La inauguración

José Quiñonero Hernández

Las viejas crónicas cuentan y no acaban acerca de la nueva era que comienza para el pueblo lorquino a propósito del “acto más grande que se registra en los fastos de la cultura contemporánea de esta bella Ciudad del Sol”.


Primer Instituto 15 octubre, 2018


Las viejas crónicas cuentan y no acaban acerca de la nueva era que comienza para el pueblo lorquino a propósito del “acto más grande que se registra en los fastos de la cultura contemporánea de esta bella Ciudad del Sol”. Pero la pequeña historia nos lleva a fijarnos en ese anciano que, esta fresca mañana de octubre de 1928, contempla desde el atrio de San Patricio la comitiva de la corporación municipal y autoridades provinciales, en medio de la animación extraordinaria que reina en la Plaza de la Libertad, mientras mantiene vivos en su memoria los repiques de campanas, las iluminaciones de calles y edificios públicos, las bandas de música en los balcones del Ayuntamiento, el Te Deum y la misa con sermón en la Iglesia Mayor, así como las procesiones cívicas de autoridades y gremios amenizadas con música, que celebraron la inauguración del primer Instituto de Segunda Enseñanza, sesenta y cuatro años antes, en 1864, cuando él era un niño.

Acompañemos a nuestro viejo y nuevo testigo, subamos con él la cuesta de San Patricio y abrámonos paso por la calle Abad de los Arcos “completamente invadida de público“ mientras suena “un precioso programa de música de la banda municipal”, hasta llegar a la portada del antiguo Colegio de la Purísima, sede del nuevo Centro, que será admirada por las autoridades, así como las magníficas obras efectuadas en todo el edificio, “cuyas condiciones fueron calurosamente elogiadas”. Aunque nada dice la gran historia sobre si nuestro protagonista puedo alcanzar el salón de actos, que todos los cronis-tas presentan preciosamente decorado y “totalmente ocupado por un selecto público”, aunque alguno de los plumillas lamenta el exceso de concurrencia que les obligaba a utilizar las rodillas como pupitres.

Las autoridades en la inauguración del Instituto, el 25 de octubre de 1928 (Menchón-AML)

Si estuvo allí, escucharía con atención y aplaudiría con entusiasmo las intervenciones de los miembros de la presidencia del acto solemne de inauguración: el culto Secretario Sr. Pascual Urbán; el Comisario Regio Sr. García Conejero, que apunta que “este Instituto no solo será un centro de cultura, sino una escuela de ciudadanía”; el Rector de la Universidad de Murcia Sr. Lostau, quien indica que se debe de cuidar con cariño a este instituto, sin distinciones de izquierdas ni de derechas; el Gobernador Civil Sr. Mora, que glosa el ideal de Costa de “instrucción y despensa”, que él ha seguido al compartir con los lorquinos la alegría por la concesión de las aguas de los ríos Castril y Guardal y ahora la inauguración del Instituto, que “darán a Lorca un porvenir próspero y brillante, para orgullo de ella y honra de España”.

Estas proclamas regeneracionistas y patrióticas llevarían a pensar a nuestro espectador que así se cumpliría la aspiración, leída en un reciente editorial de La Verdad, de que el nuevo Instituto sirva para orientar al trabajo las energías de “los señoritos de pueblo, esa clase inactiva y parasitaria, que consume sus horas en la murmuración y en el ocio del casino o del cabaret rural”.

Donde seguro que no estuvo nuestro humilde y curioso observador fue en el espléndido banquete, “que no bajaría de cuarenta cubiertos”, con que a continuación se agasajó a autoridades y claustro de profesores, en el Casino, sede de la Unión Patriótica, que las crónicas fidedignas certifican que estuvo compuesto de “Entremeses, Tortilla Parisién, Filetes de solomillo a la Perigord, Langostinos en salsa tártara” y otras delicias, incluidos mantecados, vino de Rioja y Champagne; todo ello servido por el Sr. Mainer, del Hotel Comercio, y amenizado por la banda musical dirigida por el Sr. Jiménez.

Así fue, así lo vieron los ciudadanos y así lo cuentan las crónicas verídicas que de este evento memorable se escribieron, para recuerdo y memoria de la posteridad.

7 respuestas a “La inauguración”

  1. Mercedes Martínez Gomez dice:

    Muy bien documentado y narrado. Un acierto la perspectiva del hombrecillo observador y testigo del acontecimiento, hilo conductor de los capítulos.

  2. Antònia Pedrol Gomez dice:

    Sin lugar a dudas,un pueblo necesita un espacio para su formacion cultural en todos los Campos,y Lorca fue uno de ellos,gracias a un grupo de personas que lo llevaron a cabo.
    El escrito és curioso, nos menciona el menú.
    Un excelente manejar para la época.
    En el hotel Comercio, un especial recuerdo por mi parte.

  3. Fernando Martínez Serrano dice:

    Que alguien me diga si se puede narrar un hecho trascendental para la historia de Lorca de un modo más hermoso que este que nos regala Pepe Quiñonero.

  4. Antonio José Mula Gómez dice:

    Sin duda alguna es la crónica de una jornada histórica para la ciudad de Lorca, contada desde la perspectiva de un curioso observador. Lastima que no estuviese dentro, al lado de autoridades y jerarquías para contar de primera mano lo que allí sucedió, pero las crónicas de los periódicos, el eco de las fanfarrias y del paseillo cívico que presenció, le han servido para hace esta crónica inconclusa. Enhorabuena al observador, felicidades al cronista.

  5. Teresa dice:

    ¡Qué bonito lo cuenta!
    He viajado a 1928 y vivido este importante acontecimiento para Lorca y los lorquinos.

    • Ricardo Alarcon dice:

      Precioso Pepe: Muy bien documentado, mejor narrado, y profundamente sentido. Inmejorable. Lástima que no invitaran al hombrecillo al ágape, y nos hubiéramos enterado de los entresijos. Enhorabuena

  6. Me sigue pasando al leerle que los capítulos se me quedan cortos. Y es que me embauca ya desde el principio, me traslado en el tiempo, y no me apetece volver tan pronto pensando que la fiesta todavía prosigue y yo tengo que esperar al siguiente capítulo para continuarla.

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