La feliz recordación


Asistan conmigo, cada quince días, a colocaciones de primeras piedras, obras e inauguraciones fastuosas con desfiles y discursos solemnes, observen las viejas fotos que inmortalizan las inauguraciones de curso con sus entregas de honores y las instantáneas que dejaron larga estela de promociones retratadas en los patios y escaleras.

José Quiñonero

Primer Instituto 3 septiembre, 2018


A Pedro y Alfonso Hernández, mis tíos,
que me precedieron en este lugar del que hablo.

Los que somos poco amigos de efemérides, aniversarios y bodas (de plata, oro o diamante), alguna vez teníamos que hacer una excepción, sobre todo si aquello que celebramos forma parte de nuestra existencia, no ya individual, sino de un sentir y vivir colectivo muy extendido en el espacio y en el tiempo. Pongamos que hablo del primer Instituto de Lorca, y que me refiero a su inauguración en 1928, hace noventa años, en el local del antiguo Colegio de la Purísima, allá arriba, en la calle Abad de los Arcos; a su revitalización, en 1944, con un moderno edificio, en el vientre del Hoyo Muso, que alguien llamó el Palacio de Cristal, cumplidos ahora sus setenta y cinco años; y, sobre todo, a lo ocurrido desde aquellos lejanos tiempos.

Yo, que he vivido allí, de día y de noche, más de cuarenta años, aspiro, no a rotular cada cosa con su nombre, como hizo en principio el desmemoriado personaje de García Márquez, sino a dedicar un ramillete de palabras que me lleven a mí, y a otros, a luchar contra el olvido, frente a las desidias y catástrofes que han ido diluyendo los testimonios vivos de aquellos objetos, personas y eventos que se fueron para no volver.

Como si fuera aquel pícaro Diablo Cojuelo que levantaba los techos para curiosear los misterios de la vida bajo ellos, intentaré revivir con ustedes, si me leen, mediante crónicas aparentemente fidedignas y retratos entrevistos a través de la pátina del tiempo, los fastos solemnes y las menudencias de su grande o pequeña historia, para que todos juntos sirvan de memoria para la posteridad.

Así pues, asistan conmigo, cada quince días, a colocaciones de primeras piedras, obras e inauguraciones fastuosas con desfiles y discursos solemnes, observen las viejas fotos que inmortalizan las inauguraciones de curso con sus entregas de honores y las instantáneas que dejaron larga estela de promociones retratadas en los patios y escaleras, sufran las tribulaciones y sobresaltos de los examinandos libres, refresquen la memoria con las imágenes que inmortalizan el viaje a Ítaca de las excursiones, sean testigos mudos de algún evento futbolero memorable y repasen la nómina de alumnos sobresalientes que aquí crecieron.

Profesores y alumnos de la promoción de 1942 en los salones del Casino (Foto Menchón-AML).

Pero, sobre todo, sorpréndanse con la galería de retratos que dejan memoria de enormes profesores que fueron alumnos de Unamuno o conocieron en persona a Machado y Baroja, de directivos excelentes y duraderos y de jóvenes catedráticos que se asentaron en la aldea, llamada por alguno Villacualquiera, para bien de todos, mientras sufrían el destierro como represaliados o esperaban el lejano traslado, aunque unos pocos acabaran eligiéndola como destino definitivo para su vida. Sí, aquí encontrarán, como primera noticia para unos y feliz recordatorio para otros, a Félix Santamaría, José Pascual, Alfredo Milego, Alfonso García, Francisco Ros, García Borrón y José Calero. Y a un nutrido y ejemplar magisterio femenino, desde las veteranas Manolita Pérez, Ángeles Pascual o Amparo Gaya, a las modernas María Agustina, Ana Caicedo o María Guirado. Artífices todos de una frágil y fructífera convivencia de viejos y jóvenes, de antiguos y modernos, de inconformistas e integrados, sobre todo en los tiempos difíciles de represión y nacionalcatolicismo de la inacabable posguerra.

No olviden que hablo del primer Instituto de Lorca, varias décadas huérfano de nombre, aunque algunos quisieron bautizarlo con el de “J. Ibáñez Martín” -cosa que tarde y de chiripa consiguieron-, del que otros quieren privarlo ahora. Pero mírenlo: ahí estuvo, y ahí está, y ahí estará, con nombre o sin él, ante los ojos de muchos y en la memoria de casi todos.

(jose.quinonero@murciaeduca.es)

Feramur 2018

5 respuestas a “La feliz recordación”

  1. Antònia Pedrol Gomez dice:

    És un honor y un gran homenage recordar a un centro educativo como he podido leer en tu escrito.
    La història nunca se deben olvidar,en l’ós buenos momentos y l’ós no tan buenos,como el exilio de muchas personals,
    Y un emotivo recuerdo a todas las personals que ja no estan ,però que dejaron un enorme trabajo.
    Jo no soy de Lorca,però llevo sangre lorquina.
    I al leer este apartado me ha Llegado de orgullo
    saber que aun quedan personals capaces de recordar el pasado y presenten de un lugar como el intituto Ibáñez.
    Un recuerdo para mi querida prima M.Agustina.
    Enorabuena,y Adelante .a todos ellos

  2. Aún recuerdo mi primer día de Instituto (lo escribo con mayúscula adrede, pues bien crecí en él en todos los sentidos). Me cuadraron en una clase donde solo conocía a una persona (de mi pueblo, no éramos muchos más allí en aquel año), y la introducción con nuestro tutor, un tal Quiñonero, fue de lo más estrambótico que yo podía imaginar para mi edad. Nunca me había gustado la clase de lenguaje, y aquel año acabé mirando el reloj deseando que llegara esa hora donde aprendí a disfrutar de los libros, de las nuevas palabras, y a escribir como si me hubiera convertido en una mujer de letras.
    Ahora te leo y siento un nostalgia incapaz de describir. Solo puedo agradecerte que te sigas preocupando por todos nosotros y que compartas estos maravillosos detalles con ese estilo tuyo que siempre he admirado. Sepa usted que aquí tiene un capazo de guijarros para colocar entre las piedras, que seguro hará falta antes o después. Espero que así pueda llegar un poco más alto.

  3. Antonio J. Mula Gómez dice:

    Extraordinaria introducción a una iniciativa muy plausible y muy oportuna, en días en los que hay gente empeñada en borrar permanentemente la memoria del pasado. Estoy seguro que será un hermoso recorrido por la historia de un centro que dio categoría a la ciudad, que atrajo a estudiantes de las comarcas más cercanas y a un excelente profesorado. Los que nos formamos en él, agradecemos este recuerdo y seguro que será muy grato revivir su historia y sus tradiciones. ¡Volver al Ibáñez, un verdadero placer!. Enhorabuena

  4. miguel dice:

    Enhorabuena, Maestro.
    Un abrazo
    Miguel

    • Pepe G. Murcia dice:

      Motivante presentación para la tarea que se propone el profesor Quiñonero, de cuyo éxito no dudo conociendo el buen hacer del autor.
      Ya lo avanza en estas primeras palabras, y se entiende perfectamente. El primer Instituto de Lorca no arranca en el 44 sino que viene de mucho antes.
      Espero con ansiedad las entregas del docto profesor, que además de remembranzas, seguro, serán luces radiantes que despejen la niebla que a veces nos ciega.

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