…Y sin embargo se mueve…


¿Qué es lo que motiva a la conciencia mayoritaria lorquina a no actuar cada vez que pasa por delante de la Casa de los Guevara sin ni siquiera conmoverse? ¿Será la falta de memoria o la idea generalizada de decadencia?.

Martin Campoy
@MartinCLopez

La impertinencia consecuente 16 noviembre, 2017


Cuando Galileo, hace un porrón de años, ayudado por los adelantos de la óptica consiguió dilucidar, gracias al movimiento de los satélites de Venus, que eso de que la Tierra era el centro del universo era como poco discutible, porque podía demostrar matemáticamente que nosotros nos movíamos con respecto al Sol, al resto de planetas y astros y que con las distintas posiciones del todos contra (o a favor) de todos, eso de ser el centro pues como que no encajaba.

Sucedió que las autoridades de la Iglesia Católica de entonces no fueron tan indulgentes con él como lo fueron con Coopérnico años antes, ya que eran años de perdida de ovejas que se descarriaban hacia el viento fresco (helado) de la Reforma Protestante. Galileo fue juzgado y obligado a retractarse de su modelo en el que el centro era el Sol, pero acto seguido de su bajada de pantalones (o eso o trono de Judas) pronunció una frase que estudiada en el contexto o cosmovisión de su época y con las distancia hasta hoy supuso un mamporro a Dios y a sus guardianes de la ortodoxia y dogmas: “…y sin embargo se mueve”.

¡Maldito genio! Ese “…y sin embargo se mueve” puso en movimiento muchas más cosas de las que imaginamos y que se pueden estudiar en los libros de Historia de la Ciencia e Historia de la Filosofía, y que, a pesar de los de siempre, nos ha llevado a lo que somos en el devenir de la historia.

…Y sin embargo se mueve… .

Otro que también quiso entrar en los libros de la historia mejorando lo anterior fue el matemático y filósofo Descartes en la primera mitad del S.XVII. Al colega le dió por coger textos de arcaicos padres de la Iglesia influenciados por Aristóteles, como San Agustín de Hipona y evolucionar su “Me equivoco, luego existo” en un revolucionario “Pienso, luego existo” en el que mostró el camino de la razón para estar seguros por completo de nuestra existencia.

Me gustaría coger ambas ideas tan salvajes en su contexto histórico, y tratar de mancillarlas con aportaciones mías, con las que quisiera haceros llegar esto que tengo en mente y que si lo consigo soltar de forma más o menos fiel a como lo tengo perfilado en el cortex, no descarto amanecer una mañana tirado en cualquier callejón con la cara partida.

Empecemos por la máxima de Descartes. Ya hemos aprendido a usar la razón, pero hoy en día, a la velocidad de los acontecimientos (que no evolución) es preciso bajo mi punto de vista hacer una alegato al disco duro de la razón, es decir, a la memoria: “Recuerdo, luego existo”. Esto es posible que ya lo haya escrito alguien antes, no lo sé. A lo que voy, si no usamos la memoria para ver hasta donde hemos llegado y quien o quienes han sido los responsables, da igual usar la razón a posteriori, porque nadie será capaz de poner nombres a los desastres o a los aciertos, ni como estos desastres o aciertos fueron motivados. En cuanto a la frase de Galileo, es obvio que no se mueve nada, al menos hacia delante.

Bien, pues puestas en el contexto actual ambas máximas empiezo la Impertinencia de hoy, lo de antes no lo leáis más que es un coñazo, lo confieso, soy mi peor crítico.

¿Qué cojones estamos haciendo con Lorca, paisanos? ¿Lo llamamos ya decadencia (y sin embargo se mueve hacia atrás) o es que estamos esperando que a base de que The new Lorca´s Mayor nos repita más veces lo de la “Nueva Lorca” nos lo creamos sin más?

¡Memoria, por favor!

Usemos la memoria, pues existimos, y pongámonos todos los que no les debemos nada a remar para mover esto hacia adelante, sin miedo, que no son gigantes ni van a durar para siempre. Reivindiquemos el verdadero lorquinismo, con espíritu crítico y con la mochila llena de recuerdos de lo que fuimos y de lo que queremos ser, y si no os gusta algo, luchad por cambiarlo, y si no lo podéis cambiar, al menos tened claro quien o quienes son los culpables de que no se pueda cambiar y no tengáis miedo de señalarlos, insisto, no van a durar siempre.

Los compañeros y compañeras de Lorca Por su Patrimonio Cultural están haciendo un trabajo bestial, sin subvenciones, sin ataduras, solo con la razón, la memoria y el movimiento. Llevan dos años de andadura y están mostrando el camino del desarrollo que necesita imperiosamente nuestra ciudad, la de la recuperación integral del Casco Histórico y conservación y puesta en valor del patrimonio y que con una debida gestión, enfocada al comercio, al turismo, a la vivienda, al disfrute de sus ciudadanos convierta el Casco Histórico (que es el centro del casco urbano de Lorca, ¿conocéis otro caso en España de que el centro de una ciudad esté deshabitado?) en la punta de lanza de una (esta vez sí) Nueva Lorca en la que esa actividad genere sinergias con la de la Corredera, esta a su vez con la de la Avenida, y con todo el conjunto urbano y vuelvan a verse colas en los comercios a la hora de pasar por caja. Y pueda volver la gente joven ya que más allá del sector primario, habrá otras posibilidades laborales con la que hacer vida en la ciudad que aman.

Esta semana han conseguido que Hispania Nostra incluya en su lista roja la Casa de los Guevara, en la plaza de San Vicente, dado su deplorable (siendo positivos) estado de conservación, iniciado por su abandono hará unos quince años cuando se trasladó la Peña Madridista y agravado por los terremotos. Y podéis pensar que estos de Hispania Nostra son unos sicarios comunistas veganos y que odian al PP. Pues no, también fueron ellos los que premiaron la reconstrucción de seis templos lorquinos tras los terremotos.

¿Qué es lo que motiva a la conciencia mayoritaria lorquina a no actuar cada vez que pasa por delante de la Casa de los Guevara sin ni siquiera conmoverse? ¿Será la falta de memoria o la idea generalizada de decadencia?

El miedo. Esclavos por el miedo.

¿Y esos que dicen que hay que meter las pinzas del Cucalaras y reducirlo todo a escombros para dar paso al progreso? ¿Esos? Es que son ellos, son los que tienen interés por especular con los solares que se quedarían. Esos son, lorquinos. Esos y los que trabajan para esos. Hasta ellos saben, en su foro interno, que sin memoria y sin pasado no hay progreso posible, que pasado y progreso en cuestiones de patrimonio son complementarios y necesarios.

Y no me vale la estrategia Bartoliana de culpar del desastre a los años del PSOE. Que sí, joder, que sí, que se cargaron la Plaza de Abastos, destrozaron el edificio del Ayuntamiento y pusieron en práctica la dinámica de dejar las mangueras enchufadas a los cimientos de algunos sitios (que sí, memoria). Pero los actuales gobernantes llevan casi once años a verlas venir, y claro que sí que hubo un terremoto que agravó la situación, por supuesto, pero insisto, ¿Acaso han sido capaces de obligar, con la ley en la mano, a intervenir a los propietarios (en el caso de la Casa de los Guevara un afamado constructor) al menos a adecentar las fachadas? Claro, ¿qué partido en su sano juicio es capaz de derrochar un saco de votos enfrentándose a “esa gente”? Es mucho más rentable electoralmente esperar a que todo se venga abajo, que se nos pase el enfado y levantar cuatro plantas con garaje, mandando a paseo un trozo de nuestra historia.

A veces pienso que es eso lo que pretenden, dejarnos sin historia para dejarnos sin memoria. Pues están muy equivocados, pues yo no, pero alguien, estoy seguro de que escribirá un libro sobre este error histórico, esta falta de alta política y de políticos de altura, esta sociedad somnolienta solo preocupada por su parcelica y de que le arreglen su acera antes de las próximas elecciones, y sobre todo, de una serie de familias propietarias y constructores que se dan cabezazos de lorquinismo en las entregas de premios, pero que están siendo retratados ante la historia. Y tenemos archivos, y bibliotecas, y bases de datos, y discos duros, y a pesar de todo tenemos memoria, y queremos ponernos en marcha para que alguien pueda decir dentro de unos años cuando pueda leer ese libro:

-Pues mira,… y sin embargo unos cuantos se movieron, y sus apellidos eran Pérez, Carrasco, Gómez, Gallego, Garcia, López, etc. ¡Y también eran lorquinos!

Por último, aviso que si he de aparecer con la cara partida cualquier amanecer en cualquier callejón, por favor, que sea en uno del Casco Histórico de la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Lorca.

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