LA TRAICIÓN NO TIENE VALORES NI MODALES

LA TRAICIÓN NO TIENE VALORES NI MODALES

La doble cara e hipocresía es un rasgo muy característico en el traidor además de la manipulación y deformación de la realidad, definiendo todo lo contrario a los hechos sucedidos. Es tan ruin que goza creando sufrimiento en aquel que preconiza la verdad y los valores al mezclarlo en sus tergiversaciones y visiones distorsionadas.

No sólo en política sino en la vida del día a día todos conocemos a esas garrapatas que se acercan a ti pidiendo ayuda y muy conscientes de tu empatía para conocer datos, aficiones, modo de vivir y querer, pretender usurpar tu lugar no sólo en redes.

Esa admiración de antaño se troca en patología y envidia, y nada mejor que crear una identidad como si fueras tu misma y escribir en tu nombre. Claro está la calumnia, la mentira son armas muy usadas en personas tóxicas a las que antaño escuchaste y ayudaste.

Pero de eso nada queda, se ha perdido la memoria dando paso a la obsesión para ser tú y derribarte. Por supuesto sin dignidad, ni ética, ni educación. Es una pena carecer de identidad propia, es infelicidad, odio, no quererse a sí misma tal cual y diferente.

El valor radica en distinguirse y ser diferente al resto no una copia en serie. Distancia, ese es el camino, alejamiento de quien no asume la vida real ni su rol en una sociedad, respetando el espacio y el ser del otro. De lo contrario surgirán situaciones incontrolables que generan impotencia y te arrastran al mismo fango donde no deseas entrar ni un solo instante.

La doble cara e hipocresía es un rasgo muy característico en el traidor además de la manipulación y deformación de la realidad, definiendo todo lo contrario a los hechos sucedidos. Es tan ruin que goza creando sufrimiento en aquel que preconiza la verdad y los valores al mezclarlo en sus tergiversaciones y visiones distorsionadas.

Pero eso es carencia de aptitudes y actitudes, sufriendo él más, al no ser como el modelo. Quiere imitar constituyendo una idea fija que le impide opciones maravillosas en la vida. Por eso nunca en nuestro diccionario tenga cabida la palabra prejuicio sino basarse en hechos, datos y situaciones plasmadas y palpadas. El auténtico fin del prejuicio es crear un perjuicio o mal que nada más que satisface a mentes enfermas, tóxicas y narcisistas.

Siempre el razonamiento, los argumentos, jamás el fanatismo y esa fé ciega de creer sin ver, de repetir frases y slogan como robots sin saber lo que se dice pero dañando enormemente a una de las partes.

Pilar Enjamio. Psicólogo

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