La llegada del Ministro

José Quiñonero Hernández

El plumilla estará bien informado de que los comercios, aunque es lunes, no han abierto sus puertas, mientras las calles lucen adornadas de banderas, colgaduras y gallardetes que celebran el gran acontecimiento.


Primer Instituto 24 diciembre, 2018


Cuando, setenta y cinco años después, este cronista dé cuenta del evento memorable jamás visto ni oído, comenzará diciendo que eran las once en punto de la mañana de aquel 27 de noviembre de 1944, y anotará que el día había amanecido frío y gris, con el cielo encapotado y un viento desapacible del noroeste que traía el helor de las primeras nieves de la Sierra de María.

Entre las brumas del olvido, contemplará, aún nítido, el paisaje desnudo de la explanada frente a la fachada principal del nuevo Instituto, al comienzo de la Carretera de Granada, apenas adornado por los olmos vetustos que, ahora desnudos, flanquean la entrada del este. Allí situará el escuadrón de Infantería, con botas, polainas y uniformes abochados y descoloridos, no se sabe si del uso o por el paso del tiempo, que rinde honores al Ministro de Educación, tocado de gorra de plato y vestido de negro y flamante capote largo.

El plumilla estará bien informado de que los comercios, aunque es lunes, no han abierto sus puertas, mientras las calles lucen adornadas de banderas, colgaduras y gallardetes que celebran el gran acontecimiento. Y tampoco dejará de decir que, en el fondo, tras el entramado de la valla alambrada, levantada sobre el talud que separa el recinto de la carretera, se entrevé una marea oscura y difusa, de la que se alzan al frente cientos de manos abiertas que, impasible el ademán, transmiten su respeto y adhesión inquebrantable a las autoridades del Régimen.

El ministro José Ibáñez Martín pasa revista a las tropas a su llegada al recinto del nuevo edificio (Menchón-AML).

Tras el desfile de las tropas, anotará ahora que, frente al pórtico compuesto de tres airosas arcadas, que dejan ver esculpidos en lo alto de las puertas medallones con alegorías de la ciencia y las letras junto al escudo del nuevo Régimen, el Sr. Ministro es cumplimentado por las autoridades, jerarquías y representaciones provinciales y locales, entre ellas el gobernador civil y jefe provincial del Movimiento, el Presidente de la diputación, el alcalde de Lorca y el Excmo. y Magnífico Rector de la Universidad de Murcia, Sr. Batlle, así como los Excmos. y Rvdmos. Sres. obispos de Cartagena-Murcia y de Astorga.

Luego, el avispado reportero, sin perder detalle, seguirá a la comitiva que, ya dentro del edificio, se dirige a la amplia capilla del nuevo centro, donde el obispo oficiará una misa solemne, tras la cual se procederá a la bendición de las instalaciones del centro, en presencia de las autoridades.

Mientras, fuera, más allá de la valla, la muchedumbre se va diluyendo, camino de la Ramblilla y del Óvalo, mientras algunas familias hablan de que quizá ahora, con el nuevo Instituto y la ayuda de alguna beca, podrán darle estudios al hijo que pensaban colocar de aprendiz en la tienda o el taller. O de botones en un banco. Que no toda la vida van a durar los pesares y privaciones de estos años de plomo de la posguerra.

Más tarde, muchos volverán para, finalizado el acto, como prueba de reconocimiento, manifestar otra vez su adhesión inquebrantable al Sr. Ministro y a las autoridades y jerarquías, con el entusiasmo y el saludo de rigor.

8 respuestas a “La llegada del Ministro”

  1. Celia dice:

    Qué bien contado… Se hace uno al paisaje y Parece, incluso, que pudiera verse a las gentes comentar.

  2. Obdulia Guirao dice:

    Sí, allí estaba yo también, disipada entre esa muchedumbre anónima que desde detrás de la valla contemplaba el acontecimiento con humildad y emoción, mientras trataba de combatir el frío de la mañana, soñando con un futuro mejor. Gracias Pepe por haberme permitido estar allí.

  3. José Quiñonero Hernández dice:

    Obdulia: Me alegro de que tú también estuvieras en aquella memorable ocasión, aunque disimulada entre tanto obispo y jerarquía, como cuentan que andaba también por allí nuestro amigo Roland Barthes, husmeando tras la cortina del Salón de actos todos los signos y señales que, entreverados entre tanto discurso y palabrería, un día interpretará llevado de la mano del humilde cronista. Además, te diré que para este memorilla ha sido un honor haberte tenido como alumna, ejemplar por su curiosidad y espíritu de sacrificio; y un regalo no menor encontrarte como compañera en la tarea trabajada y placentera de enseñar, siempre en busca de la labor bien hecha. Que tu caso y el de muchos otros vale más que las solemnes fanfarrias de esta inauguración.

  4. Fernando Martínez Serrano dice:

    La habitual maestría de José Quiñonero nos lleva a captar perfectamente el contexto histórico de la inauguración.
    Así,vemos a esa multitud que transmite respeto y adhesión al Régimen(genial lo de «impasible el ademán»);quienes no lo hicieran en una convocatoria patriótica podían sufrir algún correctivo.
    He atravesado ese pórtico miles de veces,como alumno y como profesor.He visto como se «borraba»el ostentoso escudo central.He pasado en ese Centro la mejor `parte de mi vida.
    Por tanto, gracias Pepe por la recreación.

  5. Marisol Navarro Simó dice:

    Querido amigo Pepe, precioso texto histórico sobre la inauguración del afamado instituto, también el primero para muchos aguileña que como bien sabes era la única opción de estudiar que tenían.

  6. José Quiñonero Hernández dice:

    Muchas gracias, Marisol, amiga, por tu comentario referido a lo importante que fue esta «pequeña universidad» para muchos aguileños que, como yo, vivieron en primera persona la peligrosa aventura de ser alumnos libres, tutelados ellos por la histórica academia Urci. A estos intrépidos aventureros dedicaremos alguna atención en próximas entregas.

  7. Ana Belén Ruiz Jerez dice:

    Qué bonito leer estas entregas, Pepe, quizá por mi afición a la lectura histórica contada de este modo. Estas en particular, por saber más de mi propio Instituto del que tanto he presumido siempre. Y, por supuesto, me resulta aún más agradable leerlo después de unos días, cuando el personal pone algunos comentarios, siempre curiosos y enriquecedores.
    No recuerdo haber reparado en los escudos a la entrada. Y también me pregunto dónde estaba esa capilla de la que nos habla el cronista, aunque la he imaginado al final del pasillo donde en mis tiempos se celebraban algunas exposiciones de arte.

  8. Jose Montiel dice:

    Amigo Pepe, es un placer leerte…. Estas evocaciones, que haces de distintos momentos de nuestra pequeña historia local con referencia al Instituto, son la leche, tío. Andaba yo apurando los últimos sorbos de tu espléndido » Registro de ocupaciones y vagancias», cuando empezaste a publicar estas crónicas fugaces y entrañables, que no sé que tienen pero mueven algo en nuestro interior. El viejecillo de la inauguración del 28, los jóvenes del 39 que, despojados de sus títulos, “abandonaron toda esperanza de hacer lo que querían hacer, de decir lo que pensaban y sentían”, el saludo falangista de la gente detrás de la alambrada, eso sí, mientras el ministro en plan militar pasa revista a una destartalada compañía para inaugurar un instituto de enseñanza….¿Alguien lo entiende? Sí, lo entendemos nosotros porque nacimos hace la tira de años, porque algunas veces también levantamos la mano, porque en la inauguración de cada curso veíamos en la presidencia al Jefe local de la Policía Nacional y al Coronel del Regimiento, porque “había que arrimarse a los buenos pero nunca para ser uno de ellos”. Gracias, Pepe

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