ORIGINAL Y COPIA

ORIGINAL Y COPIA

Todo esto viene al caso de una conversación que mantuve en días pasados con un escultor de reconocida trayectoria y que se quejaba amargamente, creo que con bastante razón, del ingente esfuerzo y trabajo que le suponía realizar algunas obras de gran tamaño y de enorme precisión y belleza.

Que los chinos son unos avezados copiadores de todo es un hecho bien sabido. Empezaron haciendo versiones de teléfonos móviles que eran fabricados en otros países y que eran de una ínfima calidad como todo el mundo sabe, para seguir esa estela hasta conseguir que aquellas copias primigenias se fueran transformando en buenos aparatos, en algunos casos superando a aquellos que copiaban y con un coste mucho menor, por mor de una curva de aprendizaje que solo ellos parecen estar en condiciones de llevar a cabo.

Las copias que ahora hacen, que ya no parecen tales, y que probablemente no lo sean; véase el caso paradigmático de la omnipresente Huawei, han logrado elevarse sobre esa categoría abyecta de copiar sin aportar ningún matiz nuevo y creativo por parte del copiador. Eso sí tiene mérito, aunque tuviera un inicio espurio en su origen.

Otra cosa bien distinta es lo que ocurre cada vez más con los caminos fáciles, los atajos tramposos, que cada vez parecen proliferar más en el mundo del arte, y en el de la política, ahora que estamos en plena campaña electoral, y en gran parte de las cosas que nos rodean.

Eso ya es harina de otro costal. Y no le arriendo el beneficio a nadie que pretenda construir una sólida carrera, en cualquiera de los campos profesionales o vitales, y que pretenda hacerlo sobre lo que ya está trillado, lo que ha costado un gran esfuerzo por marcar una diferencia e intentar aportar nuevas visiones y matices que sean de aprovechamiento para todos y no para algunos pocos sin escrúpulos.

Todo esto viene al caso de una conversación que mantuve en días pasados con un escultor de reconocida trayectoria y que se quejaba amargamente, creo que con bastante razón, del ingente esfuerzo y trabajo que le suponía realizar algunas obras de gran tamaño y de enorme precisión y belleza. Y decía que para que viniera después un aficionado que no había aprendido ni la técnica más básica exigible a cualquier obra que se precie, ni por supuesto el esfuerzo de elaborar, pensar y crear algo diferente y único y la fusilara sin compasión. Y que lo que ya le ponía los pelos como escarpias, dicho literalmente, era que después se publicitara y se diera cuerpo de verdad en campañas de marketing diseñadas específicamente para que pareciera que ese era el original y no la copia. Siempre, claro está, con algún pequeño matiz diferencial, cada vez más pequeño, y con material de elaboración mucho menos cualitativo, y poniéndole un precio de derribo para que el original no tuviera ninguna posibilidad de llegar a buen puerto.

Que pase en muchos más órdenes de esta atribulada vida que llevamos, no es ni mucho menos justificación para que se degrade hasta esos extremos las creaciones artísticas y otras que son la seña de identidad de una sociedad y un país que sabe mirarse a sí mismo, y proyectar en esas obras lo mejor de nosotros.

Si el arte es un arma cargada de futuro, no nos demos dos tiros en los pies nosotros mismos.

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