Le ha engordado todo menos las tetas. Impertinencia XXX

Le ha engordado todo menos las tetas. Impertinencia XXX

Hablo del terrorismo de ETA y lo que nos ha supuesto como pueblo. Desde hace muchos años he devorado todo aquello que me llegaba del problema más allá de lo que se publicaba en medios de comunicación social y sobre todo la lectura de este conflicto a través del cine siempre me ha parecido apasionante.

Hay un tema que por haberlo vivido en esta España constitucional siempre me ha interesado por haber formado parte de él al igual que todos y en cierto modo nos iguala como habitantes de este país. Hablo del terrorismo de ETA y lo que nos ha supuesto como pueblo. Desde hace muchos años he devorado todo aquello que me llegaba del problema más allá de lo que se publicaba en medios de comunicación social y sobre todo la lectura de este conflicto a través del cine siempre me ha parecido apasionante.

El cine es un medio de comunicación que siempre da un punto de vista distinto al de la noticia de prensa, ya que como en toda obra de creación, siempre hay un autor que crea (esto es muy importante y siempre insisto en ello) un guión y un propósito en el mensaje y para construirlo todo también hay un proceso de documentación y de uso de fuentes para crear la obra, es decir, el autor se toma la molestia de documentarse tirando de fuentes para crear algo nuevo y en el caso del terrorismo de ETA siempre ha sido algo muy delicado pues se podría dar a entender que uno toma parte en el problema.

Lo que tengo claro es que siempre este tema se ha tomado en serio por parte de cineastas desde las primeras cintas y ejemplos hay muchos ejemplos. El primer director en ofrecer una interpretación de esta lacra fue José Luis Madrid con “Comando Txikia” en 1976 (estando vivo el dictador hasta 1975 a ver quién se atrevía). Luego vino “Operación Ogro” del Gillo Pontecorvo. Estas dos versaban sobre el atentado de Carrero, pero la segunda tuvo mucha mayor repercusión. Ese mismo año también se rodó “El proceso de Burgos” del gran Imanol Uribe, “La fuga de Segovia” dos años más tarde, etc.

Cintas que a día de hoy todavía se hacen indigestas al sistema son “El caso Almería” (1981) o “La muerte de Mikel” (1984) pues con estas aportaciones nunca se termina de discernir quienes son los buenos o los malos de esta lacra. Los años de plomo supusieron un parón en la producción de cine de esta temática, y aunque hay algunos títulos son de clara inventiva (no por ello es cine malo, ojo) “Días de humo”, “Amor en off”, etc.

De la década de los noventa muchos recordaremos la cinta de Imanol Uribe “Días contados” (1994) la cual ganó La Concha de Oro. Pero fue con el nuevo milenio cuando el cine de esta temática alcanzó un nuevo nivel, tal vez por ser más comercial o tal vez porque a raíz del secuestro de Ortega Lara y sobre todo del asesinato de Miguel Ángel Blanco el escozor dejó a esta sociedad ávida de preguntas sin responder. Además de esto, en los años previos fue candente todo el tema del terrorismo de Estado del los Gal y de procesados como Galindo o Rafael Vera y ese señor X del que todos hablan. Pues bien, todo ese maremágnum social dio pié a títulos como “Yoyes” (2000) en el que se humanizaba a una activista y en la que ya se conjeturaba con la desaparición de Pertur y a todo esto se le daba una dimensión mucho más humana. Mi favorita de este género y posiblemente la más olvidada “El viaje de Arian” (2000) de Eduard Bosch en la que todos empatizamos con el personaje que interpretaba una jovencísima Ingrid Rubio que muestra el viaje abertzale (patriota) de inicio a fin, y ese fin es o la muerte o la cárcel.

En el año 2003 Julio Medén, tras su éxito de “Lucía el Sexo” se lió la manta a la cabeza y consiguió sentar en un mismo plano a muchos participantes culturales, históricos, y políticos del conflicto y consiguió que durante meses se hablara de esta lacra en términos que iban mucho más allá de un conflicto entre buenos y malos. Un año después se estrenó el ultimo gran éxito de este género “El Lobo”, un pelotazo a nivel de taquilla y con esa apertura inolvidable con Highway Star de Deep Purple a toda leche y ese cierre de títulos de crédito con “The Partisan” del recientemente fallecido Leonard Cohen.

Pues bien, pasan los años y aparecen algunos título e incluso series de televisión como “Una bala para el Rey” (2009) que no aportan nada al género y en noviembre de 2011 esto tíos dicen que paran , que ya está bien de hacer el canelo y a la mente me viene el gran Jesús Eguiguren en el programa de Jordi Évole diciendo que pronto habría noticias buenas (a este señor sí que habría que hacerle una peli y una plaza en cada pueblo) y como lo celebré aquella noche cenando marisco en Garrucha, y el país es más libre, se trata de limar asperezas con el proceso “Nanclares” y en cuanto a cine no pasa nada hasta ayer, en el que Telecinco nos muestra una serie de dos capítulos llamada “El padre de Caín” con el pretexto de que ya ha pasado tiempo suficiente para hablar de ETA según sus creadores, por lo que para un amante del género es un aliciente y sin que sirva de precedente sintonizo el canal para verlo. Esta obra está basada en el la novela de título homónimo del, ex Director General de Seguridad y ex Secretario de Estado Rafael Vera durante los gobiernos de Felipe González y versa sobre la vida de los agentes de seguridad y guardias civiles en los años de plomo en el donostiarra cuartel de Intxaurrondo, el santo sanctorum de las acciones contra el terrorismo etarra. Por lo tanto esperamos algo grande, algo que impacte (al ser Telecinco quien produce…) y sobre todo, una vez cumplidas las condenas del autor, algo que aporte a esta historia un poco de veracidad.

Pues no. Nada más lejos de la realidad. Hoy es miércoles y queda otro episodio esta noche pero después de lo de ayer noche ya no hay quien lo arregle. Además, después del capítulo de ayer hubo un documental en el que personas que vivieron aquello en primera persona dieron su punto de vista sobre aquellos años, como víctimas, como periodistas, civiles, etc. Sucedió que el reportaje lo cerró Iñaki Gabilondo con una gran reflexión: “ETA fue un gran error y en manos de todos está que no se repita”. Acto seguido, todavía con el aura grandilocuente de la reflexión de Iñaki, acaba el programa, fundido en negro y sin anestesia comienza el programa de Gran Hermano en el que de inicio sacan con plano cenital a dos chicas saltando sobre una tarima y una le grita a otra que le ha engordado todo menos las tetas.

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