Un certamen para María Agustina

Un certamen para María Agustina

Si ponen aún más atención, les llegará el rumor de lo que podrían estar hablando: que hace casi un año que les dejó María Agustina, que todo ha sido decir que había que hacer algo -un recital homenaje, la creación de unas becas de estudios…-, pero que apenas se ha hecho nada

Si nos servimos de un catalejo prodigioso, como el que utilizó Azorín en su relato Una ciudad y un balcón, desde aquí y ahora mismo, sin necesidad de subir a la torre de San Patricio, asistiremos al feliz acontecimiento.

Dirijamos el objetivo al otoño de 1973, pero eso sí, protéjanse con botas de agua y un recio chubasquero para cruzar indemnes los temporales del diecinueve de octubre, y deténganse en un día cualquiera de los primeros de ese mes en que por entonces comenzaba el curso. Centren la atención en la imagen del viejo instituto, en la carretera de Granada, que ya no es el único, porque acaba de inaugurarse hace nada el segundo. Entren, atraviesen el amplio vestíbulo y oriéntense ante los dos amarillos e interminables pasillos. Cogerán el de la derecha; pero como la humedad ha empañado el cristal de nuestro aparato, no acertaremos a distinguir si la estancia en la que entramos es una habitación no demasiado grande con una amplia mesa y armarios de color oscuro y formas abarrocadas y decimonónicas, o si dicha dependencia es más extensa, con una mesa de camilla en el rincón, que desdice del aspecto funcional de la mesa de trabajo y estanterías que completan la sala.

Son las siete y diez de la tarde, ya oscureciendo, y en este ambiente un tanto sombrío, sea en el viejo sofá de la estancia noble o en la doméstica mesa de camilla del otro lugar, dos personas quizá esperan impacientes la llegada de una tercera, que acude ahora presurosa, cargada de bolso, algunos sobres y mil papeles. Si ponen atención, tal vez reconozcan en las dos primeras a don Francisco Ros y a doña Ángeles Pascual, y en la tercera, a María Guirado. Y en un segundo plano, podrían distinguir a Domingo Rodríguez de Vera, Ana Caicedo, María Luisa Munuera, Luisa García Mulero, Carmen Rey y otros; y muy en el fondo quizá acierten a entrever a dos profesores jóvenes, que probablemente se llamen Pedro Sánchez Granados y Mercedes Martínez.

María Agustina con María Guirado, promotora del Certamen, junto a las jóvenes profesoras Quiteria Serrano y Mercedes Martínez (Archivo familiar Mercedes Martínez).

Si ponen aún más atención, les llegará el rumor de lo que podrían estar hablando: que hace casi un año que les dejó María Agustina, que todo ha sido decir que había que hacer algo -un recital homenaje, la creación de unas becas de estudios…-, pero que apenas se ha hecho nada… Luego hablarán de que lo mejor es la creación de un concurso literario en su memoria: unos dirán que para antiguos alumnos de los institutos de Lorca, otros que para los de enseñanza media de toda la provincia. Se apuntará que el tema podrá ser libre, en prosa o en verso, o centrarse en la exaltación de los valores humanos de la juventud…

Pero todos coincidirán en que urge poner en marcha el nuevo Certamen Literario que llevará el nombre de la profesora, a ser posible antes del 6 de noviembre, primer aniversario de su pérdida. Hay que redactar las bases…, debemos buscar financiación…, conviene vincular el concurso con la Universidad, recabando la colaboración de profesores de prestigio -D. Mariano Baquero, D. Manuel Muñoz Cortés, maestros suyos- y de los más jóvenes como Victorino Polo, Antonio García Berrio, y otros, que fueron sus compañeros…; fomentaremos su difusión por los centros de la provincia a través de profesores amigos y conocidos…

Aunque ustedes, espectadores mudos y un tanto escépticos, sonreirán pensando en lo de siempre: mucho ruido y pocas nueces, ilusiones que se desvanecerán con el tiempo, proyectos bienintencionados que caerán en el olvido; ideas que la experiencia dice que nunca podrán llegar muy allá, y menos a 2019, en competencia con los 3.500 concursos literarios que habrán ido surgiendo como setas durante estos años. Pero ustedes no les dirán nada. Allá ellos.

[Fragmento del discurso de presentación del 5º libro recopilatorio de los premios del Certamen Literario “María Agustina”].

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4 Comments

  • Celia
    18 junio, 2019, 23:19

    Tanto que agradecer a todos aquéllos que quisieron homenajear y que valoraron de una manera tan hermosa y tan apropiada la memoria de mi tía.
    He sabido de ella (de Maria Agustina) lo que las memorias y los corazones de quienes tuvieron la suerte de vivirla narran; De quienes la quisieron y quieren, porque el amor de verdad no caduca, y deja paso a los comentarios tiernos y a las verdades con sonrisas en los labios.
    Y he sabido que fue talentosa, gran maestra y cariñosa. Trabajadora y buena hija y mejor hermana. Generosa desde dentro de la piel.
    Me siento orgullosa de que su legado sea letra y sea poesía; y de que su alma nos sirva para poner, año tras año, estrofas nuevas en el mundo.

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  • Mercedes Martínez Gómez
    21 junio, 2019, 11:06

    En mayo, como cada primavera, celebramos la entrega de Premios del XLV Certamen literario M. Agustina. A través del tiempo, ese frágil árbol plantado con tanto amor y pureza ha ido asentando sus raíces, robusteciendo su tronco y elevando sus ramas hasta altura insospechada. Sus frutos los saboreamos en espléndidos relatos y emotivos poemas cada año.
    Gracias a los varios cientos de personas , profesores, alumnos y colaboradores institucionales que con su generoso esfuerzo hacen posible este « milagro de la primavera»

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  • Antonio José Mula Gómez
    25 junio, 2019, 10:08

    Resulta muy satisfactorio ver y comprobar que los reconocimientos se cumplen y que cada año, llueva, haga frío o calor, la memoria de María Agustina permanece a través de unos premios, que dan vida y relevancia a nuestro Instituto o mejor dicho a nuestros Institutos y a Lorca. Aquella idea, gestada desde la amistad y el reconocimiento personal de algunos de sus compañeros y que hoy mantienen algunos de aquellos -que entonces muy jóvenes, ahora ya en la edad tardía- cada mes de mayo, trae a Lorca a destacados profesores universitarios, escritores y hombres y mujeres de letras, pero lo más importante, moviliza a la gente joven, a los estudiantes, para crear y escribir. Nada más y nada menos.
    Surge el premio hacia 1973, año que el cronista J Quiñonero, identifica con las terribles riadas de octubre, que vivimos y muchos padecimos. Desde entonces y en una primera fase puse mi pequeño grano de arena en la organización del certamen, pues D. José Quiñonero me solicitaba, año tras año, alguna gestión ante la administración educativa y sobre todo el poder conseguir las direcciones de centros de enseñanza de la Región y de España para enviar la convocatoria y propaganda del concurso, que se hacía en sobres etiquetados y franqueados, como Dios manda.
    Ahora, cada año, veo, contemplo y me asombro de las ediciones de los premios, de la calidad literaria de los autores y del potencial de los jóvenes cuando tienen afanes creativos. Que siga siendo así y que la memoria de Maria Agustina se conserve muchos años.

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  • A. Belén Ruiz Jerez
    26 junio, 2019, 23:07

    Qué huella debió dejar para que el bienintencionado gesto se convirtiera en realidad. Y qué bonito el legado que dejó y que D. José ha sacado a relucir. Yo, por ejemplo, en mi paso por el Instituto, conocí el certamen pero no toda la historia que había detrás.

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