Trilogía. 1ª parte: NO SOY YO


Que lista es la niña, que guapa es la niña, vestidos para la niña, patines, niñera, bañera de agua calentita...no me des jabón ahí que me escuece -decía cuando la bañaban-.

Marisol Morente

hay que seguir 15 marzo, 2018


María es deslumbrante de rasgos, inarmónicos, desproporcionados, cómplices y unidos con un bello resultado. Estaba hecha un ovillo en la butaca. Sus 6 añitos recién estrenados están faltos de padres, no así de caricias que le prodigaba la parentela cercana ya que estaba viviendo en casa de sus abuelos paternos.

Escribía cartas a sus padres, que residían con el resto de hermanos en otra localidad, por razones de trabajo. Añadía ‘casitas’ en las cartas porque le encantaba dibujar, con una chimenea echando humo las remataba ¡calor de hogar!… antes de escribir el beso de despedida.

Tiró de aquella mantita,
de angorina y estampada,
con dibujos muy abstractos,
e inventando nuevos trazos,
cada vez que la miraba.

Quiso sentirse cubierta,
de la cabeza a los pies,
no porque tuviera frío,
sino porque en ese gesto,
quiere desaparecer.

A ver si el mago la lleva,
la transporta y desintegra,
en polvo la convirtiera,
para integrarla de nuevo,
donde el mundo no le duela.

La niña se aburre, pensaba el abuelo y la conminaba a sentarse con los pies fuera de la butaca, -la señoritas no se sientan así-, y le daba unas pesetillas para que pudiera comprar tebeos con recortables, que tanto le gustaban. En tanto los elegía en el kiosko ,- ya los tenía todos leídos -, el kiosquero se la sentaba encima , eran caricias o sobo…nunca lo sabría

Que lista es la niña, que guapa es la niña, vestidos para la niña, patines, niñera, bañera de agua calentita…no me des jabón ahí que me escuece -decía cuando la bañaban-. Hay que darle un plátano a media noche porque ha cenado poco,- oía a su abuela decir y su tía-, compañera de cama, la despertaba para hacérselo comer, eran otros tiempos…

Vericuetos insondables,
carentes van de instrucciones,
laberintos de horizonte,
un frontispicio de trabas,
mortificando su norte…

Será que soy retorcida…
porque mi yo, se refracta,
en lugar de reflejarse,
y mi mente se aliviase,
por un espejo salvada.

Así se estruja su todo,
cabila al sueño y al alba,
van compendios sin carpeta,
como respuesta obsoleta,
¡un desorden que me mata!.

Canturrea, baila ,se mira al espejo… ¡qué gracia tiene la niña!, se aprende las letras de todas las canciones en un lenguaje extraño inventado por ella, como respuesta al sonido, cacofonía y desconocimiento de idiomas. Los rizos le llegan a media espalda , consecuencia de una permanente… Así fue entrando en la adolescencia, a la vez que su desgarbado talle se alejaba del suelo cada vez más, al tiempo que un granulado rojizo, tapaba su brillantez tez.

Que me quiten los espejos,
Que ya no sé quién es esa,
Porque ya no tiene gracia,
Nadie se acerca y la besa
Porque ella no los deja.

Un cambio drástico en corta vida, un clima familiar ciertamente hostil, más austero, la esperaba en casa de sus padres, donde finalmente es reclamada y allá va con su secreto, porque lleva un gran secreto. El colegio es privado, regentado por monjas y con algún profesorado seglar, todo el entonces llamado Bachiller Superior pudo hacerlo allí, aunque los exámenes finales se hacían en la capital de provincia. No fue mala cosa porque eso obligaba a aprenderse la asignatura completa, así que un buen bachiller, después de todo.

Consiguió adaptarse al nuevo ambiente, familiar y escolar, la mente lucha por sobrevivir a todo y realmente hubo en su vida momentos familiares felices y entrañables, aunque los menos, los más estaban plagados de tensiones, de discusiones, de gritos, de autoritarismo, entre sus padres y algunas, muchas veces, se originaban por causa de su comportamiento en fase de adaptación, como digo.

Hacerse amigas costó lo suyo. Por aquel entonces las preguntas intimas se hacían a las amigas, la angustia se apoderó de ella en una ocasión cuando le dijeron que los bebés se hacían en el vientre de las mujeres, hasta los 16 años no mandó su naturaleza, romper los óvulos.

¡Qué asombrosa falta de comunicación con los padres…!!
Su padre siempre la vigilaba en actitud amenazante, “Los hombres van a lo que van”… decía, y ella entendía que eran malos y abusadores… Subían al colegio los chicos solos, siempre nos cruzábamos con ellos, había uno con un perfil sumamente atractivo por la historia que le precedía.

Sus padres –él inglés y ella maña, estaban separados y habían internado a su hijo allí porque su salud bronquial, al parecer mejoraba con ese clima. Su tez morena parecía árabe y despertaba la pasión adolescente de todas las chicas quinceañeras.

Miraditas van y vienen, paseos para cruzarse, María estaba convencida que a quien miraba aquel enigmático chico, era a su amiga Isabel, tan bella que le recodaba a Elizabeth Taylor. Aquel día, un pequeño se le acercó con un llavero, le dijo que era de parte de Luis y que lo girara…al hacerlo pudo leer “Te quiero”. Sintió por vez primera el tirón de Cupido …¿yo?…, se preguntaba sin creérselo, ¿le gusto yo?, ¿me quiere a mí?… se decía para si, que maravilla de color tomó su vida…. Sus primeros roces amorosos nunca pasaron del tibio contacto de los labios y del apretón de sus manos, pero calaban emborrachando su mente y su alma … por vez primera perdió esas molestias psicosomáticas que sentía en el pecho, que a nadie confesó y que pensó que acabarían con su vida. “El primer libro que escriba te lo dedicaré”, le dijo Luis- a quien la vocación de escritor le atraía, cuando ya fue un hecho la separación de él por el traslado de su familia.

Siempre odié las despedidas,
Esta ocasión fue peor,
Pensé que no viviría,
Sin sentir ya las caricias,
Que me brindaba su amor.

A lo largo de su vida,
María nunca olvidó,
Que amar es algo divino,
Que sientes que te has perdido,
En un mundo de dulzor .

Fueron lágrimas perdidas,
Sollozos en comunión,
Intimidad compartida,
Con una foto prendida,
Al lado del corazón.

María escribe, repasa su vida y no se atreve a revelar los motivos por los que piensa que es mucho lo que se le debe por su silencio, por guardar esos secretos que hubieran dinamitado su familia de haberse sabido, sabe que ha sido maltratada y perdona, a los que se fueron y a los que aún están… y piensa que ahora no lo haría así pero… Su mantra mental es una frase cortita que le ayuda a vivir…”Esa no soy yo”… pero su ala ya no alcanza a tapar su cabeza…

Fdo. Marisol Morente Sánchez

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