Tribulaciones y odiseas de los depurados

José Quiñonero Hernández

Ambos se incorporaron a sus destinos con enorme entrega a la docencia y un espíritu moderno y liberal, afanes luego truncados por la guerra.


Primer Instituto 4 marzo, 2019


Ambos se incorporaron a sus destinos con enorme entrega a la docencia y un espíritu moderno y liberal, afanes luego truncados por la guerra. Alfredo Milego, catedrático de Lengua y Literatura, ya con 36 años, al Instituto de Alcoy, del que fue director, donde ejerció su labor y vivió la vida con el mismo espíritu desenfadado y deportivo con que había disfrutado sus gestas futboleras: con pasión y arrebato daba tanto sus clases como gozaba de sus relaciones sentimentales.

Mientras, Manolita Pérez, llegada a Lorca en 1928, con 23 años, encantaba a sus alumnos con una metodología innovadora que conjugaba el estudio, la reflexión y la experiencia, mientras las fuerzas vivas ardían en comentarios acerca de aquella mujer que vivía sola, paseaba por las Alamedas con los catedráticos, compraba el periódico, y, además, había conquistado al ilustrado y poeta Antonio Moxó, aprovechando la guarda cuidadosa que el joven notario le prestaba mientras se aseaba en las dependencias del Casino.

Antiguos alumnos avalan la buena conducta de su profesora (Expediente depuración Manuela Pérez, AGA).

Pero lo que parecían ligeras sombras, que enfrentaron a la profesora con algunos de sus colegas conservadores de Lorca, y le crearon algún conflicto al catedrático con las fuerzas políticas alcoyanas, hicieron que el traslado a Murcia de una, y la dimisión del otro, ambos en 1935, no fueran más que el preámbulo del angustioso sinvivir que les trajo la guerra y, sobre todo, su desenlace.

En aquel verano del 36, el catedrático, que participaba en unas oposiciones en Madrid, quedó en la “zona roja”, viéndose obligado a emplearse como profesor en los Institutos Obreros de la CNT, primero en Valencia y luego en Barcelona, siendo propuesto como miembro del Consejo de Cultura por el sindicato anarquista, según él, “para apoyar a personas de derechas y afiliados y oponerse a los comunistas” en aquellos tiempos revueltos.

Por otro lado, la vida feliz de la profesora, recibida con entusiasmo en el Instituto y en los círculos intelectuales de la capital, comenzó a oscurecerse cuando, en 1936, rechazó la presidencia de Mujeres Antifascistas, lo que le valió presiones que desembocaron, en 1937, en el intento de no confirmarla como profesora, mientras era tratada de una profunda neurosis. A ello se añadió un aborto y el posterior embarazo y nacimiento de su única hija, todo lo cual le supuso largos periodos de baja y de sustitución en el trabajo.

Poca cosa para lo que vino después. Milego, como Machado, marchó al exilio en enero de 1939, regresó en abril y fue procesado por un juzgado militar. La comisión depuradora, tras acusarle de tibio en su fe, de haber sido nombrado miembro del Consejo de Cultura por la CNT y de llevar una vida jocunda y desarreglada, atendiendo a las razones en su descargo, propuso su absolución, en noviembre de 1940.

Cargos de la Comisión depuradora de Alicante contra el profesor Milego (Expediente depuración Alfredo Milego, AGA).

Pero, inmerso todavía en un procedimiento de la justicia militar, en febrero de 1941 llegó a Lorca en virtud de una sospechosa permuta con otro profesor, hasta que en noviembre de 1941 obtuvo la confirmación definitiva en el cargo, con todos los visos de un destierro encubierto, cumplido aquí con harto beneficio de sus alumnos, que recuerdan con admiración su sabiduría y su tono jovial; y alguno admite que “cada curso venía con una (mujer) distinta”. Magisterio que se prolongó en otros Institutos, tras su traslado en 1949, y en una decena de espléndidos libros de texto.

Doña Manolita empezó su viacrucis con suspensión de haberes en 1939 y vuelta al Instituto de Lorca, al que seguía perteneciendo administrativamente, aunque había sido agregada al de Murcia en 1935, en medio de un proceso farragoso en el que fue acusada de haber pertenecido a partidos republicanos, haber sido nombrada presidenta de Mujeres Antifascistas y haber protegido a una joven emparentada con el ministro Barnés. Un juicio que desembocó en la propuesta de “traslado a otro Instituto”, en enero de 1940, y se agravó cuando, tras su “habilitación definitiva para el ejercicio de la enseñanza”, en enero de 1941, sin que conste su incorporación efectiva al Instituto lorquino, vino una concluyente orden de traslado e inhabilitación, en abril de 1941.

Pero, al contrario que Milego, no pudo soportar este calvario, por lo que solicitó la excedencia voluntaria en noviembre de 1941, con lo que el Instituto de Lorca perdió tanto como había ganado con la llegada del Catedrático.

7 respuestas a “Tribulaciones y odiseas de los depurados”

  1. Mercedes Martínez Gómez dice:

    Quizás a sus descendientes, si los hay, les gustaría conocer la huella que estos dos excelentes profesores dejaron en nuestra ciudad y rescatada, en estos tiempos de memoria histórica , por la paciente labor de D. José Quiñonero

  2. Celia dice:

    Desconocía todos estos hechos ( Muy bien narrados, como siempre. Así da gusto)

  3. JOSÉ GARCÍA MURCIA dice:

    Interesantes y crudas historias personales que nos ayudan a comprender el devenir del país, así como los antecedentes del instituto que tanto queremos. Será bueno insistir en ellos.
    Muchas gracias Pepe

  4. Fernando Martínez Serrano dice:

    Uno de los “efectos colaterales” de nuestra terrible Guerra Civil fue la devastación de sentimientos y biografias de quienes,de un modo u otro, la padecieron.
    Lo que está claro es que existió una generación admirable de profesores-de Secundaria y de Primaria-que quedó apartada de la docencia para desgracia de España.

  5. Antonio J.Mula Gómez dice:

    Dos de los muchos buenos docentes que pasaron por nuestro Instituto y que desgraciadamente la incomprensión y el cainísmo de la época y de las circunstancias tristes y lamentables que les tocó vivir, les privó de una más amplia carrera de servicio público académico. Gracias a esta serie de páginas de José Quiñonero, sin haberles conocido, les recordamos y honramos su memoria.

  6. MELCHOR ARJONA dice:

    Estimado don José: Muchas felicidades por tan sesudas y trabajadas investigaciones históricas, ideológicas, fotográficas y políticas. Muchos recuerdos a mis compañeros y camaradas por sus opiniones. ¡Cuánto me alegra coincidir con ellos en que hemos tenido los mejores profesores del mundo como alumnos y los mejores compañeros como compañeros! ¡Querido Pepe, sólo así, con tus detalladas y depuradas investigaciones por esos archivos de Dios que seguro has visitado se avanza en la Historia y en la Memoria de España! Un fuerte abrazo.

  7. A. Belén Ruiz Jerez dice:

    Gracias por la clase de historia. Y el hecho de rescatar de la memoria a un hombre y a una mujer (ahora que este tema está tan de moda…), chapó.

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