LA TIRANÍA DE LAS APARIENCIAS

LA TIRANÍA DE LAS APARIENCIAS

Tengamos en cuenta que no estamos coronando a un nuevo papa, cuando vayamos a celebrar una simple comunión que debe ser algo de tipo familiar, en la que no se pierda de vista que es el niño y no los fastos, el protagonista principal de todo eso. No necesita por tanto un hábito seudo-papal, y el resto de integrantes de la fiesta tampoco necesitan gastarse lo que no tienen, y que seguro que les hará más falta para otras prioridades.

Que el hábito no hace al monje, es cosa conocida, pero no por ello, se tiene muy en cuenta en nuestros días.

Al ser humano le han venido fascinando determinadas vestimentas y formas de comportamiento que llevan aparejadas las mismas. Algunos ejemplos bien conocidos son; precisamente, aquellas que corresponde llevar a miembros de determinadas religiones o grupos sociales para encarnar lo que se supone que son, o en su caso representan.

¿Alguien se puede imaginar al papa vestido con unos pantalones vaqueros y una camiseta de tirantes?, por poner un ejemplo. No es que no tenga el mismo derecho que todos los demás a vestirse como quiera, lo que ocurre es que está obligado a vestir como si esas ropas le dieran el poder de transmutación en un infalible guía de almas descarriadas. En el caso de tan insigne figura, que no siempre ha utilizado para bien la misma, acordémonos de la Edad Media y de las veleidades y ambiciones muy mundanas que han estado detrás de sus acciones, se puede entender en nombre de una tradición que ha ido haciéndose fuerza de costumbre y casi ley a lo largo de los siglos.

Pero, amigos lectores, lo que ahora ocurre con ese carrera frenética y absurda que lleva a muchas personas a dejar de lado el más mínimo sentido común, gastando lo que no tienen y dejando de atender necesidades básicas por ir a la última moda para procurarse una supuesta aceptación social, es de todo punto insensato y lleva a los afectados a un sufrimiento innecesario.

Y digo todo esto ya que estamos en época de comuniones y fastos varios, porque todos los años se repite el mismo ceremonial, y cada vez en una escalada mayor hacia el absurdo, en lo referente a esas celebraciones. El festejo de las comuniones que deberían tener como eje los niños, ha pasado a ser un exaltación y territorio de mayores que quieren hacer de las mismas una celebración de boda superlativa en la que lo más importante parecen ser las apariencias, y; ¡el yo más! o; ¡tú qué te creías que yo no podía! Entrando directamente en el peligroso territorio de la tiranía de las apariencias.

Tengamos en cuenta que no estamos coronando a un nuevo papa, cuando vayamos a celebrar una simple comunión que debe ser algo de tipo familiar, en la que no se pierda de vista que es el niño y no los fastos, el protagonista principal de todo eso. No necesita por tanto un hábito seudo-papal, y el resto de integrantes de la fiesta tampoco necesitan gastarse lo que no tienen, y que seguro que les hará más falta para otras prioridades.

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