La historia de Carmen Rey

José Quiñonero Hernández

Sus lecciones tenían lugar siempre al compás, acompasado e isócrono, de un pasear lento, despacioso, rítmico,...


Primer Instituto 1 abril, 2019


Como si hubiera sido ayer, los que un día asistimos a sus clases podemos recordar a doña Carmen Rey -por la «gallega» la conocíamos entonces- entrando a clase cargada de libros y de sobres repletos de misteriosos y variados papeles, con aire de ancho y confiado despiste; embutida en un pardo e inmutable abrigo, con el bolso inseparable colgado descuidadamente del brazo, como partes inseparables de su imagen y testigos mudos de su actividad.

Pero nadie recuerda haberla visto ocupar ese sillón preeminente que antaño llamaban «cátedra» -lo cual, por aquel entonces, no dejaba de ser tenido por un suceso notable-, salvo en alguna contada ocasión que, curiosamente, solía coincidir con los exámenes.

Y es que doña Carmen, en esto, parecía ir al revés del mundo. Sus lecciones tenían lugar siempre al compás, acompasado e isócrono, de un pasear lento, despacioso, rítmico, orquestado por el monótono taconeo de unos zapatos que, no sé porqué, sonaban a zueco gallego. Su guía y norte era una mano que, ligeramente apoyada en la cintura, se adelantaba con la palma hacia arriba, alternativamente estrujando o dejando ondear un pequeño pañuelo, mientras que la otra se apoyaba en jarras sobre el costado…

El armónico desorden de la figura y el rítmico andar mesurado, se completaban con la monotonía de la voz, teñida de una especial ronquera, suave como dicen que lo es el murmullo de las robledas gallegas al ser abrazadas por los vientos del Atlántico; y con unas frases de sintaxis cadenciosa y arcaica, modulada a lo largo de los siglos.

Carmen Rey con la promoción del 1954, en la escalera de acceso al recinto del Instituto (Menchón-Archivo Instituto).

Original, y hasta paradójica, era la actitud de Carmen Rey con respecto a los exámenes. Hay que confesar que por aquellos tiempos estaba muy extendido el rumor de que en los de Historia «se copiaba». (Quizá no sea esto cierto, pero yo no me atrevería a arrojar la primera piedra.) A este respecto, cuentan que en un examen un alumno le preguntó si era conveniente copiar también la letra pequeña, a lo que ella contestó -con una frase cargada de luminosa sabiduría- que eso lo dejaba a su albedrío.

Sin embargo, y a pesar de esta actitud aparentemente despistada y condescendiente, las notas finales revelaban un buen conocimiento de cada uno, obtenido del contacto diario, de la observación de un cúmulo de circunstancias que le permitían evaluar la capacidad de juicio y de asimilación de contenidos, más que de memorización repetitiva de fechas y sucesos. Quizá porque, como dice Machado del profesor Giner de los Ríos, consideraba que la ciencia no es el fruto de un árbol paradisíaco e inalcanzable, sino “una semilla que ha de germinar y florecer y madurar en las almas”. Y ella iba adelantando sin alardes ni excesivas retóricas esa siembra, de la que pueden dar cuenta los muchos que descubrieron las sendas de la Historia, desbrozadas en sus primeros tramos por ella, y otros tantos a los que más tarde se nos quitó la ilusión de seguirlas.

[Síntesis del artículo publicado en el “Homenaje a Carmen Rey”, de la revista Instituto-Express, en junio de 1976.]

5 respuestas a “La historia de Carmen Rey”

  1. Antonio José Mula Gómez dice:

    Acertado retrato de una excelente profesora que dejó huella en el Instituto y en sus alumnos, entre los que me encuentro. Dña Carmen Rey despertó en mi la pasión por la Historia, mi vocación de historiador, aunque solo llegase a la categoría de aprendiz.
    No solo el acontecimiento histórico sino el contexto de la época, las consecuencias, los personajes y sus vidas, formaban parte de sus lecciones. Su humanidad y su conocimiento de los temas, una acertada y moderna bibliografía y un saber enseñar forjaron muchas vocaciones de historiadores y profesores. Un grato recuerdo y homenaje.

  2. Celia Martínez dice:

    Recuerdo un concurso que hacía imitando al , por entonces célebre , » Cesta y puntos». Los participantes preparábamos las preguntas para el equipo contrario,así que eran siempre complicadísimas. Esto suponía estudiar la Georafía y la Historia al mínimo detalle El equipo vencedor recibía un obsequio que ella misma compraba y que sacaba parsimoniosamente de su enorme e inseparable bolso pardo. Resultaba pedagógico y divertido. Fue una excelente profesora.

  3. Fernando Martínez Serrano dice:

    Despliega Pepe su prosa poética y hace este maravilloso retrato de Dª Carmen.
    Yo la recuerdo dulce,pausada,tolerante,con claridad conceptual y riqueza expresiva.
    Lleva razón Antonio José: nos hizo cambiar nuestra percepción de la asignatura de Historia,comprendimos que era mucho más que l simple memorización de datos.

  4. A. Belén Ruiz dice:

    Al leer el texto, parece que hubiera pasado por mí un año entero viendo a doña Carmen paseando pausadamente por los pasillos, dando clase y, finalmente, en el claustro poniendo nota final a todos sus alumnos. Gracias por estas descripciones que, a veces, desembocan en una pena por no haberlos tenido como profesores.

  5. Mercedes Martínez Gómez dice:

    Sólo en preu recibí clase de doña Carmen Rey. Entonces yo la veía ya mayor. Una mujer llena de candor, algo distraída,dulce reposada, que perdía la noción del tiempo cuando daba sus extensas explicaciones. Siempre iba acompañada de sus inseparables Ángeles Pascual y Luisa G. Mulero. Un trío entrañable. Tan distintas y tan compenetradas.
    Sus clases de Historia eran de una profundidad y erudición apabullantes, con detalles que nos situaban en contextos tan distantes para nosotros. Por ejemplo, que los los Austrias padecían gota por« el absurdo régimen dietético de la época», lo que te llevaba a imaginar una grandiosa bandeja de plata portando un suculento venado.
    Cuando llegué a la Universidad sufrí una gran decepción al contrastar la enseñanza de la Historia que allí se daba,tediosa y monocorde, con las clases vivas de mis profesoras del Instituto que sabían entusiasmar con sus lecciones

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