LOS FALSOS GURÚS


Un individuo que hacía llamar "El príncipe", se consideraba un enviado de Dios y aseguraba que necesitaba mujeres para que cuidasen de él, a cambio les ofrecía retoques estéticos y sexo.

Francisco José Motos
@FJMotos

A quien corresponda 17 julio, 2018


En estos últimos días se ha escrito y hablado mucho sobre el caso de la chica ilicitana que acabó en un recóndito lugar selvático de Perú.

Un individuo que hacía llamar “El príncipe”, se consideraba un enviado de Dios y aseguraba que necesitaba mujeres para que cuidasen de él, a cambio les ofrecía retoques estéticos y sexo, entró a saco por una puerta falsa en la vida de Patricia y arrasó a toda su familia de paso.

Patricia fue captada por Manrique, el supuesto príncipe, autodenominado Príncipe Gurdjieff, a través de Internet siendo menor de edad, cuando buscaba en una página web dedicada a temas esotéricos la interpretación a un sueño.

El individuo la convenció para que abandonara a su familia y se reuniera con él al alcanzar la mayoría de edad. La policía la localizó este miércoles, junto a su bebé y otros cuatro menores en un poblado cercano a la localidad de San Martín de Pangoa, en la región selvática de Junín. Según su padre, todos ellos se hallaban “en condiciones pésimas, desnutridos y en una situación de abandono total”.

Sorprenden varias cosas en esta triste y repetida situación, tanto que parece que nadie es capaz de poner freno. Y en este caso gracias al tesón y la perseverancia del padre de Patricia, Alberto Aguilar, que incluso viajó a Perú y contactó allí con familias de otras chicas que habían caído en las redes del supuesto príncipe, se ha podido recuperar a las víctimas de este depredador. Entre esas víctimas hay varios niños lo que hace aún más abyecto el caso.

Alberto es la antítesis del tal Manrique, a un lado un héroe moderno que ha sido capaz de sacrificar todo, ayudado y apoyado por su familia; y de otro un desalmado egocéntrico y sin escrúpulos que no ha dudado ni lo más mínimo en satisfacer sus supuestos designios que no son más que sus propios deseos perversos de dominación y subyugación de otros seres humanos, y lo que es aún peor, de los que están en situación más vulnerable.

Como apuntaba anteriormente sorprenden varias cosas, además de que todo esto asquea y nos da una viva imagen de lo peor del ser humano:

En primer lugar, la fragilidad a las que están sometidas muchas personas en nuestro mundo actual. Y eso es un caldo de cultivo para los degenerados y depredadores que pululan a sus anchas. Y en segundo lugar, lo complejo e influenciable de la mente humana. Que es capaz de creer cualquier cosa siempre que sea una esperanza a la que agarrarse, y de eso se valen tantos falsos gurús.

Seamos conscientes que entre el mar de seres humanos que habitamos nuestro planeta hay muchos depredadores que no vacilarán en llevar a cabo sus abyectos planes si la ocasión es propicia para ellos.

Según mi modesto criterio es necesario que se establezcan leyes en contra de esta forma de esclavitud y dependencia mental que se da en nuestra sociedad. Y que tengan en cuenta más elementos que la única cuestión de la mayoría de edad para actuar en casos como el de Patricia.

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