UN BUEN CHORRETAZO DE ACEITE


Yo quería escribir sobre cosas importantes, de esas que se balan a grito pelado en los bares, de política y esas mierdas, del Procés y de los desastres venideros,...

Martin Campoy
@MartinCLopez

La impertinencia consecuente 5 octubre, 2017


Verán, llevo tiempo sin publicar por aquí y no es por falta de ideas o temas. La jefa ya me ha dado el toque y los tres o cuatro seguidores acérrimos de mis redes sociales ya los tengo desentrenados y están como huérfanos de su cita impertinente de los jueves, así que al lío.

Yo quería escribir sobre cosas importantes, de esas que se balan a grito pelado en los bares, de política y esas mierdas, del Procés y de los desastres venideros, pero los que tenemos cierto interés por mantenernos en una posición de búsqueda de diálogo, aquellos que conocemos la historia cainita de nuestro país, aquellos que nos sabemos y reconocemos como patriotas útiles (de los que tienen sus cuatro perras en Cajamar y no en Suiza) y que no visten de Kilarni como muestra de españolidad, ni ponen banderas en el balcón para alardear de amantes del surrealismo daliniano, esos…de los que formo parte y que somos la verdadera mayoría silenciosa, esos…estamos recibiendo hostias a diestro y siniestro (nunca mejor dicho) estos últimos tiempos, así que he decidido aburriros con mi fastuosa receta del arroz con pollo.

Esta receta que os voy a dar la he mejorado mucho con el tiempo, y la llevo haciendo desde que comencé a estudiar en la universidad y decidí no morirme de hambre y asco a base de platos preparados. Las cantidades que voy a dar son para dos personas, aunque ya se sabe que donde comen dos, comen tres, y si preparas un buen aperitivo y algo de postre, hasta cuatro. Es importante el tema de los tiempos, así que si por ejemplo quieres comer a las 14:30, ponte al menos a las 13:00 a preparar el tema. También es fundamental que la materia prima sea buena, sobre todo el pollo, el aceite y el arroz.

Con un par de muslos troceados, de esos que tienen la piel amarillenta podríamos empezar, y en cuanto al aceite, un chorro generoso, sin miserias, como si no hubiera un mañana, de virgen extra, de ese que hace en almazara los padres de tu vecina y que por cojones te lo regalan (previo pago) cuando llega la época de la aceituna. Bien, en una sartén medianamente apañá y de esas que no se pegan las cosas, se pone un buen chorretazo de aceite y cuando esté bien caliente se añade el pollo para que se vaya friendo. Mientras se fríe, lo suyo es ir rallando un par de tomates y pelando tres o cuatro dientes de ajo. Cuando el pollo esté bien marcado añadimos el tomate rallado y los dientes de ajo troceados en láminas y se ajusta un poco el fuego con la intención de que no salte todo por lo aires. Así dejamos este mejunje un rato, diez minutos o así.

Mientras tanto podemos ir preparando el azafrán de pelo; ya se que es una cosa de burgueses, pero sin azafrán de pelo la cosa se te queda a medias. Yo lo que hago con el azafrán de pelo es ser generoso y lo preparo majado, es decir, cojo un mortero (o un almirez para los sabios) añado una pizca de sal gorda, unas gotas de agua, el azafrán en pelo y lo machaco bien hasta que los aromas del azafrán me lleguen y me pongan de buen rollo. Mientras se prepara ese sofrito también se puede ir preparando un par de ñoras de la siguiente forma: se quita el rabo de arriba, se vacía de pepitas y se trocean como os de la real gana, que para eso este es un país libre. Y si queréis dejar las pepitas, pues adelante, no tengáis miedo.

Bien, pues una vez ese tomate y ese pollo haya mezclado sabores gracias a los dientes de ajo troceados, añadimos las ñoras troceadas y el azafrán de pelo majado y a continuación colmamos de agua y subimos el fuego con la intención de que rompa a hervir.

Este es un momento importante, porque los tres o cuatro minutos en que rompe a hervir el tema hay que aderezarlo con una buena cerveza (ojo, la cerveza de la bebes). Yo recomiendo algo fuerte, tipo doble malta, como una Voll. Esto es así para que el arroz esté bueno pues hay que ir probándolo constantemente, y para preparar el paladar una buena cerveza con sabor y carácter es necesaria.

Una vez rota a hervir toda la mezcla añadimos una pastilla de caldo de pollo y perejil fresco bien picado (no me seáis cutres y pongáis perejil de ese de bote, por favor) una pizca de colorante y comenzamos a probar.

Efectivamente, en este punto hay que añadir sal al asunto ¿hasta cuándo? Pues hasta que deje de estar soso, evidentemente. Y entonces a dejar cocer la carne de pollo con todo lo demás.

Sigamos. Para la cocción recomiendo en función de la prisa, primero fuego alto hasta que la carne quede tierna (unos 15 minutos) y luego bajar a lento (chup chup) otros 15 minutos. Durante esa media hora os debe de dar tiempo a tomaros otra cerveza como mínimo, pues el siguiente paso es crucial y hay que estar bien preparado.

Aquí podemos abrir un debate muy serio sobre el siguiente paso, y es el de cambiar todo a una paellera, otra sartén o seguir directamente con la misma sartén. Por experiencia os digo que mientras sea antiadherente, lo considero un asunto baladí, aunque doctores tiene la Iglesia, y el Rafael Méndez.

De acuerdo, ya tenemos el sofrito con el sabor que queremos y además la carne de pollo se ha quedado tierna; es el momento. Para este momento, el de echar el arroz, lo suyo es abrirse otra cerveza, que cocinar da calor (los fuegos y la responsabilidad y tal) y todos sabemos que la cerveza rebaja la temperatura corporal. Así, que cuando estemos seguros y el sofrito esté hirviendo echamos un par de puñados generosos de arroz (del redondo y de Calasparra o la Albufera) y si tienes las manos pequeñas tres puñados bien repartidos y esperamos unos minutos hasta que el caldo se vaya poniendo espeso. En este momento exacto hay que probar la mezcla y corregir de sal si es preciso, ya sabéis, si está soso, no seas tonto y ponle sal. En este punto el fuego debe ser alto, pero sin pasarse, y va a llevar unos 20 minutos o así, de modo que es el momento de abrirse otra birra para hacer la espera más llevadera y sin quitarle el ojo al asunto, ya sabéis, no quiero ni incendios ni que se queme el arroz.

¿Cuándo sabemos que está el arroz hecho? Pues esto no es una ciencia exacta, pero si el grano se ha quedado con una textura apetecible (ni duro ni pasado) pues es el momento de apartar el asunto del fuego y dejar reposar unos minutos para que el caldo se termine de incorporar al arroz, esto que puede llevar unos cinco minutos es propicio hacerlo con otra cervecita y así vamos celebrando el triunfo del trabajo bien hecho. Por último, servir al gusto y maridar con una cerveza, bueno…o dos, según la cantidad de arroz que te vayas a comer o la sed que tengas.

Para preparar este arroz es muy importante hacerlo sin prejuicios, con la mejor de las intenciones y no se os ocurra pedir ayuda a vuestra madre o abuela, pues estas tienen sus propias recetas ancestrales heredadas de madres a hijas y os la acabarán imponiendo, y lo que es peor, si el arroz no saliera bueno, en seguida te aturdirán con el socorrido: ¡te lo dije, atascao, que eres un atascao!

¿Qué más? Ah, claro. Como esto es para dos o más y hacer un arroz para uno es una de las cosas más tristes y deprimentes que se puedes hacer, no uséis la otra ración para guardarla en un taper, que eso como está bueno es recién hecho, de forma que os recomiendo que invitéis a alguien con quien hablar, llegar a acuerdos, negociar, o simplemente pasar un buen rato y crear unión y alianzas. No obstante, si la cosa se tuerce y crees que puede acabar en pelea, no te preocupes y saca unas cervezas y ya verás como todo se soluciona o al menos los desacuerdos importarán menos.

Que aproveche y hasta la próxima impertinencia.

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