Lorca tiene un color especial

Lorca tiene un color especial

Menos mal que los hosteleros locales no paran de darle vueltas al coco para contentar al pueblo con actividades normales y que cumplan con el standard de pueblo para que ningún vecino se queje o denuncie. Y viendo que aquí lo que se lleva es el folclore y el «ozú miarma», han tenido a bien regalarnos un fin de semana con algo muy nuestro: La feria de abril.

Los que leen estos textos, de forma más o menos asidua, se habrán dado cuenta del alto nivel de sarcasmo, ironía y mala hostia que habitualmente empleo a la hora de redactarlos. Hoy no va a ser menos.

¡Lorquinos! Tenéis que tener cuidado a la hora de celebrar las cosas, porque claro, ¿qué es eso de montar un concierto con guitarras eléctricas demoníacas y amplificadores satánicos un domingo a las siete de la tarde? Es un disparate, hombre. A esa hora el ruido molesta para vestirse de domingo tarde e irse a misa de ocho en Santiago. Además, ¿a quién se le ocurre molestar con otra cosa que no sea fútbol? ¡Qué es domingo por la tarde, copón! Estos hosteleros que tenemos no se enteran los pobres, de que la música en directo está muy bien para las ciudades, pero no para pueblos en los que la actividad social más acuciante es hacer cola para ver si te han ingresado la pensión en el banco.

Además, si todavía fuera un concierto tributo al Consorcio o a José Luis Perales, pues tendría pase, ¿Pero un tributo a Fito y Fitipaldis y Platero y Tú? Eso es para mandar a Soto del Real al hostelero que tuvo la idea, hombre. Unos zagales haciendo ritmos rockeros, punteos, y canciones aceleradas para que la gente baile y se lo pase bien un domingo por la tarde en lugar de estar arrepintiéndose de su pecados…de verdad ¿en qué cabeza cabe?
Normal que se quejara el vecino de turno, o el de siempre, y vinieran tres policías locales con cara contrariada a parar el bolo, como si de un acto subversivo se tratara.

Hay que hacer las cosas como Dios manda. Nosotros, en el Pozo del Esparto tenemos un chiringuito, a nivel de playa y cerca de las casas de primera línea, y como nos gusta la música en directo y echar un ratico a gusto con los vecinos, conseguimos que el que lo regenta, mi colega “el Solallo”, programara conciertos todos los sábados de verano a las siete de la tarde, coincidiendo que a esa hora es el oficio religioso que tiene a bien hacer el cura de Cuevas del Almanzora (“The Predicator”, como él mismo se hace llamar) en un terruño del pueblo. El sábado que toca rock and roll, pues bien, el sábado que toca música ochentera o flamenca, pues también bien. El bolo a más tardar acaba sobre las 21:30h de la noche y al ser una actividad cultural vespertina, se nos llena el chiringuito de gente que va o viene a Mojácar, Terreros, Águilas, Villaricos, Vera, etc., dándole un color espectacular a la playa y un ambiente genial; hasta el punto de que muchos de los que terminan la misa se unen a la fiesta para las últimas canciones, creándose un ambiente de amistad y camaradería increíble.

¡Lorquinos! Si os gusta la música en directo, estáis todos invitados este verano a uno de los sábados poceros, porque si en Lorca te obligan a parar un bolo en un garito a las siete de la tarde, olvidaros de disfrutar de más música en directo, más allá de la Movida 80/90, los bolos de feria, Metal Lorca, y poco más.
Que conste que hoy no le estoy dando un rejazo al equipo de gobierno o al concejal de turno, que esto es cosa nuestra, como pueblo, que no está bien parar un bolo a las siete de la tarde, en el que un hostelero está creando ambiente cultural en una Lorca muerta, en la que le está dando trabajo a un grupo de música y a su plantilla, que está generando economía de forma lícita y haciendo ciudad y dándole vida a una zona tan denostada como es el casco histórico, que se está comportando como un verdadero patriota, básicamente.

Que sí, que hay una ordenanza sobre protección del medioambiente contra la emisión de ruidos y vibraciones, en la que no se pueden sobrepasar los 70 decibelios en el exterior, pero en caso de sobrepasar ese parámetro (que lo dudo) ¡qué son las siete de la tarde de un domingo, señores! ¿Desde cuándo nos hemos vuelto tan rancios? Hace más ruido mi vecino cuando se pone a toda leche el Jugones por las noches. Yo, a la mañana siguiente le despierto con unos temillas de Deep Purple, que se que le gustan, y en paz, y así le damos vidilla al vecindario.

Menos mal que los hosteleros locales no paran de darle vueltas al coco para contentar al pueblo con actividades normales y que cumplan con el standard de pueblo para que ningún vecino se queje o denuncie. Y viendo que aquí lo que se lleva es el folclore y el «ozú miarma», han tenido a bien regalarnos un fin de semana con algo muy nuestro: La feria de abril. Así que nada, este “finde” toca quitarle el polvo al sombrero cordobés y al traje de faralaes y bailarnos unas cuantas sevillanas y tomarnos unos rebujitos con pescaíto frito, como manda la tradición (en Andalucía). Claro que sí, coño. ¡Lorca tiene un color especial! El color que nosotros le damos a base de tirarnos piedras sobre nuestra propia Casa sin Tejado. Estamos tardando en montar una hermandad rociera, si es que no la tenemos ya.

Y ahora preguntaros por qué la gente joven huye de aquí como alma que lleva el diablo.

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