Un aniversario caprichoso

Un aniversario caprichoso

Los medios de comunicación se harán eco de esta futura celebración, que tendrá como eventos señalados la creación de una asociación de antiguos alumnos, un concierto del guitarrista lorquino Narciso Yepes y una magnífica excursión de diez días por Levante y Cataluña de los alumnos “seleccionados entre los que tienen mejor expediente académico”.

En el futuro algunos de los miles de alumnos que habrán pasado por este Instituto, que se inaugura hoy, 25 de octubre de 1928, decidirán celebrar por todo lo alto tan señalada efeméride, aunque no siempre se pondrán de acuerdo, no ya en los fastos de la celebración, sino incluso en la fecha de su cumplimiento. Por eso, en este caso, más que de efeméride, habrá que hablar propiamente de efemérides, que no siempre serán a gusto de todos.

Don José Pascual, que actúa como “culto secretario” de esta ceremonia solemne, tan emprendedor, tan entusiasta, quizá ya esté pensando en la Bodas de Plata del ahora recién nacido, que, tras las mil peripecias vividas durante la República, los desastres de la guerra y los años de plomo del franquismo, se celebrará en 1953, con él recién jubilado a sus ochenta años, pero con las alegrías de tener un nuevo edificio, inaugurado en 1944, un claustro de profesores rejuvenecido, dirigido desde hace apenas un año por el nuevo director, Francisco Ros, y un plantel siempre joven de alumnos que darán lustre y fama al Centro. Los medios de comunicación se harán eco de esta futura celebración, que tendrá como eventos señalados la creación de una asociación de antiguos alumnos, un concierto del guitarrista lorquino Narciso Yepes y una magnífica excursión de diez días por Levante y Cataluña de los alumnos “seleccionados entre los que tienen mejor expediente académico”.

Portada del programa de mano del concierto de Narciso Yepes).

(Invitación Cincuenta aniversario).

Él no podrá asistir a la celebración del 25 aniversario de nuevo edificio, que se cumplirá en 1969, ni mucho menos a las Bodas de Oro del viejo Instituto, en 1978, no ya porque habrá fallecido, sino porque nadie se acordará de estas efemérides, como si el Centro, entretenido en su partición en dos, consumada en 1972, no tuviera tiempo ni ganas de fiestas.

Pero como si nunca fuera tarde si la dicha es buena, por una curiosa y seguramente afortunada metonimia el Cincuentenario del 78 se vino a celebrar en 1994, atribuyéndole a la septuagenaria institución el brillo de las Bodas de Oro de su continente, el edificio inaugurado en 1944. Un evento con una misa concelebrada por 11 curas, una mesa redonda con otras tantas personalidades formadas en el Centro, un extraordinario documental trabajado hasta la extenuación por Mercedes Martínez, un ciclo de conferencias y un ágape multitudinario, que reunió a centenares de profesores y antiguos alumnos en una celebración alborozada y gozosa, inmortalizada en múltiples testimonios gráficos.

Nadie se acordó en 2003 de que el viejo Centro cumplía 75 años. Pero, pasado el tiempo, el sexto sucesor de don José Pascual propondrá en 2018 hacer algo en los aniversarios inmediatos. La respuesta será la oposición expresa a tales celebraciones, porque el 75 aniversario del edificio sería una exaltación de la Dictadura y de su ejecutor, el entonces ministro José Ibáñez Martín; mientras que otros dirán que tampoco se celebre el noventa aniversario de la inauguración del Instituto por irrelevante, que más vale dejarlo para cuando cumpla los cien.

Visto lo visto, yo les diré que largo me lo fiáis, porque muchos otros y yo ya no estaremos entonces para estas fiestas. Y lo más importante, que casi nadie sabe: que el Centenario no se librará de la sombra alargada del ministro nefando, ya que el Instituto nació con otra dictadura, la de Primo de Rivera, “por su decidida y valiosísima intervención”, siendo entonces presidente de la Diputación Provincial y pretendiente de la casa del conde de San Julián.

Pero, con todo, algunos de los amamantados en las ubres del Centro querríamos celebrar que hemos estudiado y vivido allí los mejores años de nuestras vidas, recordar con nostalgia aquellos viejos muros, sus escalinatas, sus altos y amarillos corredores, sus enormes aulas, la sala de descanso para las señoritas alumnas y los patios de recreo junto a las ubérrimas lechugas del Cazorla; y aquellos profesores inolvidables, y los amigos que hicimos para toda la vida, y las expectativas que entonces nos orientaron hacia el futuro. Un eterno pasar de eventos y generaciones, siempre diferentes, siempre los mismos, como un tesoro que guardamos en nuestra memoria como los mejores años de nuestra vida. Y eso no tiene ni fecha ni efeméride ni aniversario determinados, ni depende de los agravios del pasado. Pero, por si llegamos tarde, nos parece que todo este año, y el pasado, es buen momento para recordarlo, con respeto a aquellos que puedan identificar nuestra memoria con personajes y nombres que nosotros no celebramos.

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  • Antonio José Mula Gómez
    22 octubre, 2019, 16:36

    Parece ser que no hay un criterio para determinar la efeméride de nuestro Instituto, pues la mal llamada Memoria Histórica pesa como una losa e impide conmemorar cierto aniversario y divide las voluntades de aquellos que hicieron del centro una parte de su vida, un activo para su formación. Muy lamentable que un nombre, puesto por quien no se sabe y que influyó, como en su tiempo hizo Posada Herrera, el Gran Elector, para la creación del viejo Instituto en 1864, impida una celebración a lo grande de un hito para Lorca y para su sistema educativo. La sombra de Ibañez Martín es alargada en el Instituto, pues siendo Presidente de la Diputación Provincial, en plena Dictadura de Primo de Rivera, auspició la creación de un Instituto en Lorca, heredero del suprimido en 1883 y, casualidades de la vida, en pleno franquismo, otra dictadura, impulsa la construcción del nuevo Instituto en 1944 y lo inauguró, trasladándose desde el depauperado Colegio de la Purísima en la calle Zapatería a las modernas instalaciones de Jerónimo de Santa Fé.

    Sea como fuere, es hora de reconocer el papel que jugó nuestro Instituto en la formación de muchas personas a lo largo de tantos años, En él se despertaron vocaciones científicas y literarias; se formaron los cuadros dirigentes de nuestra comunidad local, se promovió la cultura, en todos sus ámbitos, incluso en épocas de días y horas negras, se promovió el deporte y se hicieron amistades para siempre y en sus aulas y en los paseos por sus jardines y patios surgió el amor para mucha gente. Hay motivos suficientes para la alegría y la conmemoración, reconociendo la labor que están haciendo algunas personas y, muy especialmente, el cronista de su tiempo, José Quiñonero. Muchas gracias Pepe, por recordarnos que ahí está, ahí está nuestro querido Instituto, su significación y sus hitos. Felicidades, Maestro.

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  • A. Belén Ruiz Jerez
    3 noviembre, 2019, 11:51

    Estos días me he sentido al igual que una niña pequeña que con una bolsa llena de caramelos, empieza a comer y comer, pero siempre le gusta dejar alguno para que no se le acaben, hasta que llega al último y no sabe qué hacer, si comerlo o dejarlo, porque no quiere que se le acaben las golosinas. Me negaba a leer este "último" artículo. Me negaba a dar por finalizada toda esta sesión de historia rebañada de anécdotas, siempre sin querer dejar detalle en el tintero, que con tanto esmero y mimo ha cincelado con su buen hacer, con selectas palabras, siempre atinadas, y con fluido sentido del humor que no es otro más que el suyo mismo. Para otros parece que haya abierto la caja de Pandora, y ya sabe lo que ello significa: lo último que se pierde, es la esperanza. Algún día nos convertiremos en una sociedad moderna, capaz de tomar lo bueno y aceptarlo, venga de donde venga. Y lo celebraremos como toca, y cuantas veces haya menester. Por todo esto y más, gracias.

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