¿Por qué algo nos parece bello?

¿Por qué algo nos parece bello?

Lorca sigue siendo bella, sólo que necesita urgentemente una enorme puesta a punto, comenzando por adecentar las fachadas del centro y entradas desde la autovía, indistintamente del estado de su interior o lo que se pretenda hacer con ellas.

Cuando vemos un objeto, sea considerado o no arte, pronto emitimos un juicio de valor sobre el mismo, siendo en primer lugar el grado de belleza que nos merece pero, ¿por qué nos parece bello?.
La respuesta a esta pregunta es muy sencilla, el canon de belleza, es decir, una serie de normas que dictan cuándo algo es bello que están presentes en nuestra vida sin percatarnos. Dicho canon de belleza no ha salido de la nada, sino que es el resultado de la influencia griega, la cual pasó a Roma y de Roma al resto del mundo (tampoco se generó ciertamente en Grecia sino que es consecuencia también de una serie de influencias como la egipcia).

Ejemplos de ello es la proporción. Un cuerpo es bello si está proporcionado y simétrico. Lo mismo puede aplicarse a la arquitectura y demás artes. Aunque se piense lo contrario, el arte es el resultado de la aplicación de técnicas pero también de matemáticas, complicada geometría, normas estrictas (ya no tanto) y un largo etcétera. Teniendo en cuenta la creencia anteriormente mencionada, las artes, antes de ser denominadas como tal, se consideraban artesanía, y sus ejecutores artesanos. Para considerar las manifestaciones artísticas como arte, como una disciplina propia, habremos de esperar al Renacimiento, cuando los artesanos (artistas) legitimen sus respectivas disciplinas gracias a los tratados, unos libros en los que constan las reglas a seguir para la creación artística, por ejemplo, a la hora de pintar correctamente la profundidad de un paisaje.

Una vez conseguido el reconocimiento de las artes como algo no artesano, se realizó una jerarquización de las distintas disciplinas, las artes mayores y menores. Las artes mayores se corresponden con la arquitectura, pintura y escultura, mientras que las menores son las demás aunque últimamente esta diferenciación está desapareciendo paulatinamente ya que, por ejemplo, las custodias como la de Toledo son arte en mayúsculas que nada tiene que envidiarle a la más gótica de las catedrales.

Vayamos con ejemplos prácticos en Lorca:
Las columnas de las Alamedas homónimas son bellas porque son dos grupos de cuatro columnas, perfectamente alineadas y simétricas.
La portada del Palacio de Guevara es bella porque, si la dividimos mental y verticalmente por su mitad y luego en pequeños cuadrados, vemos cómo sus partes son iguales en tamaño, elementos, etc. (simetría).
Algo que ya no nos parece tan bello es, por ejemplo el Ángel de la Fama de la fachada de San Patricio (el original no es el de la fachada), y no es así porque está desproporcionado respecto al tamaño que deberían guardar las partes del cuerpo. No obstante, cuando hablamos de retablos y obras artísticas que deben estar en alto, las proporciones se pierden para corregir la perspectiva, es decir, las formas se deforman a propósito para que sea nuestro ojo, desde abajo y con ayuda del cerebro, el que nos haga creer que su tamaño y proporción es correcta.

Ahora bien, ¿esto es sólo aplicable a obras de primer orden o destacadas? No. Pensemos en esas fachadas ruinosas que jalonan, por poco tiempo, lo que queda del Casco Histórico. Si nos fijamos un poco veremos el mismo número de huecos (ventanas y puertas) si la dividimos en dos partes, contando además con cornisas, aleros, balcones, etc. La belleza está ahí, sólo hay que plantarse delante de esas fachadas llevadas a la ruina para ver su potencial y belleza, belleza que se completa con los pocos interiores que se conservan y esas otrora altivas, orgullosas y magníficas torretas que iluminan los interiores (otro elemento que va a desaparecer al tirar los interiores). Hay que imaginarlas sin grietas, limpias, con colores brillantes, no con desconchones, aleros en el suelo y un triste largo etcétera.

Lorca sigue siendo bella, sólo que necesita urgentemente una enorme puesta a punto, comenzando por adecentar las fachadas del centro y entradas desde la autovía, indistintamente del estado de su interior o lo que se pretenda hacer con ellas.

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