8. Nere y Lorco. “España, como los alemanes. De jubilados o de vacaciones.”


Llevan viviendo y trabajando en Tokio desde el año 2008, y pueden decir que ya van conociendo pequeñas cosas de la cultura y estilo de vida de un país tan hermético y exótico como puede ser Japón para los occidentales.

Rocio Periago
@rocioperiago

Una ciudad 6 noviembre, 2016


Con dos monteras

Llevan ocho años viviendo en Japón, aunque su trayectoria viajera ya comenzó años antes, viviendo cinco años en Francia y dos en Filipinas. Nerea y Guillermo –o Nere y Lorco– son una andaluza-madrileña y un lorquino que lo tuvieron muy claro. De vacaciones, en España como en ningún sitio. Para ello han empeñado su vida en trabajar en el extranjero cueste lo que cueste, sea donde sea.

Lo cierto es que tienen dos profesiones que han sabido desarrollar muy bien en los países donde han estado. Son informático y profesora, respectivamente. Como ellos cuentan: “tenemos dos trabajos de mochileros, fáciles para moverte. En Japón, por ejemplo, hasta antes del terremoto de Lorca –que fue el de aquí- los extranjeros éramos casi todos o informáticos o profesores de idiomas.”

Nerea en una actuación de Taikos

Nerea en una actuación de Taikos

Llevan viviendo y trabajando en Tokio desde el año 2008, y pueden decir que ya van conociendo pequeñas cosas de la cultura y estilo de vida  de un país tan hermético y exótico como puede ser Japón para los occidentales. Llegaron unos meses antes de que comenzara la crisis global a finales de ese año. “La crisis aquí se notó pero no fue tan gorda, ya la tuvieron fuerte en los noventa”, comenta Guillermo. “Lo único gordo fue que el Yen subió de golpe.” Los primeros meses, como recuerda Nerea, notaron el cambio económico que supuso pasar de vivir en Filipinas a Japón, pero cuando pudieron trabajar los dos la cosa mejoró bastante.

Lorco de cocinero

Lorco de cocinero

Empapándose de la cultura japonesa

Empapándose de la cultura japonesa

El año 2011 marco un antes y un después tanto para Lorca como para Japón. Una realidad importante que ambos vivieron allí fue el terremoto de marzo, aunque cuentan que realmente afectó a la parte norte del país y que en Tokio prácticamente no se notó. Tanto Nerea como Guillermo insisten mucho en eso, los medios daban una información y unas imágenes que parecía que todo Japón estaban sumido en el caos, cuando realmente fue muy grave en el norte, con el tsunami posterior y la fuga de radiación, pero que en Tokio la vida siguió con toda normalidad. “A mí lo que más me llamaba la atención es la tranquilidad con que la gente salía de la oficina e iba a una tienda, se compraba un cepillo de dientes, lo que fuera…para poder quedarse a dormir en la empresa esa noche porque no había trenes por cuestiones de seguridad,” insiste Nerea. Nada que ver la realidad que vivieron ellos con la que se veía en las noticias, aunque estuvieran en el mismo país.

A pesar de llevar ocho años viviendo y trabajando aquí, hay cosas que aún les llaman la atención, sobre todo si se comparan con la realidad española. Por ejemplo, cuenta Guillermo que la gente no habla por teléfono en el metro, que nadie lo prohíbe pero que existe una “presión social” para no hacerlo, que se percibe como mala educación. “Simplemente (el hecho de) que suene un teléfono –que todos llevan en vibrador– en el metro, y se gira un vagón entero mirando a ver quién es”. “Y que no sea el tuyo”, añade entre risas. Historias así acumulan muchísimas. “Hay dos cosas que me siguen chocando. Una es que nunca te van a decir abiertamente que no a algo, siempre dicen “un poco”. Otra es el libro de reglas lo aplican siempre.” Para explicar esto, Guillermo tiene un ejemplo muy ilustrativo. Cuenta que si en un menú pone que tienen coca-cola y que tienen ron, hay que pedirse una coca-cola, pedirse un ron, y mezclárselo uno mismo, pero no pedir “un ron con coca-cola”.

Empapándose de la cultura japonesa

Empapándose de la cultura japonesa

Anécdotas aparte, tanto Nerea como Guillermo están de acuerdo en que formar parte de la sociedad japonesa es complicado. En parte por la cultura o el idioma, muy complicado de aprender, en parte porque no hay muchos canales de comunicación entre la gente autóctona y los extranjeros, o porque gran parte de la población (sobre todo la gente de más edad) no tienen ningún interés en relacionarse o interactuar con los que no son japoneses. La realidad es que incluso viviendo una vida entera en Japón es muy difícil llegar a sentirse parte de la comunidad, por no hablar de las dificultades para conseguir la nacionalidad en ese país.

Lorco en una exhibición de Kendo

Lorco en una exhibición de Kendo

Particularidades sociales como la experiencia de Nerea en una manifestación en Tokio, donde de pronto se encontró rodeada de ancianos y la policía impidiendo el paso. “La gente se empezó a calentar, y cuando digo calentar es que unos señores de unos 200 años empezaron a gritarles a la policía que abriesen la calle. Sin insultar ni nada, solo gritando. La gente mayor empujaba las barreras, y con mucha calma, se metieron en la manifestación. Sin tocarse, ni violencia, ni nada,” recuerda, aún asombrada.

Ambos son unos orgullosos embajadores de la cultura española. Simpáticos a rabiar, hablando por los codos y quitándose la palabra el uno a la otra cuentan historias de amigos japoneses y del grupo de extranjeros que viven en Japón.  También de la poca tolerancia al alcohol de los japoneses, de las costumbres sociales y culturales del país o de cómo se aceptan a nivel social determinadas cosas que culturalmente en España nos chocarían muchísimo, como ir con varias copas de más por la calle.

Lorco

Lorco

Al hablar de España, su percepción es relativa, porque van siempre de vacaciones y en verano. Hablan de la agenda apretada para ver a la familia y amigos, Nerea en el Puerto de Santa María (Cádiz) y Guillermo en Lorca. De cuando van a Lorca y salen con los amigos por los bares de siempre, de los veranos en Águilas y de que Nerea aún no conoce la Semana Santa lorquina. “Ya verás cuando vengas a conocerla…” advierte Guillermo, aunque reconoce que él también lleva muchos años sin poder estar en España en esas fechas.

Aunque en Japón el salario y el nivel de vida pueden ser buenos, las condiciones laborales difieren con la realidad que podemos estar acostumbrados en España. Guillermo tiene diez días de vacaciones al año, y no tiene bajas por enfermedad. Si se pone enfermo y tiene que faltar al trabajo lo coge de esa decena de días disponibles. Sin embargo, las bajas por maternidad  duran cerca de un año y medio, aunque sólo las puede coger la madre. También existen unos 14 festivos al año: el día de la cultura, del deporte, de los niños, de las personas mayores o el cumpleaños del Emperador, entre otros. Nerea en cambio, al trabajar como profesora tiene las vacaciones escolares. Lo que suelen hacer es juntarlas todas para los meses de verano y escaparse de vacaciones a España. “En Japón nos preguntan ¿tres semanas seguidas de vacaciones, no te vas a aburrir?”, cuentan riéndose.

Maraton de Tokio 2015

Maraton de Tokio 2015

De momento, lo tienen claro, y ambos se reafirman en esa idea. A nivel profesional les compensa con creces, y a nivel personal les supone una experiencia muy enriquecedora. “España, como los alemanes. De jubilados o de vacaciones.”

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