La vida breve del viejo Instituto (1864-1883)

La vida breve del viejo Instituto (1864-1883)

Con doce profesores y dieciséis asignaturas pudieron cursar su primer año los 179 primeros alumnos del flamante Centro, que en los años siguientes incrementó su matrícula hasta los 398 en plena Primera República o los 320 en 1874-75, en los inicios de la Restauración

Lorca tuvo siempre su aquel, su prurito de gran ciudad, frustrada en muchos momentos por no conseguir viejos anhelos: el obispado, una audiencia judicial o un Instituto de Segunda Enseñanza. Pero no nos engañemos: extensa en su municipio, representaba al arquetipo de una agrociudad, cabecera de una amplia comarca entre el Guadalentín y el Almanzora, con una escasa clase burguesa y con prebostes enriquecidos con la propiedad de tierras y de hilas de agua, que fueron capaces de movilizarse -dejémoslo en moverse- para conseguir el centro de enseñanza, ante la indiferencia o, mejor dicho, la “cansera” de una depauperada clase trabajadora.

En 1837 se suprimió el Colegio universitario de la Purísima Concepción, que había fundado el abad de la Colegiata, Francisco Arcos Moreno, en 1779. Sus rentas y propiedades se incorporaron al Instituto de Segunda Enseñanza de Murcia y por más que se intentó cuando se creó de nuevo el Instituto en 1864, nunca volvieron a Lorca. Hasta llegar a ese año, varios habían sido los intentos de establecer un Instituto en la ciudad. Las actas municipales reflejan el ansia y la frustración en 1838, en 1840, y en 1846, cuando por una Real Orden se autorizó a los Ayuntamientos que no eran capitales de provincia a solicitar Institutos de Segunda Enseñanza y no se consiguió, ni tampoco cuando la ley Moyano permitía la creación de Institutos de Tercera.

En esta ocasión, la moción de D. Francisco Cánovas Cobeño, bien argumentada y valorada, tampoco obtuvo resultado, pero el empeño había abierto camino: el ayuntamiento ofrecía la antigua casa del Corregidor para albergar el Instituto y el propio Cánovas donaba su Gabinete de Historia Natural (más de 2.000 piezas de zoología, mineralogía y geología y un completo herbario regional), y no será hasta 1864, con el apoyo de diputado lorquino Posada Herrera, cuando Lorca consiga su Instituto, aunque lastrado desde el principio por la financiación local y la autosufiencia del centro con cargo a las matrículas de los alumnos. Pero se había conseguido.

Fachada del Colegio de la Purísima, luego Instituto de Segunda Enseñanza, en la calle Zapatería, hoy Abad Arcos Moreno [Rafael Ruiz Castillo].

Con toda pompa y circunstancia, se inauguró el curso académico, coincidiendo con el cumpleaños de Isabel II, lo que se aprovechó en el consistorio para “tirar las campanas al vuelo”: conciertos de bandas de música, iluminación especial de las calles y plazas centrales (solo tres); Te Deum y Misa con sermón, procesión cívica y reparto de pan para los pobres (500 panes de dos libras), lectura de poesías y emotivo discurso de su primer Director, D. Juan Crisóstomo de Pereda recordando la travesía del desierto hasta llegar a ese momento.

Con doce profesores y dieciséis asignaturas pudieron cursar su primer año los 179 primeros alumnos del flamante Centro, que en los años siguientes incrementó su matrícula hasta los 398 en plena Primera República o los 320 en 1874-75, en los inicios de la Restauración. La apertura de otros centros en el entorno geográfico, las crisis económicas, de subsistencias y de miseria en algunos años, hicieron que los aportes municipales se minoraran en paralelo al descenso de las matrículas. Pese al empeño de prohombres como Cánovas Cobeño, Director del Instituto y alma mater del mismo, y de las corporaciones municipales, no se pudieron recuperar las rentas traspasadas al Instituto de Murcia, provenientes del desaparecido Colegio de la Purísima y de otros censos y donaciones, fruto de la voluntad del abad Arcos Moreno, de las donaciones de otro abad, el hermano del Consejero Robles Vives, y de Fernando Cano Neira, que ascendían en 1882 a 1.092,50 pts. Así la amenaza de cierre se cernía año tras año sobre el Instituto, pues los ingresos no llegaban para pagar la nómina y comenzar el curso.

El Instituto, cuyas instalaciones en el viejo edificio de la calle Zapatería, ya de propiedad municipal, había aguantado los embates de la revolución septembrina y de las partidas federalistas y carlistas, en 1876, con la monarquía restaurada y a la vista del cierre de centros semejantes como los de Játiva y Osuna, veía amenazada su existencia, por lo que las fuerzas vivas del momento, al unísono, mostraron su preocupación y propusieron incrementar un porcentaje sobre la contribución territorial e industrial para paliar esta dramática situación.

Nada se hizo, y cuatro años más tarde la situación empeoraba –“Cada año que pasa me parece que será el último en que os hable”, decía el Director en la inauguración del Curso- y la solución era, otra vez, la imposición de nuevos arbitrios, que no tuvieron efecto, por lo que el 31 de mayo de 1883, el Instituto de Lorca cerraba sus puertas y aulas, por las que habían pasado más de 5.300 alumnos, habiendo sido el faro de esa Lorca adormida, en siesta eterna, que veía pasar el tiempo y las oportunidades. Y así hasta 1928.

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  • José Quiñonero Hernández
    28 mayo, 2019, 13:12

    Para saber de dónde venimos en esto de la Enseñanza Media en Lorca, faltaba hablar de un precedente decimonónico frustrado. Para eso, Antonio Mula, historiador cumplido y fidedigno y experto conocedor de la historia lorquina del XIX, nos ofrece -en un espacio más que tasado- datos y valoraciones acerca del puedo y no quiero de instituciones y fuerzas vivas locales y provinciales, que fueron dejando morir de inanición al viejo Instituto de Segunda Enseñanza de Lorca, desde su misma creación, en 1868.
    Gracias, Antonio.

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  • José Quiñonero Hernández
    28 mayo, 2019, 13:14

    Fe de erratas: la creación del Instituto, como se dice en el texto del artículo, fue 1864.

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  • Fernando Martínez Serrano
    28 mayo, 2019, 19:45

    Me sumo al agradecimiento de Pepe. El artículo de Antonio es interesante y revelador.Sí que fue un parto difícil el del Instituto de Lorca. Y es que por aquí nunca tuvimos eso que vino en llamarse una burguesía ilustrada.

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  • Obdulia Guirao Castroverde
    28 mayo, 2019, 21:22

    Impecable e interesantísima lección de Historia local. Desde que tuve la primera noticia de la remota y enigmática existencia de este «primer instituto», sentí la necesidad de saber más acerca de él. Curiosidad que hoy veo más que satisfecha leyendo tus palabras. Para la mayoría de los de mi generación era un gran desconocido y ya iba siendo hora de que alguien desempolvara su historia. Se hizo esperar, pero al final llegó con merecida gloria. Muchas gracias, Antonio, por ilustrarnos y por rendir este particular homenaje póstumo a todos aquellos a cuyo esfuerzo y empeño debemos tamaño logro. Hoy tú los sacas del olvido o del anonimato. Gracias también en su nombre.

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  • Mercedes Martínez Gómez
    28 mayo, 2019, 22:25

    Una lección de Historia local. Y sirve para recordar la encomiable labor de Cánovas Cobeño y otros pocos ilustrados en ese empeño de hacer de Lorca algo más que una ciudad eminentemente agrícola y en poder de unos pocos terratenientes , los únicos que podían estudiar fuera en esos tiempos.

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