Verdad de Perogrullo

Verdad de Perogrullo

Mientras comía me ha dado por reflexionar: somos un gran pueblo, y está lleno de buena gente. Gente con distintos pareceres, distintas formas de pensar, incluso de sentir, pero que cuando toca remangarse y ayudar ahí están.

Hacía tiempo que no disfrutaba un día como el de hoy. A pesar de ser fiesta me he levantado a una hora prudente y me he calado la ropa de correr y he salido a quemar unos kilómetros. He visto a mucha gente haciendo lo mismo que yo, y es que esto de salir a correr, por lo que sea, engancha. Cuando he llegado agotado al punto de partida, más o menos a la altura del tramo construido de la ronda central, han comenzado a pasar cientos y cientos (yo creo que más de dos mil) ciclistas que participaban en la marcha cicloturista que ponía fin a los Juegos del Guadalentín. Pedaleaban familias enteras, chiquillos con ruedines, abuelos y abuelas con bicis de época, cuñados con bicis tuneadas, gente disfrazada, entre ellos una pareja de novios vestidos como tal en una especie de bici con sidecar y un abuelillo con artilugios de esparto. Una auténtica pasada. A mitad de pelotón destacaba sin querer Manolo “Biciudad”. Tenía la mayor de las sonrisas que le he visto nunca, y eso que es un señor que siempre nos brinda su sonrisa y nos contagia su optimismo. Iba pedaleando a la vez que rodaba un video con su teléfono. Me has alegrado la mañana, Manolo. Si algún día se consigue que esta ciudad sea respirable será en parte gracias a ti.

Era curioso contemplar como nadie se atrevía a cruzar, concediendo todo el protagonista a los ciclistas, y cómo durante esos diez minutos que han tardado en pasar el ruido del tráfico se había extinguido.

Así que llegué a mi casa y tras recuperar, desayunar e higienizarme he salido a “lorquinear” un rato sin rumbo fijo. A la altura del Óvalo me he encontrado con Vicente. Me ha contado que lo han enviado de interino a un colegio de un pueblo del Almanzora y que lo han hecho ya con las clases empezadas pero que al menos este año se asegura el sustento y le mete puntos a la bolsa de trabajo. El caso es que he visto a Vicente feliz. La última vez que hablé con él no levantaba cabeza, pero literalmente, no se atrevía ni a mirarme a los ojos, como con vergüenza por sentirse como un parásito social. Es de las mejores personas que conozco.

Eléctrico andaba Francis. Hoy ponía las cervezas de tres en tres y no paraba de reírse el tío. En una de esas que ha podido desquitarse, ha interrumpido mi lectura del periódico para decirme que se larga, que le han hecho una oferta en el traspaso de un garito y que el precio y las condiciones estaban muy bien. Francis es de estos tíos que busca su suerte a base de trabajo y trabajo, así que sé que le irá mucho mejor si decide dar el paso.

He decidido picar algo en la Plaza de España, así que he tirado por Alfonso X para atravesar Selgas y la verdad, de estas cosas que comienzas a fijarte y te percatas que todas, pero todas las casas solariegas están abandonadas, con varias puertas y ventanas abiertas. Sus propietarios tienen tanta fe en su reconstrucción y tantas ganas de reconstruirlas que las tienen abiertas yo creo que para esperar el milagro de que la intemperie y las alimañas se pongan de acuerdo para repartirse las labores de albañilería. Me ha venido a la mente la película Ratatouille y me ha dado un ataque de risa. Menos mal que por esa calle nunca pasa nadie porque si no me hubieran tomado por loco.

Al llegar a la plaza me ha vuelto el buen humor al encontrarme a multitud de chiquillos y familias ocupando las terrazas y las bicis aparcadas. Mientras comía me ha dado por reflexionar: somos un gran pueblo, y está lleno de buena gente. Gente con distintos pareceres, distintas formas de pensar, incluso de sentir, pero que cuando toca remangarse y ayudar ahí están. Siempre tendremos a unos cuantos que miran únicamente por lo suyo y poco más, pero qué diablos, he dicho que somos un gran pueblo, no un pueblo perfecto. También vivimos en un gran país, con una gran historia de victorias y derrotas,  plural, diverso, emocionante, con muchas sombras pero por el que merece la pena luchar y en el que todos debemos aportar para mejorarlo día a día más allá de disputas de barra y chorradas que se publican en Facebook. Es fundamental que nosotros como individuos nos esforcemos por ser cada día mejores ciudadanos y eso se consigue bajo mi punto de vista guardando un respeto escrupuloso con los servicios públicos, defendiéndolos y siendo críticos y constructivos con ellos y por supuesto aportando la parte que toca pagar con nuestros impuestos. Y pagarlos en este país, no en otro (esto que parece una verdad de Perogrullo en realidad es muy importante). Para ello es crucial que la clase política y dirigente den ejemplo con sus acciones al resto del  pueblo.

Bajando a mi casa he pasado por la Plaza de Colón y había un elemento nuevo en el entorno, y no me refiero al jaleo de cables de la casa que han restaurado en la esquina con la calle Serrallo. Coronaba la plaza el vivo ondear de la bandera nacional y me he acordado de que hoy se hacía un homenaje con su izado e interpretación del himno nacional justo a la hora que empezaba la marcha ciclista. Maldita sea, he tenido que sacar de mi bolsillo el móvil y buscar en la aplicación del diccionario de la RAE los términos “patria”, “patriota” y “patriotero”. Desde luego que es la mejor aplicación que existe bajo mi punto de vista, te saca de dudas al instante.

Y así, con las dudas resueltas he llegado a mi casa y me he puesto a escribir esta impertinencia de este gran día. Fijaos si es tan buen día que está lloviendo y el Lorca Deportiva a pesar de empatar continua líder en su liga, aunque no está jugando últimamente mi primo Luismi y eso me mosquea.

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  • Plataforma por la Calidad del Paisaje
    13 octubre, 2016, 13:02

    Gracias Martín. Muy emocionante que te hayas fijado en la felicidad que también me embargó ayer entre tantas bicis.
    No somos perfectos, como bien dices. Pero somos y seguiremos siendo. ¡Adelante!
    Un abrazo.
    Manolo Martín

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