Lo que has pensado


Carolina tiene el pelo muy rizado tanto que su blonda melena le llega hasta la cintura, a su abuela gusta estirarle los tirabuzones, como sacacorchos, hacen de su linda cabellera, un florido y enigmático bosque

Marisol Morente

hay que seguir 13 Julio, 2017


Abuela que sí, que te vengas, no estaremos a gusto estas vacaciones, si te quedas en casa no vayas a pensar que estarás mejor porque, al quedarte sola, la tranquilidad reinará en tu silencio. El silencio terminará por traerte tristeza.

Carolina tiene el pelo muy rizado tanto que su blonda melena le llega hasta la cintura, a su abuela gusta estirarle los tirabuzones, como sacacorchos, hacen de su linda cabellera, un florido y enigmático bosque. Isabel sabe que si se queda, la va a echar de menos, su hijo aún no le ha dicho que se sentirían felices si les acompañara durante las vacaciones y su reciente viudedad, en fase de adaptación, le trae ratos de verdadera angustia, de tristeza comprensible, que su nieta adolescente le suaviza y alivia.

Ese arco de sus cejas,
Protegen sus negros ojos,
De pupilas tan oscuras,
Como dos pozos sin fondo.

Dicen que se me parece,
¡Esta niña de mis ojos!.

Tesoro, como quedan unos días, ya veré la decisión que tomo, le contestó mientras le arreglaba el largo de una falda que se había comprado y que le tapaba, según ella, demasiada pierna. Bueno abuela, dijo Carolina, te dejo para que lo pienses….

Aparentemente adormilada por lo insomne de sus noches y por estar demasiado entregada al recuerdo doloroso y reciente, se quedó a ojos cerrados, pero vívida su cabeza, tanto que está pensando coger papel y lápiz ante ese imperioso deseo de hacer, que al menos sus palabras no se extravíen por ese mundo ignoto de la angustia vital.

Dono tormentas,
con muchos truenos,
Son los bramidos,
que no digiero.

No soy la mejor compañía para ellos, pensaba Isabel, mi hijo necesita unas vacaciones por el estrés acumulado, por el exceso de trabajo. Una terapia más que una distracción, quizás si me quedo tenga la oportunidad, Rosalía, mi nuera, y la niña, de incorporar la alegría nuevamente a su vida tras la dura enfermedad del abuelo.

Recuerdo que el año pasado mi amiga Finita me propuso que ambas podríamos enrolarnos en un proyecto de voluntariado, con niños que por diversas causas -todas dolorosas-, dependían de los cuidados de la Administración Pública. Me habló de este proyecto que suponía hacerse cargo, amadrinar durante las vacaciones, a estos ángeles que la vida podía, sin prodigarles ambiente afectivo, convertir en pequeños demonios, eso también tranquilizaría a mi hijo al saber que estoy en la actividad y en la compañía.

Con ese pensamiento que me ofrecía una salida a un pequeño, pero obsesivo problema, seguí elucubrando.

Allí estábamos amor,
Como los niños, felices,
De la mano por la vida,
Tu hablándome de futuro,
Yo pendiente a lo que dices….
El sueño vino a mi encuentro y le di paso…

Tantos años juntos, amándonos y compartiendo vicisitudes y alegrías haciéndose llevaderos unos y redobladas las segundas. Ay mi Luis, cómo te echo de menos, sé que te veré en otra vida, pero me desconcierta pensar si será nuestro encuentro en la misma íntima unión que supimos arar y recoger. ¡Cómo pude dormir tanto rato ¡pensaba Isabel, liberada de esa tensión el cuerpo pide lo suyo, se levanta y se dice lo de siempre …hay que seguir.

Ya cayendo la tarde, se retoca el arreglo, es de las que piensa que tener buena apariencia es como cultura, había quedado a merendar con Finita, ya decidida a comentarle su decisión. Un toque de carmín,¿por qué no?, las mechas disimulan sus plateadas canas y se ve con aspecto agradable, Siempre quiso perder algo de peso, pero se ve que es su naturaleza, ya que ni el duelo se llevó su apetito algo por encima de las necesidades de la mera supervivencia.

Se ha puesto un pantalón beige, una blusa que hace un vuelecito en la cadera que le favorece, es cómoda y se siente bien en su edad, por cierto, no he comentado que Isabel, aún con una nieta quinceañera, solo tiene 65 años.

Tras ser madre, retomó estudios abandonados, a ratitos, cuando podía, como en un segundo plano ya que siempre tuvo sus apetencias -tan arraigadas tenía las convicciones- en un segundo plano, dejando como responsabilidad principal, ser madre de familia.

Siente una ternura inusitada por los ancianos, le gusta acariciarles, aprender de ellos a través de sus vivencias, de sus batallitas, como se daba en llamar. Se producía con ellos un acercamiento especial, ella lo notaba y sabía distinguir entre lo afectivo y el roce picarón que algunos abuelos, que atraídos por su indudable belleza, sabía soslayar con habilidad.

Pero los niños, los peques, son su verdadera pasión, acariciar, jugar, reír y estrujar a los niños era su locura. Su vocación social era innegable, siente verdadera necesidad de estar con personas, la soledad nunca le llamó la atención, salvo en casos muy puntuales de su vida, donde la toma de decisiones precisaba algo de tranquilidad.
Finita era algo menor, no llegó a casarse aún porque no se veía en una relación con ninguna de las oportunidades masculinas que la vida le había brindado. Era divertida, risueña, abierta y generosa como ella sola. Su amistad con Isabel se remontaba a los parvularios, con tramos de distanciamiento físico como consecuencia del matrimonio de Isabel que la llevó a vivir a otra localidad. Ahora, tras la viudedad, se frecuentan más, se acompañan y se sinceran con la naturalidad de la aceptación y el cariño.

Hay cosas, vivencias, situaciones que no le parece que deba hablarlas con sus hijos, les habría resultado violento, por íntimas unas y otras por temor a llevarlos a la preocupación; es por eso que su amiga Finita supone para ella un buen soporte emocional y al igual que se divierten despreocupadamente, se escuchan en esos momentos donde todos necesitamos un hombro para llorar. Finita la escucha sin juzgarla, no utiliza sus confidencias para chismorrear con nadie , es una verdadera amiga en el más extenso sentido de la palabra.

Hola Finita, llevo una tarde sin parar de darle vueltas a la cabeza, le espetó nada más verla, vamos a sentarnos y te cuento… Ya las conocía el camarero, era un sitio que frecuentaban e incluso se adelantaba ya en el servicio, como si conociera hasta sus apetencias ¿lo de siempre? les dijo, Sí José, lo de siempre, contestaron al unísono, deseosas de entrar en el tema.

El ambiente de la cafetería era delicioso, propicio para la conversación, su decoración conservaba elementos tradicionales de cristal tallado que confería una luz tenue y a la vez intensa, reforzada por la reflexión de los prismas acristalados y unos apartados confortables y cómodos ,completaban el encanto del lugar. -Pues sí Finita, he tomado la decisión de que mis vacaciones de verano sean independientes, he pensado que mis hijos y nieta estén solos y despreocupados de mí y solo lo harán si me saben ocupada y feliz–.

Fdo. MariSol Morente Sánchez

 

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