras y a María Guirado, como mi primera y muy apreciada directora.

  7. Fernando Martínez Serrano dice:

    Para muchas generaciones de lorquinos Don Francisco ha sido un profesor de Matemáticas que lograba hacer amena y comprensible la asignatura;un director que coordinaba de modo excelente a sus profesores,que los defendía ante la Administración en situaciones y momentos delicados;un humanista que no limitaba su saber a la asignatura de la que era catedrático;una persona de singular bonhomía.
    Para mí, un hombre excepcional con el que tuve la suerte de convivir desde diferentes perspectivas,todas gratas.

  8. Ricardo Alarcon Lopez dice:

    No tuve la suerte de ser alumno de Don Francisco.Lo conocí cuando llegué como profesor al Centro, y no puedo más que corroborar todo lo que algunos de vosotros, que sin duda lo conocisteis mejor que yo , habéis escrito. Para mi fue un ejemplo , como profesor y como jefe, aunque difícilmente imitable. Su conocimiento, empatía y buenos consejos forman parte de mi bagaje profesional

  9. Ricardo Alarcón dice:

    No tuve la suerte de ser alumno de Don Francisco. Lo conocí cuando, recién terminados mis estudios , me incorporé como profesor al Instituto de Lorca. Su personalidad , profesionalidad y bonhomie, así como su fina ironia y sentido del humor, me impresionaron desde el primer momento. Siempre me sentí bien tratado y sudado por él y, desde luego, estoy convencido de la fortuna que han tenido este instituto , y este pueblo, de contar con tan ilustre persona. Sin duda alguna inolvidable para los que lo conocimos

  10. Ncolás Maurandi Guillén dice:

    Me uno gustoso y con entusiasmo al homenaje que tanto se merece don Francisco Ros Giner. Es una figura inolvidable para todos los que, en los ya lejanos años sesenta, pasamos por las aulas del Instituto de Lorca (yo estuve en ellas nada menos que 9 años -2 de Preparatoria y 7 de Bachiller y Preu).
    Quiero dejar aquí testimonio de su valía personal e intelectual. En lo personal, como vecino y amigo fraternal de su hijo Paco (una amistad que nos une ya más de sesenta años), tuve la inmensa suerte de frecuentar su hogar familiar; y de disfrutar de la simpatía y el cariño que, tanto él como su esposa, siempre me dispensaron en mis años de niñez.
    Pero me interesa especialmente destacar aquí su dimensión de intelectual completo. Era un hombre de Ciencias, en un nivel de excelencia, pero que supo hacer compatibles esos conocimientos específicos de su oficio de matemático con amplios saberes humanísticos. Y a ello unía una gran curiosidad por los aconteceres de la actualidad, como lo demostraba su hábito de leer cada día la prensa regional y nacional (recuerdo ver en su casa invariablemente “La Verdad” y el diario “Madrid”).
    Finalmente, hay otra faceta, la cívica, que también quiero subrayar con singular énfasis. Don Francisco, en aquel entorno de los años sesenta, mantuvo un silencio sobre el marco institucional en el que vivíamos que, en una persona de su importante posición social, equivalía a un vehemente mensaje de que aquello no era lo mejor y era claramente perfectible. Demostró un exigente espíritu cívico que, según ha recordado Fernando Martínez Serrano, le llevó a prestar su apoyo a algún profesor que, por atreverse tímidamente a emitir opiniones críticas sobre lo circundante, se encontró en una situación comprometida.

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