UN DÍA ESPECIAL

UN DÍA ESPECIAL

La cosa se puso tensa y, algo alterado, lo confieso, les dije que eso de la globalización me afectaba bastante poco por el hecho de vivir en un país tan auténtico y genuino.

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Algo me decía que ese día sería especial.

Había quedado con mis amigos de toda la vida en casa para ver el cuarto partido de la serie final de la NBA. Amábamos el baloncesto desde que, desde críos, jugábamos en cualquier lugar, a cualquier hora. Pepito, Julián, Adela, Caridad, Manolo y yo nos reencontrábamos una vez más con la excusa de ese deporte maravilloso.

Por el camino me encargué de pillar unas cervezas y unas pizzas, de las que daríamos cuenta durante la retransmisión.

Todo era perfecto. Hasta que, durante el descanso del partido, comenzamos a hablar de patriotismo, y del modelo de vida español. No podía entender que se pusiera en duda el patriotismo como uno de los valores esenciales de un país, sobre todo cuando ese país es España.

La cosa se puso tensa y, algo alterado, lo confieso, les dije que eso de la globalización me afectaba bastante poco por el hecho de vivir en un país tan auténtico y genuino.

–Adolfo, para un momento, por favor– me dijo Adela–: has salido de trabajar en tu coche alemán, has parado a comprar cerveza holandesa y comida italiana, has llegado a tu casa, repleta de muebles suecos, y estamos viendo programas americanos en una televisión japonesa. ¿Quieres decirme qué parte del concepto Globalización no has entendido?

A partir de ese momento, mis amigos, mi zasca en la boca y yo, mucho más relajados, disfrutamos como nunca del baloncesto del bueno.

Efectivamente, se trataba de un día especial.

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