LA VIOLENCIA DESDE EL OTRO LADO DE LA MESA. UNA RESPUESTA A JAVIER


El acoso entre iguales se puede dar en muchos contextos, de muchas formas, puede manifestarse con episodios determinados o de forma más sutil y continuada en el tiempo, debemos educar a nuestros hijos en el respeto por encima de todo, también en emociones para que sean capaces de expresar, cualquier niño puede ser víctima y cualquiera acosador.

Amor García Mula

Hablando Bajito 11 febrero, 2017


Me llamo Amor y tengo 40 años. Soy psicóloga infantil.

Cuando le pedí a Javier que escribiera su historia, me preguntó qué tenía que contar. Le sugerí que usara las comas y que se dejara llevar por lo que el momento le marcase sin preocuparse de nada más; ni tan si quiera de ordenar. Le prometí hacer lo mismo.
Javier está en tratamiento psiquiátrico y psicológico por una depresión mayor con intento de suicidio, tiene fobia escolar, agorafobia, fobia social, problemas de comunicación, baja autoestima, insomnio, accesos de ira, ansiedad generalizada, trastorno por estrés postraumático y una larga lista de síntomas preocupantes, fue a la guardería adaptándose bien, se escolarizó con tres años como el resto de los niños, recuerda pasarlo mal durante las asambleas porque le daba vergüenza hablar, recuerda que le quitaban los juguetes y a veces el almuerzo cuando tocaba bocadillo de nocilla, recuerda que prefería jugar a juegos tranquilos y que por eso, poco a poco, casi todos los niños no querían jugar con él en el patio, recuerda una vez que jugaron a las luchas y le dieron un empujón que lo hizo caer y romperse el uniforme, se lo dijo a su madre, su madre a la maestra y la maestra a toda la clase en una asamblea que no había que hacer eso, siguió pasando porque era cosa de niños, Javier intentaba defenderse como le habían dicho, pero se reían de él, así que dejó de hacerlo y comenzó a intentar ser aceptado con todos los medios a su alcance, imitaba comportamientos disruptivos para que sus compañeros le hicieran caso, le hacían caso solo si era malo, pero lo rechazaban si se comportaba como él sabía, solo las niñas y Sergio lo trataban “normal” pero no le bastaba porque Sergio también jugaba con el resto, y las niñas preferían estar solas, acumulaba frustración y la canalizaba en casa con su familia porque le era necesario, comenzó a tener síntomas de fobia escolar, comenzó a hacerse pipí por las noches, comenzó a odiar todo lo que tuviera que ver con el colegio, era incapaz de prestar atención en clase e interrumpía mucho para que lo tuvieran en cuenta, los conflictos familiares aumentaban, también los castigos que servían para frustrarlo más, su maestra le doblaba los deberes para casa, el equipo de orientación del colegio lo pre diagnosticó de Déficit de Atención con Hiperactividad y un psicólogo confirmó el diagnóstico, Javier contó a ese psicólogo lo mal que estaba, el psicólogo le dio unas pautas de cómo relacionarse con los demás y sobre cómo estudiar, Javier se negó a ir porque no lo entendían, la maestra insistió en que el Déficit de Atención debía medicarse, cada vez estaba más enfadado, en un viaje de estudios sufrió ciber acoso por algunos compañeros y el resto no dijo nada, cada día era peor en clase, la orientadora y el director hablaron con él otra vez y no contó gran cosa aunque sí algo, hablaron con algunos compañeros y estos lo amenazaron fuera del colegio, el miedo, la rabia y la frustración aumentaban y decidió no contar nada más.

Un día pegó a su hermana con una silla tras venir del colegio, fue consciente de lo que había hecho, cada vez pasaba más tiempo jugando a la consola porque descubrió otra forma de relacionarse con niños que no lo juzgaban, sus padres pensaban que perdía el tiempo en cosas que no importaban, cuando le escondieron la consola en un ataque de ira se dio un cabezazo contra la pared, al pasar al Instituto imitaba a los mayores para que sus compañeros de primero lo respetaran teniéndole miedo, pero cada vez se sentía más solo porque los niños de su edad no lo querían así, cada vez que hablaba por el grupo de whatsapp de sus compañeros del cole, nadie le contestaba excepto para decirle “calla marica”, suspendió todo el primer trimestre y sus padres lo castigaron, en un ataque de furia destrozó una puerta empezó a sentir fobia social que manifestaba con enfados, ira y frustración, comenzó a tener crisis de angustia en lugares concurridos y poco a poco aparece la agorafobia, la angustia vital y la depresión, la desmotivación era absoluta y abandonó los estudios, Javier era un alumno brillante, un día rompió un cristal y se autolesionó para no agredir a sus padres, eso le hizo sentirse bien porque se castigaba, se sentía responsable y culpable de todo, empezó a ser mi paciente pero no me dejaba ayudarlo, sabía que si seguía viniendo algún día hablaría, ha comenzado a hacerlo pero muy lentamente, espero que no abandone, sé que no odia a todo el mundo, sé que se odia él, porque así se lo han enseñado a hacer.

El acoso entre iguales se puede dar en muchos contextos, de muchas formas, puede manifestarse con episodios determinados o de forma más sutil y continuada en el tiempo, debemos educar a nuestros hijos en el respeto por encima de todo, también en emociones para que sean capaces de expresar, cualquier niño puede ser víctima y cualquiera acosador, cuando un niño manifiesta alguna disfunción es porque algo le pasa, los espectadores también participan del acoso si no dicen nada, donde más se manifiesta es en el colegio porque es donde más tiempo pasan los niños y donde más se relacionan, suele pasar en los recreos, los niños imitan lo que ven, no es cosa de niños jamás, la violencia en cualquiera de sus manifestaciones hay que abordarla desde el primer minuto, los niños acosadores también tienen un problema, no hay perfil de víctima o acosador, puede durar años, puede cambiar de forma, debemos exigir programas continuados de prevención de la violencia en los centros educativos, debemos educar a que denuncien lo que ven aunque no vaya con ellos, la forma en la que tienen los niños de manifestar su malestar es amplia y puede cambiar de forma, no tenemos que hacerles caso si nos piden “no digas nada”, no nos debe asustar el posible enfado de otros padres, a menudo hay que sacar al niño del entorno maltratador sin que signifique huir, no podemos ofrecer estrategias a un niño para que se enfrente a otro, no debemos decirles que se defiendan porque les animamos a actuar igual y seguramente no sepan, hay que forzarlos a que cuenten lo que pasa si tenemos sospechas de algo, la comunicación entre docentes y padres es fundamental, no hay que esperar jamás, la frustración, el enfado, la tristeza y la indefensión son peligrosas se van de la mano, somos los que los protegemos, hay que enseñar al acosador estrategias para no usar la violencia, no hay que enseñar a la víctima estrategias para afrontarlo, solo hay que enseñarlo a que pida ayuda para que lo acompañemos, no todos los niños son iguales, ni sirve lo mismo para todos, estad atentos a sus grupos de whatsapp.

Es importante que los niños tengan más amigos distintos a los del contexto escolar, la violencia combatida con violencia está prohibida, jamás hay que enfrentar al acosador y a la víctima, no podemos dejarlos jamás en evidencia, debemos entender qué les pasa aunque no nos guste cómo manifiestan su enfado, no prestamos atención a las emociones ni a su gestión, jamás hay que justificar la conducta violenta de cualquier niño, el ignorar de forma consciente e hiriente a otro niño es violencia, a veces se diagnostican trastornos fantasma sin tener en cuenta por qué no prestan atención o no hacen los deberes, lo que para un niño puede ser normal para otro puede causarle mucha desazón, no todos los niños tienen las mismas estrategias de afrontamiento ni debemos facilitarlas si se trata de enfrentarse al maltratador, los padres que educamos a nuestros hijos en el respeto y el cariño lo estamos haciendo genial, si todos lo hicieran esto no existiría probablemente, los trastornos derivados de un episodio de violencia o un acoso continuado pueden ser muchos y muy preocupantes, las patologías pueden solaparse o cambiar de forma, si no se tratan a tiempo se convertirán en adultos insanos, la violencia es un problema de todos, la mayoría de las veces miramos a otro lado, las matemáticas son menos importantes que dedicar una clase a hablar de ello, no debemos victimizar más al niño pero sí cuantificar su angustia, no los ayudamos suficiente, abandonan a menudo sus terapias porque no se dejan ayudar, creen que no se merecen estar de otra manera y aprenden a que estar mal es lo que debe ser, no debemos abandonarlos, yo no lo haré con Javier.

“MI PROBLEMA ES MÁS GRANDE QUE UN DINOSAURIO”
Respuesta de Ivana. 5 años.
A Ivana nunca la dejan jugar a la rayuela en el patio porque le cuesta hacerlo sin pisar fuera.

Gracias por seguir conmigo.
Amor García Mula. Psicóloga infantil juvenil y de familia. Hospital Virgen del Alcázar. Lorca.

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