Textos para enseñar

Textos para enseñar

Los que fuimos alumnos, que somos todos, recordamos mil detalles de los que fueron nuestros profesores: anécdotas hilarantes del desarrollo de las clases, dichos y muletillas con que los tales amenizaban sus explicaciones y peroratas, apodos y calificativos casi nunca muy respetuosos con que se les conocía, rasgos de su fisonomía o de su vestimenta, y otras tantas anécdotas que quedaron para siempre prendidas en la memoria del discípulo, o del grupo, o de varias generaciones.

Los que fuimos alumnos, que somos todos, recordamos mil detalles de los que fueron nuestros profesores: anécdotas hilarantes del desarrollo de las clases, dichos y muletillas con que los tales amenizaban sus explicaciones y peroratas, apodos y calificativos casi nunca muy respetuosos con que se les conocía, rasgos de su fisonomía o de su vestimenta, y otras tantas anécdotas que quedaron para siempre prendidas en la memoria del discípulo, o del grupo, o de varias generaciones.

Pero los alumnos inteligentes recuerdan, además y sobre todo, el interés que suscitaban las clases de sus buenos profesores, su aplicación de métodos pedagógicos eficaces dentro y fuera del aula, su preocupación por las inquietudes y problemas de sus alumnos, y un abundante etcétera de sus virtudes. Así que muchos del antiguo Instituto tal vez guardaron como oro en paño las estrategias didácticas de doña Manolita Pérez para la comprensión de la Geografía, la Historia o el Arte mediante imágenes, mapas o excursiones; y otros seguro que rememoran el afán de acercar las Ciencias Naturales de la profesora Amparo Gaya con la realización de expediciones de carácter geológico o botánico, la elaboración de primorosos herbarios o la creación de un laboratorio ejemplar sobre estas materias; y no fueron pocos los que se asombraron de que profesores como Félix Santamaría o Alfredo Milego hubieran conocido a Baroja, Unamuno o Antonio Machado o hubieran sido alumnos suyos, y gozaron con sus textos, que sonaban cálidos y cercanos en boca de quienes se los habían oído a su autores.

Sin embargo, algunos profesores del Instituto J. Ibáñez Martín fueron más allá, ya que todo su proyecto docente se plasmó en libros de texto que recogían, ordenaban y hacían más operativos los contenidos y actividades que habían ido acumulando y ensayando durante mucho tiempo. Profesores de tres generaciones, y todos de Lengua y Literatura, se sirvieron de sus propios textos para las tareas de clase, y los editaron para ponerlos también al alcance de muchos otros profesores y alumnos. Algunos que fueron estudiantes aquí, y en otros muchos sitios de España, recordarán la decena de excelentes libros de texto de Lengua y Literatura, de todos los niveles, que escribió el profesor Alfredo Milego, con sus precisos contenidos gramaticales y su amplio repertorio de textos y actividades, que se adelantaban a su tiempo. Otros tuvieron la suerte de estudiar en los libros de Primero de Bachillerato y de COU, elaborados por María Guirado, Domingo Rodríguez de Vera y José María Lozoya, de los que se sirvieron muchos profesores atraídos por su moderna propuesta reflexiva y creativa para la enseñanza integrada de la Lengua y la Literatura.

En 1989, La Universidad de Murcia publicó Lengua Viva 1, manual para Primero de BUP, de José Calero, Mercedes Martínez y José Quiñonero. Editado en blanco y negro, con apenas ilustraciones y compuesto artesanalmente con tijera y cajón, supuso una pequeña revolución con su enfoque activo de la Lengua y la Literatura, que pretendía enseñar a hablar, a leer y a escribir con la lectura, el trabajo, la explicación y la recreación de textos. Muchos profesores apreciaron la originalidad de sus propuestas, lo que le llevó a competir nada menos que con anayas y santillanas. Y luego vinieron libros de texto para la ESO y el Bachillerato, ediciones y adaptaciones de clásicos y otros materiales de trabajo para el aula, que no hicieron más que avanzar por el camino abierto por Milego y sus continuadores.

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  • Obdulia Guirao
    6 agosto, 2019, 17:32

    Sí, yo doy fe de lo que dices: pude disfrutar del Lengua Viva como alumna y también como profesora. Para mí no fue un libro cualquiera, fue el libro, la referencia sin más. Sus planteamientos rompedores de convencionalismos ancestrales, sus enfoques innovadores y su exquisita selección de textos lo hacen sencillamente magistral. Para mí no hay otro.

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  • Obdulia Castroverde
    8 agosto, 2019, 15:38

    Qué duda cabe que todos los libros de texto han constituído una ayuda y una guía para alumnos y profesores. Y que para tal fin los crearon sus autores.
    Sin embargo, no con todos he tenido el privilegio de ver la gestación y el nacimiento de un libro NUEVO, en toda la amplitud de la palabra. Lengua Viva 1°de B. U. P. Trabajado con total entrega e
    ilusión por mis amigos y compañeros : José Calero, Mercedes Martínez y José Quiñonero, donde volcaron lo mejor de si mismos, su experiencia diaria en el aula ,conocedores de la mejor manera de atraer a los alumnos al estudio de la lengua y descubrir el poder y el alcance de la literatura. Pero no sólo encandiló a los alumnos, también a profesores y padres.Cuajado de ejemplos elegidos con exquisita delicadeza nos hizo viajar en el mismo velero que Sofía:
    La niña rosa, sentada.
    Sobre su falda,
    Como una flor,
    abierto, un atlas[…]
    Y a descubrir con Daniel el Mochuelo la belleza de lo sencillo y cotidiano de la vida.
    Este impagable trabajo fue premiado con un: Accésit al Premio" Francisco Giner de los Rios "a la innovación educativa, 1987

    A José Calero (allá donde estés), Mercedes Martínez, y José Quiñonero, gracias amigos por este precioso regalo

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  • A. Belén Ruiz
    30 agosto, 2019, 0:13

    Yo reconozco los dos libros del centro de la fotografía. Pero como ya han apuntado en otros comentarios, solo "Lengua Viva" hizo mella en mí. Lengua siempre fue una asignatura obligada para mí, sin más, pero ese primer año de bachillerato, hizo que me planteara muchas cosas. Ahora me podría referir a ello como un amor apasionado el cuál, visto desde la distancia y anteponiendo el sentido común, tenía que dejar. Pero ahí sigue, latiendo fuerte dentro de mí; a veces incluso preguntándome qué hubiera pasado si hubiera seguido esa pasión que se encendió. El pensar que no habría muchas "lenguas vivas", hizo que mi decisión fuera más fácil. Gracias por dejar esa huella inolvidable, con sus libros y su manera de enseñar.

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