Will Smith ha sido asesinado. Impertinencia XVIII

Will Smith ha sido asesinado. Impertinencia XVIII

No todo vale, repito. Con la información podemos hacer como con la educación, si es buena podemos usarla para crear conocimiento, pero si no lo es lo más seguro es que produzca monstruos, «Trumps» o engendros políticos que confunden hacer oposición con afrentas puramente personales.

El libro no está muerto, por más que se empeñen los visionarios, tertulianos de baratillo y gente que se lo cree todo en general…no está muerto.

Atendiendo al significado de «libro» en el diccionario de la RAE en su primera acepción de las múltiples que ofrece, un libro es el «conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que encuadernadas, forman un volumen». Básicamente es información contenida en un soporte y esa información, hasta la aparición de los medios audiovisuales es básicamente escrita.

El libro, a lo largo de la historia ha adquirido distintas formas (formatos) y bueno, siempre me ha resultado curioso que fueran los remotos antepasados de los bombardeados (por la paz y la democracia) iraquíes los primeros en dejar constancia por escrito de sus quehaceres diarios usando para ello barro fresco en el que hundían una caña para crear ideogramas y posteriormente cocer ese barro dando lugar a las tablillas de arcilla. Otros soportes pueden ser la piedra, tablas con cera de abeja, por supuesto el papiro. tan famoso en Egipto, el material escriptorio predominante en la arrasada por el amor de los hombres a Dios célebre biblioteca de Alejandría, y mi soporte favorito: el pergamino.

El pergamino es piel de animal curtida sobre la que se escribe y su formato puede variar desde el rollo (más propio del papiro) o el códice (el pergamino es el soporte fundamental de la colección de la biblioteca de Pérgamo, de ahí su nombre). El códice, como decía, consiste en juntar varios pliegos de pergamino y coserlos por el lomo dando lugar al formato libro y que es lo que a todos se nos viene a la cabeza cuando alguien nombra dicha palabra. Desde el final del imperialismo romano hasta el origen de la imprenta, lo códices se custodiaban principalmente en monasterios donde los escribanos o amanuenses les daban forma y contenido. Gracias a algunos de estos escribanos han llegado hasta nuestros días obras clásicas de la literatura (romanas y griegas por ejemplo), tratados de filosofía, científicos, religiosos, etc. También muchos de estos códices estaban disponibles encadenados a los pupitres de las emergentes universidades (Salamanca) e incluso en Castilla, donde un rey muy visionario y al que, por cierto, le hemos dedicado la estatua más fea que existe por la zona, además de ponerle corona, fundó un centro donde distintos eruditos venidos de varios lugares del mundo conocido se intercambiaban sus impresiones (que no impresos), conocimientos y códices para traducirlos, copiarlos o difundirlos (Escuela de traductores de Toledo).

Siguiendo con lo anterior, todos conocemos la mentalidad industrial de los alemanes, y entre ellos, uno que nació justo en 1400 y que vino a liarla y a quitarle el monopolio del conocimiento al clero con su invento de tipos móviles llamado imprenta. Cosas del destino, él murió arruinado por un asunto de unas Biblias a medio imprimir, pero su invento se universalizó y con él un soporte más barato y que todos conocemos, exacto, el papel. El papel, en su origen de mayor calidad que el actual, fue un invento chino, pero en Occidente no se popularizó dada la la poca durabilidad del soporte en sí y su poca consistencia, pese a conocerse.

Pues bien, siguen pasando los siglos, la imprenta y el papel hacen mucho más accesible el conocimiento y con ello cambia el pensamiento, cada vez menos supersticioso. Respecto a las bibliotecas, éstas comenzaron a tener cierta visibilidad social y popularidad ya en los siglos XVIII y XIX, estando organizadas bajo algún criterio más o menos lógico e incluso empieza a aparecer la figura del bibliotecario (este siempre existió desde la invención de la escritura) como difusor de información en lugar de como un mero coleccionista o conservador.

Con todo este caldo de cultivo, es en el XIX cuando se consolidan las primeras revistas científicas, que son básicamente libros que se publican con cierta periodicidad con los artículos de los que hacen ciencia en sus distintas ramas del saber. Estas publicaciones se imprimían y se compartían entre distintos centros y universidades dando lugar a un avance vertiginoso de la ciencia en todas sus vertientes.

Y llegamos a la época contemporánea en la que el soporte ha ido evolucionando a sistemas analógicos o electrónicos de almacenamiento de información (desde cintas, disquetes, CD, DVD, discos duros, servidores, etc.) y es aquí donde entra otro avance que es la posibilidad de conectar servidores a terminales y éstos a su vez a otros servidores creando así sistemas y redes gracias a lineas telefónicas, satélites, redes de fibra óptica, tecnología WI-FI y todo lo que queda por venir pues estamos muy al principio de este desarrollo; siendo el soporte digital otro modo de contener información como hicieran el papel, el libro y/o el documento, haciéndolo legible por máquina gracias a un terminal (computadora, smartphone, tablet,…) y compartir esa información de forma más sencilla e inmediata gracias a la red de redes: internet.

Pues bien, desde que el mundo es mundo, o mejor dicho, desde que el mundo es un lugar con memoria gracias a la escritura, el libro, las bibliotecas, archivos, bases de datos, desde que el mundo avanza gracias a la información registrada, esa información ha sido creada por alguien; ya sea el escribano de Asurbanipal, Homero, los primitivos seguidores de Jesús, un Estado legislando, un papa dictando enciclicas, un monje trapense escribiendo una receta de cerveza, un concejo en sus actas capitulares, un editor o impresor, un centro de investigación, un articulista, documentalista, congreso o incluso un ingeniero informático escribiendo código ascii, todos, y cuando digo todos es TODOS los documentos (independientemente del formato y soporte), TODO tiene un autor (persona, institución,…), y si no se conoce es anónimo o desconocido.

Esto que parece obvio es muy importante, ya que actualmente con las redes sociales y las herramientas de información digitales (redes sociales) la publicación de información es inmediata y existe la posibilidad de buscar un contenido y copiarlo y hacerlo pasar como que es de uno cuando en realidad no lo es, tirando por tierra el laborioso trabajo del autor real, que se ha molestado y gastado tiempo y hasta dinero en escribir un texto. Esto es peligroso pues, además de ser una marranada, a veces el objetivo de hacerlo no está claro, o lo que es peor, es demasiado obvio.

El problema es que ahora que tenemos la posibilidad de estar informados con distintos medios y soportes, es más difícil que nunca saber distinguir el polvo de la paja. Un ejemplo de esto es que desde que escribo esto he consultado mi muro de Facebook unas cuantas veces y la gente ha publicado información sin contrastar, información como aquella que decía que Will Smith ha sido asesinado, que las preguntas tipo test vuelven a la selectividad, un artículo de cosas que dan más pena que el anuncio de la lotería, otra cosa de que hubo ovnis durante la superluna, una avioneta que parece que tira chuflos de gas en un cielo totalmente despejado y la gente comenta que están rompiendo las nubes o uno que dice que regala cien telefonos Samsung porque le sobran, por nombrar algunas.

Es peligroso y de alguna forma tenemos que dotar a la gente de medios para que tengan un criterio a la hora de informarse porque si no se puede llegar a creer uno cualquier cosa (infoxicación) y pasa como en política, y en estos días estamos teniendo un ejemplo muy claro de todo esto, cuando vemos que alguien dispone de información más o menos creíble en cuanto a la forma pero que no es oficial o carece de una fuente, o mejor dicho, la omite, y por lo tanto no está contrastada.

No todo vale, repito. Con la información podemos hacer como con la educación, si es buena podemos usarla para crear conocimiento, pero si no lo es lo más seguro es que produzca monstruos, «Trumps» o engendros políticos que confunden hacer oposición con afrentas puramente personales. Insisto, no todo vale y en este caso a ver quién le echa redaños para decirle al emperador que va desnudo

Por cierto, al no desvelar la fuente uno asume como propio aquello de lo que informa y por lo tanto es el responsable de lo que el verdadero autor/es hagan para solucionarlo.

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